Vuelve a la Sala Cuarta Pared Nada que perder, un thriller que forma parte del proyecto Trilogía Negra junto a la obra Instrucciones para caminar sobre el alambre.

Nada que perder es un thriller lleno de preguntas. ¿Saber o no saber? ¿La verdad o la felicidad de la ignorancia?

Varios son los críticos que clasifican esta obra dentro del género del thriller. Pero lo califican como un thriller muy especial, de ideas comprometidas para no dejar de saber, para no sucumbir, para poder defenderse de la basura y vivir dignamente. Nada que perder es teatro contra la impunidad. La crítica señala también que como en las buenas novelas negras el trasfondo social es lo que funciona realmente en esta espantosa y dolorosa radiografía de una sociedad a la que le sobran los políticos corruptos, la policía llamando a tu puerta para desahuciarte o el miedo al hambre.

Sinopsis

A manera de cajas chinas, ocho historias se convierten en una a través de una trama detectivesca: nada ni nadie es lo que parece. Padres, hijos, empresarios, abogados, policías, concejales, interventores, profesores, todos se dan cita aquí para poner frente al espectador los reflejos de una crisis de valores. Para hacernos preguntas. Para movernos a preguntar.

Jóvenes y adultos se dejan interrogar por esta dramaturgia que no ofrece respuestas cerradas, sino que escarba hasta los inciertos cimientos de la condición humana para brindar posibles herramientas de análisis a la hora de intentar comprender la presente coyuntura. Es por esto que muchos comentaristas han situado en un mismo sintagma a Nada que perder y la filosofía: aunque podríamos estar en una clase de Filosofía de Agustín García Calvo, estamos en el teatro.

Duración:
Idioma:
Castellano
Edad:
No recomendado para menores de 16 años
Sinopsis

A manera de cajas chinas, ocho historias se convierten en una a través de una trama detectivesca: nada ni nadie es lo que parece. Padres, hijos, empresarios, abogados, policías, concejales, interventores, profesores, todos se dan cita aquí para poner frente al espectador los reflejos de una crisis de valores. Para hacernos preguntas. Para movernos a preguntar.

Jóvenes y adultos se dejan interrogar por esta dramaturgia que no ofrece respuestas cerradas, sino que escarba hasta los inciertos cimientos de la condición humana para brindar posibles herramientas de análisis a la hora de intentar comprender la presente coyuntura. Es por esto que muchos comentaristas han situado en un mismo sintagma a Nada que perder y la filosofía: aunque podríamos estar en una clase de Filosofía de Agustín García Calvo, estamos en el teatro.

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