Para empezar, me encaaaaaanta poder comer palomitas mientras estoy viendo un musical, y esto fue posible en Wicked, en el Teatro Nuevo Alcalá. Le pregunté al vendedor si me podía llevar el cubo a casa —es muy chuli, con la imagen del musical—, y cuando me dijo: «claro», mirándome como si fuera un poco friki, sentí esa ilusión tan característica de cuando eres niña. Sí, fui muy feliz viendo las primeras escenas mientras las devoraba y, aunque seguramente al señor que tenía al lado no le hacía tanta gracia mi festín —saltó alguna que otra encima suyo—, tener esa opción en los musicales es un puntazo. Pero vayamos al grano (uno figurativo): Wow. Vaya voces, me dejaron en shock más […]
Andrea Garriga
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