Entré en Nave 73 una tarde para sumergirme, de inmediato, en un espacio sonoro potente, en un mundo blanco, de suelo de linóleo blanco y paredes cubiertas con cortinas de gasa blanca , en que 5 protagonistas, sobria y elegantemente vestidos, bailaban ensimismados, en trance, abducidos por la música en una danza enérgica, machacona e hipnótica. Hemos sido invitados a ser parte del cumplimiento de un deseo largamente acariciado y prácticamente olvidado, o renunciado: el de su protagonista.
Carmen Adrados siempre quiso bailar Giselle… y La Ferviente, una compañía joven que asume riesgos con rigor y talento, versiona Giselle para cumplir su deseo haciéndola protagonista de esta versión inolvidable en la que el clásico está omnipresente, evocado desde ese deseo frustrado de haberla hecho, el de haber bailado aunque sea tan solo un minuto de la pieza más amada, más anhelada. Y desde el empeño colectivo de que ahora Carmen, Giselle, la protagonista, pueda cumplirlo hoy, ahora, con urgencia, en esta función, cada noche, en Nave 73.
Con esta propuesta interesantísima, los miembros de la compañía usan el clásico del ballet para hablar de la consecución del deseo y de los limites impuestos al mismo: los naturales, los autoimpuestos, los sobrevenidos, o los inducidos. Y habla de la modulación del deseo, mientras nos cuenta la historia romántica de Giselle y acaban haciéndonos partícipes voluntarios del cumplimiento, en primera persona, de todos los deseos de Carmen Adrados, de Giselle, en un final prolongado en el que se produce una corriente de empatía y comunión con nuestra anfitriona, que nos conmueve y nos hace salir emocionados y con una sonrisa de agradecimiento.
No dejéis de aprovechar la ocasión de acudir para ayudar a Carmen, a Giselle, para la eternidad.
