¡Pequeños incidentes de puro existencialismo!

Niebla

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Niebla → Nave 10 Matadero
25/03/2026 - Nave 10 Matadero

Fernanda Orazi y su compañía Pílades Teatro lo han vuelto a hacer. Es más, se han superado. Después de cautivarnos con su mirada contemporánea a los clásicos griegos con Electra, han estrenado un segundo espectáculo que confirman la genialidad de un código escénico propio que respira puro teatro contemporáneo. Mi entusiasmo y mis expectativas eran mayúsculos con este nuevo montaje como seguidora de su trabajo y enamorada unamuniana. Niebla es un viaje de identidad de puro existencialismo que te hace transitar por la emoción y la comicidad con delicadeza, desenfado y naturalidad, gracias a la valiente mirada de Fernanda Orazi y a un formidable reparto formado por Juan Paños, Leticia Etala, Carmen Angulo, Javier Ballesteros y Pablo Montes.

Adaptar significa decidir y aceptar que cada género tiene su propio lenguaje. Además, mirar a nuestros autores canónicos con respeto, pero sin reverencia es imprescindible para crear una propuesta contemporánea que de verdad nos convoque y nos conmueva. Fernanda Orazi lo ha entendido a la perfección y ha aceptado el enorme reto de acercarse por primera vez desde la escena a la monumental obra unamuniana. El desafío ha sido satisfactoriamente cumplido. Inspirada libremente en la obra maestra de Miguel de Unamuno, Niebla centra su acción dramática en Augusto Pérez, el personaje principal del original quien se sacrifica para ver lo que nosotros no podemos ver. Augusto es un personaje que va adquiriendo existencia a medida que las cosas le van pasando y su vida va ganando realidad. Su existencia es pura comicidad, pero también convive con mucho dolor porque él parece un personaje que hubiese nacido simplemente para sufrir y morir. Esto le convierte en un personaje que asiste en su devenir a su propia comedia, su fatalidad, empujado por fortuitos, y a veces muy incomprensibles para él, pequeños incidentes. Para quien siempre ha sido un «paseante» y no un «caminante» de la vida, el amor irrumpirá en su vida, descolocándola, obligándole a reaccionar, sentir, vivir. «Averíguate», le repetirá en diversas ocasiones su buen amigo Víctor Goti. Esta frase marcará su destino.

Fernanda Orazi demuestra en su dramaturgia un profundo conocimiento sobre Unamuno, su literatura y, sobre todo, su pensamiento. No debemos olvidar que la nivola no es si no una novela de ideas, esto es, de pensamientos. Y precisamente los pensamientos unamunianos son los que vertebran la obra (la nada, la vida, la muerte, Dios, el conflicto con el «otro») a través de la creación de un personaje: Augusto. «¿Qué estoy pensando?», le preguntará en repetidas ocasiones Augusto a Orfeo. Su Niebla va mucho más allá del texto original. Orazi ha apostado por crear un espectáculo teatral propio que parte de la premisa unamuniana que concibe a Augusto como un auténtico personaje todo el tiempo. En este sentido, partiendo de una novela original muy compleja, Orazi ha sabido extraer su esencia y convertirla en puro código teatral sin miedo, con arrojo, invitando al público a acompañar a Augusto Pérez en un viaje existencial sencillamente entrañable. Además, su decisión escénica es coherente de principio a fin lo que le concede solidez y mucha originalidad al espectáculo. Niebla no es solo una adaptación teatral que se inspira en la novela del autor vasco, es un genuino ejercicio de amor a la literatura, al pensamiento unamuniano y al teatro.

Desde el punto de vista de la dirección, Orazi consolida su visión teatral: aprovecha todo el espacio escénico, introduce elementos móviles cargados de significación y recurre a la repetición para potenciar la naturaleza cómica y del absurdo inherente a la novela original. El magnífico trabajo de iluminación crea tanto espacios físicos como mentales que contribuyen al extrañamiento existencialista de Augusto, que asistirá de manera continuada a las reacciones de sus compañeros de escena. Además, rompe la cuarta pared y crea la bella contraposición pirandelliana, ese humorismo que marca el ritmo del montaje donde el público es partícipe activo de la acción y no duda en reírse a carcajadas al mismo tiempo que siente compasión por el personaje en muchas ocasiones. «Entes de ficción», nos dirá Augusto que somos todos, mostrando con su ejemplo lo verdadera que es la experiencia de la ficción, puesto que nuestra propia identidad es en último término una ficción en sí misma.

Mención especial merece la parte final que se corresponde con los celebradísimos tres últimos capítulos de la novela. Aquí no aparece Unamuno y no es necesario. Augusto se enfrenta con el encargado de la trama en un delirante y magnífico encuentro entre creador y creación; un soliloquio divertido, dinámico que concluye con una serie de imágenes y reflexiones muy bellas que contribuyen a crear una poética y potente imagen final.

El trabajo de interpretación es excelente. Este reparto en estado de gracia reafirma su talento. Carismática y siempre precisa está Leticia Etala que ha creado una Eugenia llena de personalidad y aplomo. Carmen Angulo demuestra su gran capacidad para transmitir distintas emociones impregnadas de verdad en su construcción de una ingenua, noble, y en apariencia frágil, Rosario. Javier Ballesteros aborda el papel de Orfeo, el perro y compañero fiel de Augusto, con la genialidad a la que nos tiene acostumbrados. Los matices de su gestualidad, movimientos y su precisión escénica son formidables. Pablo Montes se suma en esta ocasión a la compañía, pero realmente parece que siempre ha estado en ella; otro gran acierto de Orazi. Destaca especialmente su eficaz trabajo desde el otro lado de la escena, motor clave de la acción de Augusto y cómplice directo del público en todo momento. Y sin duda alguna en el imaginario teatral colectivo Augusto Pérez ya será por siempre Juan Paños. Ha creado un Augusto maravilloso, cotidiano, real y muy humano incluso dentro de su condición de personaje. Una interpretación formidable con la que Juan Paños se erige como uno de los mejores jóvenes intérpretes de la escena contemporánea actual.

Si no has leído la novela, o no conoces nada de Miguel de Unamuno, no pasa absolutamente nada; disfrutarás mucho de la obra. Pero quien sí la haya leído se llevará la grata sorpresa de que este espectáculo es mucho más. De hecho, creo que ver la obra después de haber leído el original le suma mucha más hondura y disfrute a la experiencia teatral. He leído la novela en tres ocasiones a lo largo de mi vida, y este montaje me ha brindado la oportunidad única de encontrarme de verdad con Augusto, con todos los que le rodean y le acompañan, y dejarme llevar y fascinar por esa visión trágica, quijotesca, de la vida cargada profundamente de humor que determina toda su odisea existencial. Como amante unamuniana y teatrera ha sido una gozada, una delicia, un viaje escénico maravilloso. Me reí y me emocioné muchísimo. Inolvidable. Una obra para el recuerdo. En definitiva, Niebla es un regalo para quienes amamos profundamente el teatro y también, por supuesto, la literatura.

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