Magüi Mira: «Se nos debería caer la cara de vergüenza al ver que siguen ocurriendo ciertas cosas después de 100 años»

Irene Herrero Miguel
Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

Magüi Mira vuelve a reencontrarse con la Molly Bloom que escribió James Joyce en el capítulo 18 de su Ulises en el Teatro Quique San Francisco. La actriz y directora valenciana vuelve a dar vida a este personaje 40 años después de interpretar por primera vez este monólogo. Corría el año 1979 cuando Mira interpretó por primera vez a este personaje en un montaje dirigido por José Sanchis Sinisterra, que también había firmado la adaptación. A pesar de cuativar entonces a público y crítica, la actriz ha decidido volver a este personaje fetiche para darle una nueva vida a sus 77 años. En Teatro Madrid pudimos charlar con ella poco antes de su estreno y, a pesar de la distancia de seguridad, nos quedó más que claro que Magüi Mira, como Molly Bloom, es una mujer fuerte y con personalidad, un espíritu libre que no se somete ante nadie.

¿Quién es Molly Bloom

Magüi Mira. Molly Bloom es un personaje de ficción salido de la pluma del genial James Joyce, que la publicó en 1922. Ella aparece en el último capítulo de la novela, el Ulises, en el número 18. Y él la describe, la inventa, la imagina, le da voz… La escribe porque esto viene de la narrativa, luego hizo viaje a la escena, pero viene de la literatura. Es una mujer casada en la Irlanda absolutamente conservadora, nacida en Gibraltar. Ella tiene que vivir su vida en una sociedad muy conservadora, tanto que Joyce tuvo que irse a publicar la novela en Francia porque allí se la prohibieron. Y ahora estamos también celebrando el 100º aniversario de su publicación. La publicó en 1922 y ahora estamos en 2022.

Ya interpretaste este personaje en 1980, ¿cómo es volver a él?

M.M. En 1980 yo era una treintañera bastante inconsciente y atrevida. El país era… salíamos de una dictadura muy dura. Empezábamos a vivir en una democracia también timorata y, en ese sentido, las palabras han viajado en el tiempo, porque es un clásico. Por eso es tan interesante volverlo a hacer ahora. Hace unos años yo me vi en un vídeo de los 80 y me di cuenta de que había entendido una pequeña parte del texto. Lo hice bien, pero yo no había captado el poder de cada palabra que escribe Joyce.

Joyce volcó en la novela algo que prácticamente no existía, un hipernaturalismo sumado a una poética maravillosa y, por si fuera poco, incorporó el lenguaje de la calle. Abandonó la literatura como algo que adorna… No, él no adornó nada. Pero está estructurado y pincelado el texto de una manera genial. Yo me di cuenta de que yo, y lo espectadores que hicieron el viaje conmigo en ese tiempo, porque lo vio mucha, mucha gente, no lo terminamos de entender. Fue muy impactante. Era algo muy insólito. Pensé que había que devolver, había que llenar esas palabras de Joyce, el personaje de Molly, con toda su densidad, con toda su esencia, desde mis 77 porque he vivido 40 años más, he comprendido. El país ha cambiado, las mujeres hemos aprendido muchas cosas. El timbre ha cambiado. Hablamos de otra manera, aunque seguimos todavía saliendo desenfoncadas en la foto, pero yo me di cuenta de que había que retomar ese texto y darle toda al densidad y toda la profundidad. Darle todo el valor que tiene tanto en el humor – ahora veo mucho más la ironía – como en la dureza de algunas situaciones. Se nos debería caer la cara de vergüenza al ver que siguen ocurriendo ciertas cosas después de 100 años.

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

Los años 80 fueron una década de apertura, ¿crees que en algunos aspectos «estamos peor ahora»?

M.M. Bueno, la vida es una yenka, un pasito pa’lante y un pasito pa’atrás. Vamos avanzando así. En algunas cosas avanzamos y en otras retrocedemos. Que se mueva el suelo siempre es una ventaja. Yo lo veo en positivo porque eso te permite cambiar muchas cosas. Si estuviéramos en algo inmóvil eso sí que sería terrible. Ella, Molly Bloom, desde luego, vive en una cárcel como tantas y tanta mujeres seguimos viviendo en una cárcel, cárcel de oro. Lo que significa casarse y depender de un hombre. Lo que significa el deseo, la necesidad de tener una vida sexual placentera y darte cuenta de que eres un objeto sexual para los hombres. Y la dificultad que aun hoy en día se tiene para disfrutar de unas relaciones lésbicas como ella tiene. Las tiene que tener a escondidas. Hoy todavía seguimos con tantas cosas que no hemos resuelto…

El placer femenino todavía hoy es un tabú y es bastante transgresor tenerte en sobre el escenario diciendo estas palabras ¿por qué cuesta tanto que una mujer tome la palabra para defender su espacio? 

M.M. Lo llevamos en el ADN. Nuestra cultura sexual es muy pobre, apenas existe. Fíjate en la comida cómo hemos transitado, avanzado… ha llegado la gastronomía. Yo veía unos dibujitos «Los Picapiedra»… Ellos se comían un trozo de carne de un bocado, ahora tenemos las Estrellas Michelin.  O tú solita en tu casa te puede hacer una tortilla deliciosa. Hemos avanzando. Hay una gran cultura, por hablar de dos cosas necesarias para el hombre como son comer y, como diría Joyce, follar. O el dormir… Se han inventado mil pastillitas, se ha investigado. En cambio la cultura sexual sigue siendo muy pobre, muy primaria.

En esa relación hombre-mujer salimos perdiendo las mujeres. Porque en ese viaje de la vida, en el viaje sexual, salimos con desventaja porque parimos y eso significa que tenemos otros ciclos. Nos tenemos que proteger, nos tenemos que cuidar, tenemos crias que cuidar, nuestro cuerpo es un templo sagrado que hay que cuidar. Como dice Molly, «cómo está repartido el mundo, ellos solo el placer, si fuera al revés, no sé yo si podrían soportarlo». Palabras de Joyce. Todo esto nos crea una desventaja en el terreno, una falta de respeto y al final esto nos obliga a darnos de bruces con una realidad: Seguimos siendo objetos sexuales para el placer de ellos.

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

¿Cómo es adaptar un texto sin puntos ni comas?

M.M. Es una de las magias y genialidades de Joyce. Te da mucha libertad porque hay mucha interpretación. Luego hace falta mucha investigación, mucho estudio porque yo creo que el Ulises se navega más que se lee, se vuelve, se viene como el Ulises que navegaba por las Islas Griegas, de isla en isla, de placer en placer y de mujer en mujer. Leoplod Bloom, que es el marido de Molly, uno de los hombres que está en su pensamiento todo el tiempo, él hacía lo mismo. La noche dublinesa hacía lo que le daba la gana, de puta en puta, de borrachera en borrachera y llegaba a casa y le pedía un desayuno con huevo. Y así empieza, ella dice: «Quiere que le lleve el desayuno a la cama con un par de huevos, como si fuera un Rey».

¿Qué hay de ti, Magüi Mira, en Molly Bloom o viceversa?

M.M. Bueno, yo te diría que yo no soy Molly Bloom pero Molly Bloom sí soy yo. Yo creo que todas las mujeres somos Molly Bloom porque tenemos esos deseos insatisfechos que son los mismos, que nos unen y nos hacen cómplices. Todas queremos volver a casa tranquilas por la noche, tener nuestro sitio en la cama, en la cocina y en la profesión. Queremos respeto, queremos salir en la foto de la vida enfocadas. Ahora ya empezamos a salir en la foto, pero todavía desenfocadas.

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

Todos los proyectos dejan un poso en nosotros, ¿qué aprendizaje deja en ti Molly Bloom? 

M.M. Pues mira, que a pesar de todo el caos que vivimos hay que pactar con la vida. La vida la generamos nosotras, la vida se vive cada segundo, hasta el último segundo que te vas, estás viviendo. Molly tiene un gran pacto con la vida y a mí eso me parece que es lo que yo más aprendo de ella. A pesar de las dificultades, el caos, de las pandemias, de las guerras, que yo soy niña de posguerra, que te caían las bombas en la cabeza, pasabas hambre… Hay un pacto con al vida que no se puede romper.

¿Cómo afrontas el reto de estar tú sola en el escenario? Bueno, sola no, acompañada de esa magnífica cama.

M.M. Pues esa es la cama de verdad. Con la que yo hice la primera Molly Bloom. La he ido guardando yo. La tenía en un pueblito de Segovia. Ella, según Joyce, la compró en Gibraltar. Eso pasaba mucho. La gente viajaba con su cama. La cama era lo más importante del mundo. En la cama parimos, en la cama dormimos, soñamos, somos amadas, nos violan, en la cama morimos y en la cama cuidamos a quien haga falta. Es un espacio particularmente de la mujer diría yo… Pero no te he contestado, ¿qué me habías preguntado? (se ríe).

Magüi Mira se pone en la piel de Molly Bloom de Joyce. // Foto: Irene Herrero Miguel

¿Cómo vives hacer un monólogo? ¿Qué tal llevas la soledad en el escenario?

M.M. Es un reto tremendo, da mucho miedo. Tengo que ponerme de perfil y no asustarme y concentrarme en hacer, en ser, en dar, en pasar esas palabras maravillosas de Joyce, encarnarlas. Ahí tiene que estar mi concentración, En mis emociones y lo físico. Todo lo que yo estoy haciendo tiene que ser. Yo pienso que a veces te preguntan «¿te has sentido bien?» «¿has disfrutado?». No, a mí me da lo mismo, yo salgo a trabajar. Esa concentración en el trabajo es lo que me hace poder hacer el trabajo y no sentir el vértigo y el miedo que da cuando pienso que estoy hora y media con un texto inconexo y deslavazado y desordenado y desestructurado, como es el pensamiento que es una fábrica que el cerebro no para, y sola en un escenario. Entonces eso no lo puedo pensar, ahí no se puede ir mi energía. Mi energía tiene que estar en el trabajo, trabajando, y eso es lo que intento hacer. Hay días que me sale mejor y días que me sale peor, pero es lo que intento (se ríe).

Irene Herrero Miguel / @ireneherreromi

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