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Dados: La suerte de SER

Dados
29/09/2019

Dados cierra la maravillosa y denominada Trilogía Veloz que firma y dirige José Padilla bajo la producción de Ventrículo Veloz. Lo que salga al lanzar los dados es simple azar pero lo que creemos con ellos será realmente lo que determine nuestra partida y a nosotros mismos.

Somos dotados de existencia por pura casualidad, pero todo lo que nos determina y otorga sentido e identidad siempre ha estado lejos de ser un fenómeno fortuito. Y es precisamente la pugna entre lo que nos ha llevado a ser y lo que realmente somos la que relata el montaje.

Comienza  el espectáculo con fuerza en un espacio escénico convertido en lugar de refugio, de poder y de absoluta vulnerabilidad. Allí habita X protegido por su música, sus juegos: todo aquello que le hace ser. Creyéndose auténtico en su propia identidad se descubrirá a sí mismo lleno de prejuicios, caparazón que le genera heridas provocadas por su propia negación. Será la nada fortuita aparición de Y quien le muestre su reflejo en el espejo, y le haga comprender que tan solo importa la mirada desnuda del yo.

La dramaturgia de José Padilla es un precioso ejercicio de precisión, frescura y arrojo poéticos. Las interpretaciones de Almudena y Juan atrapan desde el principio y dotan al montaje de un ritmo escénico trepidante que no da tregua al espectador a perder detalle de una transformación constante y completa de lo que acontece en la escena. A todo ello contribuye también la atmósfera generada por la música que te sumerge de lleno en el universo interno de X e Y.

Dados es un canto a la diversidad del ser, a la libertad de ser quienes somos y estamos destinados a ser, liberados de las cadenas sociales que intentan reprimirnos para convertirnos en aquello que creen que ‘debemos’ ser. Una celebración de aquellos que se atreven a SER, que abrazan con orgullo su mirada y la dejan brillar.

Dados o la suerte de ser. Un hermoso y valiente montaje escénico convertido en un viaje a nuestra identidad que atraviesa los prejuicios propios y externos que libran la más descarnada de las batallas: la aceptación completa del yo. Una honesta apuesta que nos interpela a transitarnos desde la genialidad e inteligencia de la ficción.

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