En apariencia, un escenario vacío puede parecer pobre, desprovisto de lo necesario para realizar un buen montaje, pero nada más lejos de la realidad: un escenario sin escenografía tiene un potencial enorme, puede ser absolutamente cualquier cosa. A medida que transcurría el texto interpretado por Pere Arquillué, podía observar todo el universo del pueblo donde sucede esta historia, el escenario se convertía en diferentes espacios. Decenas de personas proyectábamos según nuestro propio universo, imaginábamos activamente junto a la historia. Una bella manera de hacer plenamente partícipe al espectador, un montaje que exige que le des la mano al actor, sumergirte en el relato y crear activamente junto al intérprete. Pero solo el espectador puede implicarse si el actor hace un […]
Andrea Garriga
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