Ver esta obra es casi obligado por varias razones. En primer lugar siempre es un inmenso deleite escuchar, observar (y a veces hasta mimetizarse) a un actor como José María Pou; en segundo lugar, y mas allá de los chascarrillos divertidísimos que se suceden a lo largo de toda la obra, por la temática y el debate tan vigentes que va desarrollando.
Roald Dahl publica un artículo interpretado por algunos como antisemita y basado en sus amargas experiencias en el Líbano. No nos es ajeno el conflicto palestino-israelí de desgraciada actualidad. El encuentro con una representante de su editorial, que le insta a rectificar por los posibles efectos adversos que en la venta de sus libros pueda tener, se convierte en un profundo diálogo (siempre salpicado de humor por el protagonista) que critica variados aspectos de nuestra sociedad pero que , especialmente, hace hincapié en la honestidad y la defensa de valores más allá de los convencionalismos sociales.
Es interesante porque no se limita a la mera exposición de roles sino que cada uno , desde el corazón, defiende sus ideas y a su pueblo en lo que yo creo ver una separación de algunas posturas gubernamentales defendiendo, más que una postura, unos fuertes valores de solidaridad y compasión.
Roald Dahl, al final, no se retracta; al contrario, levanta una bandera a favor de los oprimidos y masacrados.
