Martes. 22:00h. Un actor, un músico, un técnico de luces y una pizarra. No hacen falta más ingredientes para crear desde cero un guion sin tinta, una historia efímera de 75 minutos donde todo, absolutamente todo, puede pasar. Esa es la magia de la improvisación y Miguel Rabaneda consigue meternos de lleno en su universo desde el primer segundo.
Los espectadores cumplimos doble función: ser testigos de esta aventura y también protagonistas de los sketches más divertidos. Donde tú solo ves un mensaje de whatsapp, unas sillas, un abanico… Miguel ve un mundo de posibilidades. Con los ojos, los oídos y el ingenio bien abiertos a lo que pueda pasar en la sala, crea escenas que vuelan de la risa al llanto, haciendo escala en la emoción.
Y, ¿qué sería de una buena historia sin un buen juego de luces y sin una buena banda sonora? Diego Conesa se adueña del brillo y de la oscuridad de la sala para inventar, junto a Miguel, la atmósfera perfecta para cada ocasión. Y Legi, al piano y a la guitarra, se convierte en el tercer cómplice, dando en la tecla de una forma bastante cuerda, a lo largo de todas las escenas.
Sin partituras, sin guion… Desnudos de equipaje. Así es Teatro en bolas, un juego de niños grandes que se niegan a dejar de soñar.
