La casa de enfrente es una adaptación de la primera y única novela terminada de Ernestina de Champourcin que, a modo de novela de formación, cuenta las etapas en la vida de nuestra protagonista. Aunque reconocida como poeta de la generación del 27, poco nos ha llegado del trabajo de Ernestina de Champourcin como novelista.
Sinopsis
Hay un hombre que entra todas las tardes en La casa de enfrente. No sabemos quién es, cómo es, la única información que tenemos es que entra y sale de la casa. Así, la autora imagina, imagina para él, tanto que no hay nada del exterior que no quiera contarle. Esa es La casa de enfrente, lo que nunca será nuestro, lo que vive paralelo a nuestra vida, lo que nos roza sin impregnarnos y lo que nos incita pérfidamente sin entregarse jamás.
La casa de enfrente, que Ernestina misma califica como “un error de juventud” no gozó de éxito, no porque no fuera de calidad, sino porque no tuvo la oportunidad. A los dos meses de publicarse estalló la Guerra Civil Española con todo lo que ello supuso. Imágenes sueltas de una infancia, una adolescencia y un diario de su primer amor; su estructura fragmentada es un reflejo fiel, documentado a diario del desconcierto y la contradicción que pudo suponer haberse desarrollado como mujer en los años 30. Pasar de la nada al derecho al voto y, a poco que nos descuidemos, de ahí de vuelta a la nada.
Palabras de la directora
Cuasi citando digo:
“Copio aquí este extracto de [Ernestina de Champourcin (ella en este momento de la novela cita a Rilke, pero yo prefiero citarla a ella)] para que no se me olvide nunca”.
“Es la primera vez que la intimidad epistolar no me basta y que busco a mi interlocutor junto a mí con un gesto que estrenan mis manos. El roce de mis palmas le hubiera respondido… Como no está aquí tengo que hablar, utilizando palabras ya viejas que han servido para otros menesteres. Mi contestación debería ser tan nueva como mis sentimientos: un balbuceo cuyo significado únicamente nosotros pudiéramos comprender”.
Y me pregunto como ella,
“Me encantaría llegar a ser una gran paisajista; pero sin copiar la naturaleza, interpretando lo que veo a través de mi espíritu y mi sensibilidad. ¿Valdrá la pena el esfuerzo?”
Elisabet Altube

