Cabaret en el Teatro Albéniz es un plan indispensable. No es el típico musical donde te sentás y mirás el escenario: desde que entrás al teatro ya estás dentro del famoso Kit Kat Klub. Todo el espacio está ambientado como un cabaret del Berlín de los años 30, con luces tenues, mesas, música y artistas que interactúan con el público antes incluso de que empiece la función. Esa parte inmersiva hace que la experiencia sea muy especial.
La historia sigue a Sally Bowles, una cantante excéntrica que actúa en el club, y a Cliff, un escritor estadounidense que llega a Berlín buscando inspiración. Mientras se desarrolla su relación, el contexto político empieza a cambiar con el ascenso del nazismo, y la obra logra un contraste muy fuerte entre el ambiente festivo del cabaret y la tensión que se va instalando fuera de él.
Las actuaciones me parecieron muy sólidas y la música es increíble. Canciones icónicas como Willkommen o Cabaret tienen una energía brutal en vivo, con coreografías muy bien ejecutadas y una estética provocadora que encaja perfecto con el tono de la historia. También me gustó mucho cómo la puesta juega con el humor, la sensualidad y momentos bastante oscuros.
La escenografía y el vestuario están muy bien logrados, en todos los momentos sentís que no estás viendo una obra sino que estás dentro del club con los personajes.
En resumen, me pareció un espectáculo muy completo: entretenido, impactante visualmente y con una historia que deja pensando.
