El alma al aire es un musical que apunta alto por varias razones. Se trata de una historia de amores entrelazados y de amor a las raíces a partir de grandes canciones de Alejandro Sanz. Es una gran producción de Stage Entertainment que se estrenará en el Teatro Ocaso Coliseum de Madrid el 1 de octubre. Detrás de esta idea que ya es casi tangible, hay cuatro años de labor creativa, trabajo de un equipo internacional brillante y ahora continúan los ensayos con un elenco despampanante. Jonathan Kent dirige el proyecto y Nick Skilbeck es el Supervisor Musical del mismo. A Álvaro Tato al principio le sonó a broma la llamada en la que le propusieron desarrollar la dramaturgia de este proyecto pero aceptó este reto y comenzó la aventura y la responsabilidad de saber que tenía entre sus teclas los himnos de varias generaciones de este país.

Elenco y parte del equipo artístico en la presentación a los medios de este musical inspirado en las canciones de Alejandro Sanz.
En unas intensas audiciones brillaron para los papeles principales de esta producción Pepe Nufrio (Ale), Amanda Digón (Ella), Natán Segado (Bruno), Lydia Fairén (Sandy), Antonio MM (Pescador) e Inma “La Carbonera” (Levante).
La música y las palabras en el teatro musical tienen que mezclarse con criterio, con intuición y con alma y en ese encuentro nos topamos con el dramaturgo de este musical. Álvaro Tato nos recibe para charlar un ratito sobre esta historia que hila y reinterpreta las canciones de Alejandro Sanz. Este escritor, dramaturgo y actor es, además de todo esto, amable, mira de frente y busca rápidamente las palabras para responder. Va viviendo deprisa porque tiene mucho que contar. No es lo mismo, es distinto, por eso ocupa un lugar destacado en la creación teatral actual. Le ha robado el alma a muchas historias que son de todos, pero siempre con el compromiso de devolvérnoslas con intereses en sus textos. En Teatro Madrid hablamos con él sobre este título.
¿Cómo llega este proyecto a tus manos por primera vez?
Llega por la típica llamada de teléfono que crees que es una broma. Hablé con Emilia Yagüe, que es mi representante y coproductora, socia, compañera, y le dije: «Emilia, me han llamado de Stage para hacer el musical de Alejandro Sanz.» Y le digo: «No quiero ir, no quiero.» Y me dice: «¡No! ¡Vas a ir!» O sea, me obligó. Me obligó a hacer una reunión».
Pero ¿por qué no querías ir?
Por pánico…
¿Te abrumó?
Sí, un poco. Piensa que para cualquier dramaturgo es algo que es ilusionante, pero que es un gran desafío. Hay un primer momento de decir “es una responsabilidad sobre las espaldas muy grande»; porque hablamos de grandes himnos, de por lo menos diez o doce de las canciones que suenan en el espectáculo que son himnos para varias generaciones.
Honrar ese legado de la música pop, pero también de alguna manera de la cultura española, pues requiere cuatro años de trabajo intenso y de reinventarse como escritor para abordar este proyecto. Ahora estoy completamente feliz, pero en el primer momento fue la típica llamada de teléfono que te deja una semana pensando qué hacer. Me cambió completamente la cabeza cuando nos reunimos.
«Honrar ese legado de la música pop, pero también de alguna manera de la cultura española, requiere cuatro años de trabajo intenso y de reinventarse como escritor para abordar este proyecto»
¿Cómo fue ese primer encuentro con Alejandro Sanz? Porque tú no lo conocías de antes.
De nada, claro. Lo conocía de tenerlo en las venas y de haberlo oído mil veces por todos lados. Descubrí su cercanía, su calidez, su respeto. Lo que puedes ver en un vídeo de él, él es así todo el rato. No tiene estrategia, es una persona muy cálida y muy inteligente. Desde el primer momento entendió que él en este proyecto tenía que estar como la sombra de todo. Evidentemente, el creador de esas canciones únicas, pero tenía que estar sobre todo como primer espectador. Ha estado todo el tiempo con nosotros, dándonos calor, dándonos ánimo, mandándome WhatsApps con sugerencias, con sabios comentarios y siempre desde un lugar de respeto. De: «Vosotros sois los que sabéis de dramaturgia, de teatro musical, y yo soy un espectador.» Y la carita de primer espectador que ponía él mientras estábamos presentándole las canciones, como si pensara: «No sabía que mi canción podía hablar también de esto.» Porque muchas veces hemos jugado con sus canciones.
¿Para dar distintas lecturas?
Y para sorprender. Por ejemplo, ¿qué pasa si «Y si fuera ella» – que es una canción magistral e irrepetible – se convierte en un dueto? ¿Y qué pasa sucede si no es solamente una canción de amor, sino también una canción de alguien que se está buscando a sí mismo y cuyo personaje se llama “Ella”? Amanda Digón representa nuestro personaje femenino que es “Ella”. Es una canción de descubrimiento, así hemos intentado jugar.
¿A ti dónde te ponen, dónde te colocan a nivel personal esas canciones de Alejandro Sanz?
Me conectan con la raíz de mi amor por la cultura española -en general- y la sureña en particular. En concreto con la herencia del flamenco, que yo amo. He trabajado con grandes artistas del flamenco. He sido muy afortunado y el flamenco siempre ha estado presente en mí, en mi poesía, en mi literatura, en nuestra compañía Ron Lalá siempre está el flamenco, siempre está Cádiz. A nosotros nos obsesiona la herencia del Carnaval. Ha sido encontrarse cara a cara con un creador que viene de ahí porque él es medio madrileño, medio gaditano, y eso también corre por sus venas y por su acento y por su forma de escribir. Me ha hecho recordar por qué me gusta tanto la cultura española.
¿Te has reconectado con esa raíz?
Sí, con las raíces, con la verdad de nuestro idioma cuando dice grandes verdades del corazón de manera sencilla y pura.
«He reconectado con las raíces, con la verdad de nuestro idioma cuando dice grandes verdades del corazón de manera sencilla y pura»
¿Tienes la sensación, de estar haciendo historia de alguna manera? Porque es un musical de primera creación, una gran producción, etc.
Este es un trabajo muy colectivo. Como cocreador yo creo que nos corresponde decir que hasta donde podemos, hasta donde sabemos, lo que estamos intentando hacer es arte. Hemos dedicado miles y miles de horas, de viajes entre Londres y Madrid, Madrid-Londres, y lo que queda, porque ahora empieza lo bueno: empiezan los ensayos. Hemos dedicado cuatro años de nuestra carrera a intentar crear arte de las formas que nosotros conocemos. Pero que luego sea más histórico o menos el montaje, nosotros deseamos profundamente que suceda lo que creemos que tiene que suceder por el paso que ha dado Stage. Un musical de una producción multinacional con unos talentos increíbles (no solamente españoles, sino del West End y de Broadway) en un proyecto puramente español. Y eso yo creo que es un escalón nuevo. Ojalá fuera un nuevo paradigma, ¿no? Los musicales anglosajones son maravillosos, pero yo sueño con, dentro de unos años, tener todos los musicales anglosajones e, igual de buenos e igual de maravillosamente producidos, una colección de grandes musicales españoles. Porque la cultura española siempre ha sido musical. Desde el Barroco, desde la zarzuela barroca, pasando por la tonadilla, llegando a la zarzuela, al género chico, a la revista. España ha sido un país de teatro musical siempre. Y volver al origen con una producción tan grande no sé si va a ser histórico, pero sí que es conmovedor.
Hay un público en España que está demandando mucho este formato. ¿También es una manera de dar respuesta a los nuevos gustos de este público que se está acercando a las salas a ver cada vez más musicales?
Yo creo que sí. Yo creo que Madrid es el reflejo claro de un fenómeno que no creo que tenga que ver con una moda. Creo que es un fenómeno estable y una querencia del público, porque creo que tiene que ver con el arte en directo. Creo que el musical lo que aporta como género es el arte en directo. No solamente actores que cantan y que bailan, sino una banda tocando. La sensación de ritual colectivo que sucede en el presente y que es puramente analógico, que no está diferido, que no está grabado, que lo estás viviendo… Lo que se llama ahora “tener una experiencia”, que se ha puesto muy de moda esa expresión. Eso nos entrega un musical. El teatro, desde los griegos, ha sido cantado, tocado y bailado. Recitado y, por supuesto, representado. Pero para nosotros, que estamos intentando llevar las canciones de Alejandro a escena, intentando redescubrirlas, pues es, es muy conmovedor sentir eso.
La gente en Madrid se está enamorando del musical. Viene muchísima gente de fuera a ver un musical. Esta ciudad ya se ha convertido en un modelo que se puede exportar y que se puede mover, porque el idioma español no solamente se queda en España. Es uno de los idiomas más poderosos y más hablados en el mundo. Esperamos formar parte del sueño de ampliar y de seguir convirtiendo Madrid en la gran capital (que ya es) de los musicales, pero también de dar el salto. Ojalá.
«El español es uno de los idiomas más poderosos y más hablados en el mundo. Esperamos formar parte del sueño de ampliar y de seguir convirtiendo Madrid en la gran capital -que ya es- de los musicales.»
Sin dar grandes pistas ¿qué nos vamos a encontrar en esta historia de El alma al aire? ¿Qué vamos a encontrar como elementos clave de tu historia?
Nos vamos a encontrar una historia de amores entrelazados, de amor a las raíces, a lo que somos y a lo que hemos sido, de amor a nuestra herencia. Por tanto, también a lo que podemos ser. El alma al aire es una invitación al valor de atrevernos a ser lo que queremos ser y no lo que la sociedad nos dice que seamos. Son historias de amor entremezcladas. La de un joven músico que vive en un pueblo pesquero delirante (donde no ha llegado la cobertura, pero sí que ha llegado la magia). Tiene muchísimo talento, pero no se atreve a compartirlo con los demás. Su encuentro con una joven turista que tiene una vida muy fijada y que va a seguir los pasos de su madre, que tiene un viaje a Londres esperando, pero que de pronto en ese fin de semana se enamora de ese lugar y se enamora de ese chico en el momento más inconveniente. Además, está el mejor amigo de Ale, Bruno, que es como el ligón, el rey del pueblo y va a tener una historia de amor realmente peculiar con la hermana de Ella, Sandy, que es un personaje que ha venido a reventar la noche, a disfrutar de ese lugar y a vivir la vida plenamente. Tenemos al abuelo de Ale, que es un pescador que lleva cincuenta años esperando a una sirena todas las noches y la sirena no viene. Soledad, que es la madre de Ale, que es madura y que es la dueña del Tren de los Momentos, un vagón abandonado que es un chiringuito playero a punto de desaparecer porque una empresa turística quiere comprar la parcela… Como ves, un laberinto de amores entrelazados, todos conducidos por las canciones de Alejandro.
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