«La Indómita» es una princesa india, hija de un cacique, que atraviesa los siglos y se planta en Europa como una mestiza indocumentada, que trabaja ilegalmente como repartidora de Uber Eats en bicicleta.
Expulsada, otra vez marginada y víctima de la explotación muere rendida ante la inescrupulosa esclavitud contemporánea. Una mujer reconocida por su resistencia a ser doméstica toma venganza de todos los abusos a lo largo de estos siglos de violación. Desde la invasión de América hasta nuestros días, hace justicia con mano propia, se venga de la masacre con atrocidad como si estuviera dentro de una película de Tarantino.

La multifacética artista uruguaya Lucia Trentini estrena en Madrid ‘Perra Cimarrona’.
Perra Cimarrona es una obra creada e interpretada por Lucia Trentini que pretende hilvanar a través de siglos de violencia y esclavitud el denominador común del sometimiento. Desde la llegada de Colón a América, pasando por exterminios, explotación, civilización y evangelización hasta llegar a una relación jerárquica, sexual y racial que aún continúa hoy. La pieza se podrá disfrutar del 22 al 26 de abril en la Sala José Luis Alonso del Teatro de La Abadía.
Desde Teatro Madrid hemos hablado con la creadora e intérprete uruguaya afincada en Madrid sobre las motivaciones y los desafíos de este espectáculo que combina elementos performativos con la música en vivo y el vídeo en circuito.
¿Cómo surgió la idea de este proyecto? ¿Qué fue lo que te impulsó a crear el espectáculo?
Lucia Trentini: El disparador real fue una noticia. Yo estaba en la búsqueda de hablar un poco sobre la identidad, sobre todo lo que me pasa a mí cuando me mudo a Madrid, la migración, el ser una mujer migrante. Y en Uruguay leo un artículo científico sobre unas mujeres que estudian la herencia indígena en Uruguay. El título del artículo es Indígena por parte de madre. Ya el título denota que la mayoría de la herencia es a través de la vía materna. Entonces hay un análisis muy profundo en torno a que son las mujeres las principales herederas nativas. En los barcos que llegaron a América desde el 1492, con la llegada de Cristóbal Colón, venían mayoritariamente hombres. Para ellos la mujer era un trofeo de guerra. Eran violadas, entonces es mucho mayor la descendencia que hay por parte de las mujeres nativas con europeos, que de mujeres europeas con hombres nativos.
Lo más fuerte de todo es que son mujeres científicas quienes empiezan a hablar hoy de esto, porque también entendemos que es la primera vez que las mujeres empiezan a ocupar lugares en la ciencia, y se comienza a dar otra mirada de la historia, mucho menos hegemónica y patriarcal. Y eso también revela que las políticas de Estado han estado contando una parte de la historia que tiene que ver con nosotros, me refiero a los latinoamericanos, con una mirada muy europeo centrista de querer ser europeos y de sentir que en Uruguay prácticamente los indígenas fueron exterminados y que no hay. Y sí hay una gran herencia que tiene que ver con lo indígena y también con los negros, con África; la mayoría de esclavos vinieron con los primeros barcos de Colón. Él fue de alguna manera el primer empresario en el tráfico de esclavos.
El espectáculo, que busca dar voz a las mujeres de Latinoamérica, abarca un espectro temporal muy amplio: desde 1492 hasta la actualidad. ¿Cómo fue el proceso de documentación?
L.T.: Me acoté a determinadas líneas, estuve estudiando muchísimo y decidí centrarme en algunos puntos de la historia. Trabajo mucho desde el cuerpo, soy actriz, soy un bicho de teatro y de escenario, entonces estuve trabajando e investigando mucho también desde la escena.
Escribí esta obra entre el monte nativo en Durazno, donde me crié y el barrio de Madrid, de donde me expulsó la gentrificación. Por esos días recibo también un burofax: el edificio en el que vivía se había vendido y nos teníamos que ir. Sentía como que había una expulsión de la ciudad, algo que no me estaba dejando ser parte del lugar en donde estaba; el ser migrante como que empezaba a ser una alarma. Además, tenía en ese momento a alguien a mi alrededor que trabajaba en una de estas bicicletas de Uber, también de manera ilegal, y empecé a ver que ahí había como una estructura piramidal de gente ilegal que contrata a otros ilegales y se queda con una parte. Había una cuestión del capitalismo muy estructurada y de la supervivencia. Al final las conquistas y todo esto tienen que ver con una ambición, con la codicia, con generar dinero y apropiarse de las cosas. Lo mismo que veo que sigue pasando hoy con las guerras.

‘Perra Cimarrona’ es un ejercicio escénico sobre la memoria y la búsqueda de la identidad.
Por otro lado, recuerdo como en mi infancia también siempre en la escuela nuestro héroe fue Colón porque descubrió América. Un escritor español, Antonio Espino López, publicó un libro que se llamaba La Conquista de América, luego en su segunda edición le cambia el título y le pone La invasión de América. Él narra cómo la historia se escribe durante el franquismo y se cuenta esa idea de dar a Latinoamérica un lenguaje, una religión, como que casi éramos unos incivilizados, que de alguna manera necesitábamos que alguien viniera para esto que se dice el descubrimiento. Pero realmente no había tampoco nada por descubrir, porque eran civilizaciones que tenían su lenguaje, su desarrollo. Entonces todo esto que me resonaba y era muy amplio decidí acotarlo a una vivencia más personal, más de desconocimiento de una misma: ¿De dónde venimos? ¿Qué pasó antes?
¿En quién o quiénes te has inspirado para crear el personaje de «La Indómita»?
L.T.: Ella es una mujer migrante hoy en España, en el 2026, que anda en esa bicicleta atravesando la ciudad con su bolsa, de manera ilegal, invisible. «La Indómita», que es la indomable, es la mujer súper poderosa que puede viajar en el tiempo y que toma venganza por mano propia.
Me gustaba como esa idea de irme a algo más tarantinesco, y que fuera agresiva, sin querer hacer una apología de la violencia, pero sí descargar físicamente algo que me llenaba mucho de dolor, porque en este proceso me he encontrado con cosas que me duelen de la humanidad en general. A veces me decepciono mucho con la humanidad, creo que es la pregunta que subsiste: ¿Por qué somos capaces de matar niños en una escuela y de tirar una bomba, y que no se nos mueva un pelo, porque hay otros intereses que van más allá de la vida?
Entonces, desde este lugar creo que ese personaje me liberaba, alguien que pudiera hacerlo todo sin ningún tipo de escrúpulo. Un personaje que está desclasado, y hasta qué punto estas personas que están todo el tiempo en los márgenes, y que la vida les da palo, llega un momento en que se rebelan y hacen justicia. Ese límite también de la humanidad, es decir, tolerar hasta que en un momento ya no podemos más esta opresión. Esta mestiza, esta mezcla, que ella misma dice que tiene el enemigo adentro, que es un poco india, pero un poco también europea, y que al final no sabe exactamente de dónde viene, pero sí descubre que tiene esa posibilidad de viajar en el tiempo.
El dolor y la violencia atraviesan la obra y las historias que vertebran la pieza. Pero también hay humor e ironía. ¿Cómo crees que actúa la comicidad en escena para hablar o afrontar lo que nos duele?
L.T.: Esta historia, si no fuera contada con humor, con poesía también y con mucha música, es una pieza muy dura. Plantearla desde un lugar en el que nos podamos un poco reír o ser irónicos con esto que somos es para mí una forma de llegar a cuestionar y también de sanar y ver otra mirada.
La obra es un grito de rebeldía y liberación. ¿Hasta cuántas generaciones atrás me puedo ir para encontrarme estos actos de violencia? Igual no tengo que ir tan lejos. Y todo eso es muy duro, por ello, agarrarlo con un poco de ternura. Sanar el escenario para hablar de ellas, para reflexionar. Es una obra que plantea preguntas y también nos hace cuestionarnos como seres humanos.
El concepto de esclavitud ha ido evolucionando a lo largo de los siglos. ¿Cuál consideras que es el sometimiento social contemporáneo?
L.T.: Creo que estamos presos del consumo y también, siempre digo que la historia no se repite, sino que se imita a sí misma, revisar ese pasado para mí es como un espejo muy claro de la actualidad. Esta mujer con esa mochila amarilla cargada de Coca-Colas y de hamburguesas es un símbolo en sí mismo de ese consumo, ¿no?
Todos tenemos cosas para decir y tenemos necesidad de ser escuchados y de que nuestra conexión con el mundo no sea solo a través de una red social. Al final crecemos en nuestras individualidades, pero es fundamental conectar con otros y darnos cuenta de que al final estamos un poco todos en la misma, ¿no?

En la obra, «La Indómita» toma venganza de todos los abusos a lo largo de estos siglos de violación.
Vender nuestro tiempo a cambio de dinero, el cual vamos otra vez a gastar en cosas que no necesitamos; parece que sin esas cosas no podemos vivir, nos vamos creando las propias necesidades y a veces estamos presos de eso. Necesitamos plata y nos metemos en cosas para ganarla y volverla a gastar en cosas que no necesitamos; es una rueda de hámster en la que no vamos a ir a ninguna parte.
¿Qué ha supuesto para ti profesional y personalmente este proyecto?
L.T.: Esta obra era como una intuición muy grande y yo me siento muy feliz de hacerla. A nivel personal hablo de ideología, de lo que es para mí ser una mujer migrante en España, pero también hay algo que tiene que ver con mi ser como creadora, que soy un poco demasiado autoexigente. Siempre es difícil el rol de la mujer cuando es actriz, quiere dirigir, escribir, abarcar la música y siempre con una mirada externa. Existe un juicio de que vas a hacerlo todo.
¿Cómo está siendo la recepción del espectáculo desde su estreno?
L.T.: La recepción está siendo muy linda. Mucha gente me ha escrito muy agradecida, que disfruta de la pieza, que se maravilla con el trabajo. También es verdad que donde la he presentado más ha sido en Uruguay, que es mi país, donde nací y me desarrollé como creadora. Y luego también en Perú fue muy buena la recepción. Son dos territorios muy latinoamericanos donde hablo de cosas que reivindican mucho a las mujeres de Latinoamérica. Presentar ahora en España este trabajo es otra mirada y eso también me genera incertidumbre e ilusión; ver qué pasará con el público.
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