Convertir en musical la obra más famosa de Ken Follett es una difícil y ambiciosa tarea.
Ser fieles a la trama, ambientada a comienzos del siglo XII, y conseguir atrapar al espectador no solo por la historia sino también por una puesta en escena muy exigente es lo que consigue brillantemente este musical.
La ambientación (con efectos especiales múltiples), la música, la dramatización y, por supuesto, de manera especial los cantos y voces de los protagonistas, bien solos o corales, atrapan y sobrecogen al espectador. Hay que destacar la generosidad de intérpretes, músicos, decoradores, tramoyistas… que, en un buen trabajo de equipo, nos llevan al pasado sin dejar de conectar con el presente.
La variedad de temas que van apareciendo (el amor, la traición, la religión, las clases sociales, los privilegios de nobles y clero, la venganza…)enriquecen una obra que más allá de la ambientación (muy buena) de la época y la contextualización quiere -y puede- llegar a un espectador que será capaz de trascendentalizar la temática además de gozar y disfrutar con el espectáculo que ya en sí mismo merece la pena.
