Humor negro en forma de musical. Sí, quiero
Hay familias raras y luego está la familia Addams. Esta versión de la historia destaca, sobre todo, por ser una obra divertida de principio a fin, algo que no siempre es fácil cuando se trabaja con unos personajes tan conocidos. El guion es un acierto porque adapta la historia a la España de hoy. La función está llena de bromas sobre temas actuales, referencias con mucha guasa a otros musicales que están ahora mismo en Madrid y pequeños detalles que hacen que la comedia se sienta muy cercana sin perder el toque oscuro de la familia.
En la parte visual, la casa de los Addams está montada de una forma muy vistosa. Utilizan una gran estructura, una mansión recreada casi a tamaño real, ubicada en el centro del escenario y que va girando para mostrar las distintas habitaciones del edificio. Hay que reconocer que tanto giro de la estructura puede llegar a marear un poco en algún momento, pero el recurso de sacar tantos espacios de un solo elemento tiene mucho mérito. Sobre esa base, la dirección consigue que la obra tenga un ritmo ágil y que no dé tiempo a aburrirse.
Las actrices y los actores defienden muy bien tanto la comedia como los números musicales. Gómez y Morticia tienen una química excelente en escena que evita caer en el chiste fácil. Por su parte, la forma de meter al personaje de Cosa en la función es ingeniosa y deja varios de los momentos más graciosos de la noche. Sin embargo, la gran sorpresa es Lurch. Es un personaje que apenas habla y parece que no hace nada, pero tiene unos gestos tan buenos que te descubres buscándolo todo el tiempo para ver cómo reacciona a lo que pasa. El coro de antepasados hace un trabajo estupendo y Alicia Beineke es el personaje que más cambia y mejor evoluciona a lo largo de la función.
La música es una pieza clave para marcar el tono de la historia. Las canciones, de todos los géneros habidos y por haber, son pegadizas, divertidas y encajan de forma natural con el humor negro de la obra. Las voces suenan a un nivel altísimo y los bailes, sobre todo los números grandes donde sale el coro de antepasados, contagian un ritmo que mantiene la energía alta en todo momento. Más allá de las risas, el musical deja una idea muy sencilla pero acertada: ser diferente no es algo malo. La familia Addams prefiere jugar con lo extravagante, reírse de las reglas del propio teatro musical y recordar que ser raro también puede ser una forma de cariño, cerrando una función muy redonda con la que sales del teatro habiendo disfrutado mucho más de lo que esperabas.