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Bailas, baby?
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Bailas, baby?

Bailas, baby? es un espectáculo de Israel Galván Galván pensado para bebés de 6 a 18 meses.

Sinopsis

En el escenario, siete sillas pequeñas con distintos tipos de calzado encima –botas de agua, calzado japonés, botas de fútbol, aletas, entre otros–. Su intención es que los bebés, al descubrir esos elementos en el escenario y verlo cambiar de un calzado a otro, participen activamente, jugando y provocando sonidos junto a él. “Yo he sido un niño bailando y aquí se me permite volver a serlo”, reflexiona.

Durante unos 40 minutos, el artista genera un parque infantil sonoro a través de ruidos, sensaciones y siete pares de zapatos. Para facilitar la conexión con los más pequeños, Galván incorpora elementos reconocibles como arena, un rastrillo, diademas y orejas. “Lo bonito es crear un parque infantil sonoro para que los niños al final del espectáculo puedan subirse en el espacio escénico, se pongan el calzado y que hagan ruido, que jueguen, que tienten el suelo”, explica.

Desde el principio, Galván tuvo claro que no iba a bailar de una manera diferente solo porque el público fuera tan pequeño; no iba a dejar de ser él mismo sobre el escenario. “En una situación así, esos bebés se convierten en tus maestros y te hacen estar más concentrado y ser más exigente con lo que haces”, cuenta. Lo compara con su infancia, cuando bailaba para los maestros, una experiencia que ponía su cuerpo y mente en guardia. La pieza está pensada para un público adulto y no lo calificaría como un espectáculo infantil. Además, menciona que los padres que asistieron al ciclo en Espacio Abierto estaban tan sorprendidos e inmersos en la pieza como los bebés.

Duración:
Edad:
A partir de 6 meses

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Sinopsis

En el escenario, siete sillas pequeñas con distintos tipos de calzado encima –botas de agua, calzado japonés, botas de fútbol, aletas, entre otros–. Su intención es que los bebés, al descubrir esos elementos en el escenario y verlo cambiar de un calzado a otro, participen activamente, jugando y provocando sonidos junto a él. “Yo he sido un niño bailando y aquí se me permite volver a serlo”, reflexiona.

Durante unos 40 minutos, el artista genera un parque infantil sonoro a través de ruidos, sensaciones y siete pares de zapatos. Para facilitar la conexión con los más pequeños, Galván incorpora elementos reconocibles como arena, un rastrillo, diademas y orejas. “Lo bonito es crear un parque infantil sonoro para que los niños al final del espectáculo puedan subirse en el espacio escénico, se pongan el calzado y que hagan ruido, que jueguen, que tienten el suelo”, explica.

Desde el principio, Galván tuvo claro que no iba a bailar de una manera diferente solo porque el público fuera tan pequeño; no iba a dejar de ser él mismo sobre el escenario. “En una situación así, esos bebés se convierten en tus maestros y te hacen estar más concentrado y ser más exigente con lo que haces”, cuenta. Lo compara con su infancia, cuando bailaba para los maestros, una experiencia que ponía su cuerpo y mente en guardia. La pieza está pensada para un público adulto y no lo calificaría como un espectáculo infantil. Además, menciona que los padres que asistieron al ciclo en Espacio Abierto estaban tan sorprendidos e inmersos en la pieza como los bebés.

Ficha artística
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