Esta obra, basada en la novela homónima de Carme Kurtz, analiza de forma veraz una realidad que trasciende a la propia trama de la historia. Marcada por una larga ausencia de Antonio, el reencuentro con su mujer Dominica pone de manifiesto la distancia emocional de ambos. Sus experiencias en esos años son muy diferentes: mientras Antonio experimenta vivencias durísimas en un campo de concentración, Dominica espera pacientemente una persona que ya pertenece al pasado y que, por tanto, no reconocerá al encontrarse. Los dos sufren un proceso de readaptación difícil en que cada uno de ellos intenta encontrar su propio camino.
Más allá de la historia interpretada, es una reflexión interesante y común sobre la búsqueda de la identidad y de nuestro papel en el mundo, a menudo marcado por la sociedad. Una vez más se pone de manifiesto la soledad acompañada como uno de los eternos universales del ser humano que, sin embargo y a toda costa, busca la presencia del otro aunque muchas veces no responda a nuestras expectativas.
Es destacable el trabajo de los actores (y la puesta en escena, siempre sugerente) que, con su buen hacer hacen verídica una historia ajena al paso del tiempo, hecho que se pone de manifiesto con las referencias literales a «La Odisea».
