Matar cansa nos acerca un relato que navega de manera visceral, poética e incluso evangélica a través de los acontecimientos que llevaron a un asesino a convertirse en una figura temida por el mundo y venerada por nuestro narrador. Una obra de Santiago Loza dirigida por Alberto Sabina.
Matar cansa nos expone un punto de vista diferente al que estamos acostumbrados. Solo vemos el blanco y el negro, el bueno y el malo, el policía y el asesino, pero poca gente se ha parado a pensar en el gris, en ese gris que no desentona, que se mantiene en equilibrio y que hace que los otros dos se mantengan latentes y vivos. Ese morbo escondido que nos lleva a mirar debajo de una sábana manchada de sangre es el mismo que te ancla a la butaca para escuchar los hechos atroces narrados de una forma tan bella y honesta como la de nuestro protagonista.
¿Para qué? Para descubrirnos a nosotros mismos, tanto debajo de la sábana como sujetando el cuchillo. Para que saciemos de una manera purgativa esa necesidad de ser eternos, esa necesidad de sangre. Para que necesitemos a alguien que nos limpie de toda esa oscuridad, que haga el trabajo duro por todos nosotros, porque no lo olvidemos: matar cansa.













