Una Pieza maestra
Tenemos ante nosotros una obra de teatro que para cualquiera que se dedique a esta bella y bestia (perdón por el chiste) profesión de actor; debería ver. Así mismo, para cualquier amante del teatro bien hecho, esta obra también es de obligada visita. Pero si no te gusta el teatro y quieres ver algo distinto, también debes venir a verla.
Para empezar: lo primero que llama la atención es la escenografia acogedora y funcional, realizada con talento por Asier Sancho. Cuando uno imagina la oficina de un productor en Nueva York, visualiza dicha imagen; rica en matices y cálida a la vista, sin elementos disonantes.
La adaptación de Zenón Recalde, que también es director, está realizada con maestría ya que traslada todo el sentido y las acciones a la manera castellana sin perder ni un ápice de su sentido ni de su humor. Dicho texto nos sorprende con muchas acciones y no da tregua.
La dirección ayuda en todo momento a nuestro protagonista, Felix, y permite que una obra que podría resultar estática; sea en todo momento dinámica y rica en matices.
Dejo en último lugar a nuestro protagonista, Antonio Molero. Afrontar un monólogo es lo más difícil para un actor, pero hacerlo de manera que sea algo activo, con intenciones, pensamientos y no salirse del personaje en dos horas de función es un esfuerzo titánico. Y Antonio lo consigue con creces.
Es imposible apartar la vista de él ya que intenciona cada gesto, cada acción, cada conversación (sí es un monólogo pero habla con personas), y el resultado es una obra divertida, inteligente, real y dura a la vez; no en balde el arte imita a la vida.
Mi enhorabuena para la productora “el Tío Caracoles” que nos sorprende cada vez más en sus montajes.
No hay excusas para perdérsela.