Frágil no es una obra sobre la vejez.
Es una obra sobre lo que se quiebra cuando una sociedad no sabe mirar hacia atrás.
Sobre la fragilidad como territorio de resistencia.
Sobre un hombre que ya no puede nombrarse con claridad, pero no permite que lo nombren otros.
Sobre el tiempo que pasa, y la pregunta de qué queda de nosotros cuando ya nadie nos escuch
No hay personajes. Hay presencias: un cuerpo que resiste frente a los embates de “el otro”, —la sociedad— que insiste en ordenarlo, reducirlo, aparcarlo, santificarlo o borrarlo.
A través del cuerpo, el silencio, el temblor, el bolero, el grito y finalmente la quietud, Frágil traza un viaje hacia el “yo” como territorio en disputa.
El cuerpo viejo no responde con palabras, sino con movimiento.
Cada gesto es una refutación.
Cada respiración, una declaración política.
La fragilidad deja de ser un estado de debilidad para convertirse en un lugar de fuerza, de verdad y de rebeldía.
La pieza se construye como una partitura de actos corporales, rituales interrumpidos, frases que vuelven como ecos, movimientos que se niegan a desaparecer. El cuerpo del intérprete no representa: habita, declara, se opone, respira. El “otro” que dialoga con él —un “otro” anónimo, aséptico— representa la voz colectiva que pretende domesticar la vejez o borrar su presencia, que habla con dulzura, pero impone silencio, que pide gratitud mientras roba el espacio. Su presencia no busca comprensión, sino orden.
Inspirada en los lenguajes de la danza y el teatro físico contemporáneo, a medio camino entre el ritual y la poesía desgastada, Frágil propone una escena mínima y esencial donde la silla —ese objeto cotidiano— se vuelve altar, celda, refugio, ruina y raíz.
Frágil no busca provocar lástima ni ternura.
Busca hacer visible lo que nuestra época entierra bajo la palabra “cuidado”.
Habla del cuerpo que envejece como un territorio político, un paisaje donde la rebeldía es todavía posible.
Habla de lo que sucede cuando el silencio se llena de respiración, y el cuerpo, incluso cansado, dice con su sola presencia: SOY YO.

