Lo niego, me niego, reniego (para acabar a tiro limpio). Para poder poner en solfa el neo-sainete, la post-comedia y otras lindezas por el estilo, el autor (o sea yo) pidió ser entrevistado y, al no encontrar a nadie que se prestara, se entrevistó a sí mismo.
Sinopsis
Yo preguntando.‒ ¿Por qué un sainete, cuando hoy lo que priva son las artes escénicas, y no digamos ya las artes vivas?
Yo respondiendo.‒ Por llevar la contraria.
Yo p.‒ Pero lo tuyo ha sido siempre la vanguardia.
Yo r.‒ Ni seguir el dictado de la moda ni hacer lo que me manden: eso ha sido lo mío; que ya está bien de corrección política hasta para ser transgresor. Que dicho sea de paso, ser transgresor de los de hoy en día está muy bien pagado.
Yo p.‒ ¿Reniegas entonces de tu teatro del absurdo?
Yo r.‒ No reniego, me opongo al teatro absurdo. Nada que ver con el teatro del absurdo, que es de lo más coherente. Y que cada cual lo coja por donde más le escueza.
Yo p.‒ Sabrás, supongo, que esto no va a gustar.
Yo r.‒ A quien no le guste no le va a gustar nada, pero a quien le guste le va a gustar mucho.
Yo p.‒ ¿Y no será que esto de cantarlas claro es un modo de celebrar el cente-nario de la generación del 27?
Yo r.‒ Pues sí, que ellos no se cortaban; siempre a la gresca.
Yo p.‒ ¿Un homenaje entonces?
Yo r.‒ Pero a “la otra generación del 27”. Y no a todos, a Jardiel y a Mihura, pioneros del absurdo antes de que otros se alzaran con la patente; que como ellos iban de risas, nunca los tomaron en serio. Y eso que no hay nada más serio que reírse de la gente seria.
Yo p.‒ Pues anda que lo estás arreglando.
Yo r.‒ Es que esto no tiene arreglo.
Jesús Campos García
Aviso: habrá disparos (pero no contra los espectadores)


