Es muy raro que un musical consiga sorprenderme hoy en día. Después de haber visto producciones de todo tipo por todo el mundo, sé que para lograrlo tiene que ofrecer algo verdaderamente extraordinario y, sobre todo, tener mucho corazón.
Por suerte, Gutenberg tiene ambas cosas, y salí del teatro feliz, sorprendido y conquistado por la propuesta. Este musical de Scott Brown y Antony King, que pasó más de quince años en el circuito Off antes de dar el salto a Broadway y triunfar allí en 2024, gira en torno a dos compositores novatos que presentan un musical tan inexacto como disparatado sobre la vida de Johannes Gutenberg. A medida que interpretan todos los personajes, con la ayuda de unas gorras con los nombres, y recrean las distintas escenas de su obra, también comparten con el público las decisiones creativas que han tomado durante su desarrollo.
Hay varios factores que hacen que esta producción, dirigida por Zenón Recalde y con dirección musical de Dídac Flores, funcione tan bien. El primero es la calidad del material. El libreto y la partitura de Brown y King son simplemente geniales, llenos de gags, referencias al mundo del espectáculo y mucha, mucha comedia, y a la vez un bonito recordatorio de que no deberíamos dejar de luchar por nuestros sueños. La producción se siente muy cuidada, con gran atención al detalle en todos sus elementos (iluminación, utilería, sonido, coreografía…) y una dirección muy bien planteada y ejecutada. Mención aparte merece Nicolás Sans, entre otros roles pianista en directo de la obra.
Y, por supuesto, el otro gran factor que convierte esta producción en un éxito rotundo es su maravilloso elenco, al que este musical le va como anillo al dedo. Íker Montero es un gustazo de ver en escena: camaleónico, irresistible y encantador. Albert Bolea vuelve a demostrar al público madrileño el actor todoterreno que es, con una interpretación sensacional, muy luminosa y, como de costumbre, vocalmente impecable.
Gutenberg es una de esas producciones que recuerdan por qué el teatro musical puede ser tan especial. Una propuesta que no solo hace reír constantemente, sino que también deja esa sensación tan poco habitual de haber visto algo realmente especial. Un musical que entiende el juego y la comedia con ingenio y corazón, y que confirma que el teatro musical, cuando está bien hecho, sigue siendo un placer absoluto.
