Ayer volví a vivir Cabaret en Madrid, más de veinte años después de haber visto aquella inolvidable versión protagonizada por Natalia Millán, Asier Etxeandia y Manuel Bandera.
Aquella primera experiencia me marcó tanto que acudí al Teatro Albéniz convencida de que esta nueva producción difícilmente podría igualarla. Sin embargo, salí emocionada, sorprendida y profundamente tocada.
Desde el mismo momento en que se accede al recinto, el pre-show te envuelve. El teatro, transformado en un auténtico Kit Kat Klub, hace que te sientas parte del cabaret incluso antes de que empiece la función. Músicos, bailarines y bailarinas, deambulan entre el público, provocándote y generando más expectación aún si cabe y sintiendo que estás en el Berlín de finales de los años 20.
La orquesta, visible durante toda la obra, aporta un toque de autenticidad maravilloso. Cada acorde de “Money, Money”, “Willkommen” o el mítico “Cabaret” resuena con una fuerza que pone los pelos de punta y te es imposible no tatarear o moverte al compás.
El escenario se integra con el público de una forma sorprendente. Con muy pocos recursos materiales logran recrear el club, el hostal, la estación del tren y la pequeña frutería.
En cuanto al elenco, esta versión brilla con luz propia. Amanda Digón como Sally Bowles es extraordinaria, con una voz poderosa, acompañada de movimientos precisos y expresivos y una naturalidad en sus gestos que hace que no veas a la actriz sino a Sally.
Abril Zamora, como Maestra de Ceremonias, es divertida, provocadora, mentirosa y perturbadora a la vez. Contrasta mucho susperfil más cómico con su versión más dramática, dejándote paralizada en algunos momentos.
Patricia Clark como Fräulein Schneider y Tony River como Herr Schultz, conquistan con sus voces y su química escénica. La unión de ambos potencia la obra y se complementan aportando cada uno diferentes matices como ternura, fuerza, cariño, miedo y respeto, creando un tándem escénico inolvidable.
Por supuesto, no podemos olvidar las excelentes interpretaciones de Pepe Nufrio como Cliff Bradshaw, Pepa Lucas como Fräulein Kost y Gonzalo Ramos como Ernst Ludwig,……. es que de verdad que todos son maravillosos.
La iluminación acompaña los números y es elegida para cada momento de manera especial, creando escenas luminosas, oscuras, vibrantes…. Sin revelar nada, porque es parte del encanto de la obra, el sonido se convierte en elemento esencial de la experiencia, creando atmósferas cargadas de tensión.
Aun sabiendo lo que ocurre por la propia historia, vivirlo tan cerca es devastador. El silencio absoluto que invade la sala es sobrecogedor. La piel de gallina permanece incluso cuando se encienden las luces.
Esta nueva versión de Cabaret no sólo rinde homenaje al clásico, sino que lo reinventa con una fuerza emocional e interpretativa extraordinaria. Superó todas mis expectativas y me recordó por qué este musical sigue siendo una de las grandes obras. Una experiencia imprescindible.
