Delibes y Herrera o Historia del Teatro Español

Cinco horas con Mario

Cinco horas con Mario
09/02/2020

El 26 de noviembre de 1979, Lola Herrera interpretó por primera vez el monólogo Cinco horas con Mario, del escritor vallisoletano Miguel Delibes. Y es una verdadera suerte que a día de hoy los sigamos disfrutando a los dos. Sí, porque sin Miguel y sin Lola, Cinco horas con Mario no sería no solo una de las mejores novelas contemporáneas, sino una de las mejores producciones escénicas del teatro español.

Marzo de 1966. Carmen Sotillo acaba de perder a su marido Mario de forma inesperada. Mientras ella sola vela durante la última noche el cadáver de su marido inicia con él un monólogo-diálogo en el que descubrimos sus personalidades y los conflictos de su matrimonio.

En 1966 Delibes publica una novela sorprendente y renovadora, Cinco horas con Mario: un magnífico retrato en negativo de una sociedad que Delibes conocía a la perfección. Nos pinta los escenarios y los personajes de los años cincuenta y sesenta, que nos ayudan a comprender mejor las fuerzas e ideas que regían aquella época de la historia española en una novela de calidad artística e innovadora.

Sin técnicas objetivistas descubre nuevos modos de expresión al transitar por recursos narrativos inéditos que no recurren al testimonio documental, pero sí ofrecen una clarividente radiografía de la sociedad provinciana de los años cincuenta. No hay descripción detallada de hechos o personajes ni técnica de la cámara cinematográfica, recursos propios de la corriente de objetivismo narrativo imperante en la época. Todo es una reproducción fidedigna y acertada de toda una época a través del lenguaje de una mujer de la burguesía provinciana de la España Franquista.

Delibes buscaba un lector lúcido y sensible, del cual pudiera esperar una participación activa. En el monólogo de Carmen hallamos un perfecto y completo reflejo de los valores y creencias en que se apoyaba el sistema político del régimen franquista. La prodigiosa hazaña de Josefina Molina, a la dirección de esta propuesta escénica producida por Pentación Espectáculos, de convertir una novela con una profunda estructura dramática interna en una magnífica propuesta escénica, estriba en un respeto y realce de la palabra de Delibes trasladada, sin cambiar una coma, al código teatral en un bello ejercicio dramático de Josefina Molina y José Sámano que se hace cuerpo a través de la voz y presencia escénicas de Lola Herrera. Y entonces Lola, y solo ella, fiel lectora de todas las publicaciones que el escritor publicaba, muy en concreto en el periódico El Norte de Castilla del cual fue fundador, quien logra la eterna unión que dio vida a una de las mejores producciones teatrales españolas. Con ella, por primera vez la narrativa de Delibes se hace teatro. Lola convertida en Carmen Sotillo puso de pie a un personaje que parecía hecho a medida para la actriz. Ella no solo conocía aquella época, sino que formaba parte de esa Castilla castiza que retrata Miguel; se había criado en sus calles y había crecido rodeada e impregnada de ese pensamiento de profunda cerrazón y arraigo que han convivido durante años dentro y con la mujer castellana.

La escenografía y el vestuario austeros, sencillos van a favor del hecho escénico: la conversión del monólogo de Carmen en una denuncia de la retórica del Régimen, aplicando una continuada ironía que invierte el sentido de su discurso y se convierte en un dardo crítico de los ideales franquistas. Esa es la verdadera originalidad de la narrativa de Delibes y la genialidad de esta propuesta escénica.

Me gustaría que Lola viviese eternamente para poder interpretar a Carmen confesó Miguel Delibes.
Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, otra vallisoletana, esta que escribe, reconoce con orgullo que, aunque han pasado más de cuatro décadas desde su estreno, la vigencia del texto sigue perenne tanto en las palabras inconmensurables de Miguel como en la solvencia y talento escénicos de Lola, que han convertido una de las mejores novelas de la literatura española en un montaje escénico excelso e inolvidable que forma ya parte indiscutible de la Historia del Teatro Español.

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