Íñigo Guardamino es un niño grandote al que le gusta jugar: con sus fantasías, con el lector/espectador y con un mundo cuyas sinapsis no son siempre evidentes. Con mirada profética nos lanza realidades aparentemente ilógicas e inconexas para, tras retorcerlas y amasarlas, presentarnos planos superiores de comprensión. En el universo de ideas en el que se mueve con comodidad, hay elementos comunes: su atracción por el lejano oriente, el culto a la personalidad, el casi litúrgico e hipnótico sometimiento en pugna con la libertad del deseo y un ecumenismo en el que somos menos dispares de lo que creíamos. En esta propuesta de Nave 73, tras otro título de literalidad imposible, juega con el humor para, una vez desarmada la […]
Jesús Melones Valle/ Antonio Alonso Rodriguez
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