Ana Zamora: «Me preocupa convertirnos en una especie de tapón en vez de abrir las puertas a otro repertorio»

Irene Herrero Miguel
Ana Zamora dirige Numancia, en el Teatro de la Comedia. / Foto: Sergio Parra

Ana Zamora dirige Numancia, en el Teatro de la Comedia. // Foto: Sergio Parra

 

La compañía Nao d’amores, capitaneada por su directora Ana Zamora, vuelve al Teatro de la Comedia con una nueva coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico. La compañía presenta una nueva versión de Numancia, la clásica tragedia cervantina, con un enfoque renacentista y primitivista, que se podrá disfrutar hasta el día 30 de diciembre. Aprovechamos la ocasión para hablar con Ana Zamora, cabeza de la compañía, que ya celebra su vigésimo aniversario de creación teatral.

Entrevista a Ana Zamora

Habéis cumplido 20 años como compañía, pero por si todavía hay algún despistado o despistada que no os conoce: ¿qué es Nao d’amores?

Ana Zamora. Nao d’amores es un equipo artístico de gente muy diversa procedente de teatro clásico, la música antigua y los títeres, principalmente, que desde el año 2001 viene desarrollando una labor de investigación y formación para la puesta en escena de la parte menos transitada del teatro clásico español, que es el Medievo y el Renacimiento.

¿Cuál es el mayor orgullo de este camino que habéis recorrido?

A.Z. Yo creo que, sin duda, el haber demostrado que el repertorio prebarroco no solamente es material literario de primera categoría sino que es pura materia escénica.

Para quienes nos conocen mucho el prebarroco, ¿qué particularidades tiene este teatro?

A.Z. Bueno, yo creo que es un teatro más lírico que dramático según la preceptiva posterior y que, por tanto, yo creo que está muy cerca de las perspectivas contemporáneas. Como algo tan primitivo está muy cerca de lo contemporáneo.

¿Cuál es para vosotros su principal atractivo?

A.Z. Para cualquier «teatrero» todo aquello que se sale de los código teatrales imperantes es siempre un reto y apasionante el encontrar otras maneras diferentes de tratarlo, de montarlo, de escenificarlo…

«Nos irá tocando ser rescatadores de esos tesoros aun ocultos»

Echando la vista atrás, habéis conseguido mucho, ¿qué viene ahora? ¿dónde os veis en unos años?

A.Z. Yo ahora mismo solo pienso en desmayarme y descansar porque ha sido un año muy muy intenso. Nosotros hacemos una producción por año normalmente, máximo, y este año con todo lo acumulado con la pandemia se nos ha acumulado mucho trabajo y dos producciones de nueva creación y yo estoy sin sangre en las venas. a mi no me gusta mucho planificar el futuro. Yo soy una mujer sin ambición en ese sentido, lo importante es ir trabajando día a día y la vida te va llevando a diferentes sitios. Yo no hago pacto de amor eterno con el prebarroco. Me gusta saltar y venir y hacer otras cosas. Pero bueno, sí es cierto que queda muchísimo material por descubrir y rescatar y mientras otros no se comprometan con ello, nos irá tocando ser rescatadores de esos tesoros aun ocultos.

Imagen de 'Numancia' de Nao d'amores

Imagen de ‘Numancia’ de Nao d’amores. // Foto: Sergio Parra

Por qué crees que otras compañías no se comprometen con este teatro en particular?

A.Z. Pues seguramente porque nosotros hemos tenido tanta repercusiones al ser un poco punteros en la recuperación de este repertorio que ahora mismo está como la idea común de que esto se hace como lo hace Nao d’amores y yo creo que todo lo contrario. Es una material de primera categoría como materia teatral y hay tantas maneras como artistas de hacerlo. A mí me preocupa convertirnos en una especie de tapón en vez de abrir las puertas a otro repertorio. De repente es como «bueno ellos ya lo resuelven muy bien». Nosotros tenemos una lógico y una forma de trabajo que nos lleva a encontrar diversas maneras con un sello muy personal, pero hay tantas formas como artistas que se puedan enfrentar a ese material.

«Nosotros seguimos creyendo, seguimos emocionándonos y vivimos para esto»

Comentas que habéis tenido bastante repercusión, ¿cuál es el secreto para tener repercusión, mantener el equipo…? ¿cómo conseguís que funcione?

A.Z. Pues trabajando como bestias, yo soy de las que confía más en el trabajo que en capacidades artísticas, muchas veces. Hay que ser coherente, hay que optar por cosas en las que uno cree y nosotros seguimos creyendo, seguimos emocionándonos y vivimos para esto. Entonces, bueno, renunciar a lo que hacemos sería renunciar a nuestra vez. Con lo cual yo creo que esa implicación bestial de un equipo muy grande que se convierte en una gran familia lo que nos permite seguir trabajando y seguir teniendo ganas de crear desde esta perspectiva de equipo que es algo que no es habitual en el panorama teatral actual.

¿Por qué crees que no es tan habitual?

A.Z. Porque el concepto compañía se ha pasado de moda (ríe). En una panorama teatral en el que el concepto de compañía se ha tenido que hacer sinónimo de empresa teatral y bueno, esto es así, formamos parte de un tejido profesional y no queda más remedio. Muchas veces nos hemos convertido en freelancers en profesionales dispuesto a trabajar muchas veces en escenarios. Para vivir muchas veces hace falta hacer eso. Pero la única manera de crear lenguajes y de poder profundizar en las maneras de contar es no partir de cero en cada montaje, pero claro, eso es difícil como estructura y muchas veces te obliga a luchar con las maneras habituales de hacer teatro en la actualidad con lo cual pues, es una apuesta por una manera de hacer, por una ética de trabajo y no siempre es fácil de llevar adelante, con lo cual el oficio está lleno de camino y hay que subsistir y cada uno transita los que puede como puede.

«Cervantes es más un mito que un autor»

Ya centrándonos un poco en Numancia, ¿qué va a encontrar el espectador?

A.Z. Numancia es una coproducción con la CNTC y como tal hay que entenderlo. Por un lado con un sello bastante evidente de nuestra labor de dos décadas de trabajo, pero también es un texto elegido para ser estrenado en la CNTC y en colaboración con la gran institución pública de defensa del teatro clásico en nuestro país. Por lo tanto, es un texto elegido, para empezar por eso, porque faltaba en el repertorio de la Compañía Nacional. Y bueno, yo creo que nosotros aportamos una visión, de alguna manera, primitivista de Cervantes. Acostumbrados a lidiar con autores casi desconocidos, enfrentarse a Cervantes, a veces uno se pone a temblar. Son palabras mayores. Sobre todo porque es más un mito que un autor, pero creo que lo que la gente va a poder ver es un trabajo muy sincero, muy en nuestra honda, muy de corazón abierto y que nos ofrece un Cervantes puramente renacentista y por tanto luminoso y aun lleno de esperanza.

¿Habéis sido capaces de apartar ese mito para poder trabajar con un poco más de libertad?

A.Z. Sí, yo creo que sí. Al final nosotros nosotros nos encerramos todos en Segovia durante dos meses y uno puede con todo porque no hay más realidad que la materia escénica que se está gestando ahí. Los miedos se pasan porque al final hay que estrenar y hay que ser coherente con los parámetros que uno ha puesto de punto de partida. Evidentemente vendrá mucha gente a verlo que no va a ver el Cervantes que está acostumbrado a ver. Pero yo creo que la puesta en escena es impecable como propuesta clarísima y, como digo, parida desde el rigor con una coherencia que es irrefutable. 

«Yo no pretendo aportar nada que no hayan aportado los demás»

A.Z. A ver, yo creo que hay un poco de peligro en tu pregunta porque al final siempre tendemos a entender el teatro como una competición. Yo sé que no lo haces por eso (se ríe), pero es una pregunta con truco Al final vivimos en ese parámetro. ¿Por qué tú montas esto si ya se ha montado?¿Qué puedes aportar? Yo no pretendo aportar nada que no hayan aportado los demás. Seguramente las últimas Numancias tengan cosas muy interesantes que no haya sabido ni oler. Nuestra perspectiva es la de la síntesis, la de la ubicación, como decía, en una autor en su propio contexto que nos lleva a entenderlo desde otra perspectiva. Es una Numancia de cámara en cuanto a dimensiones y cercanía. Nos ha interesado despojarlo de ese epicidad bélica que parece que está en primer plan cuando uno trabaja sobre el texto, pero yo creo que Cervantes es un personaje suficientemente profundo como para obligarnos a trascender para obligarnos a trascender qué hay detrás esos ejércitos de romanos y numantinos que están ahí dándose de tortas de romanos y numantinos.

Imagen de 'Numancia' de Nao d'amores

Imagen de ‘Numancia’ de Nao d’amores. // Foto: Sergio Parra

Esta vuelta al origen del teatro que proponéis ¿nos devuelve algo bastante contemporáneo?

A.Z. Sí, hay unos viajes de ida y vuelta y el preteatro y el posteatro están bastante cerca. Otra cosa es lo que el espectador sienta cuando se siente en la butaca, que eso, bueno, yo lo ofrezco y este sentido yo creo que es curioso porque estamos en la sede de la Compañía Nacional. Tenemos un público muy concreto. Los abonados del clásico están acostumbrado generalmente a ver un tipo de teatro pues que quizá no tiene que ver con esto que estamos haciendo. Más canónico de alguna manera. Pero yo creo que esta perspectiva nuestra de síntesis y de entender la simplicidad de unos personajes que no son otra cosa que lo que dicen, hace que los sintamos muy cerca de la persona actual, ¿no? Del ciudadano del siglo XXI.

«Somos mucho más sencillos de lo que creemos»

Hablas de que los personajes son únicamente lo que dice, ¿cómo se construyen los personajes desde ahí?

A.Z. Bueno, a veces no es fácil para actores que están acostumbrados a trabajar, no ya desde el psicologismo sino desde una racionalización contemporánea. Yo creo que hay que empezar por entender que somos mucho más sencillos de o que creemos. Que somos mucho más inocentes de lo que pensamos y que este tipo de teatro refleja nuestra parte más básica. También hay que entender que lo que escribe Cervantes es una tragedia. Hay que intentar adentrarse en el género para posicionarse y entender por qué nace la tragedia e intentar entendernos nosotros dentro de esta historia.  Este ámbito de trabajo del debate dialéctico pero la violencia, y al final la conexión con lo político y lo religioso. Aquella necesidad de para qué existe el teatro y que nos permita posicionarnos en historias tremendas pero que son trascendentes y que hay que intentar alejar de un concepto dramático porque quieras que no somos hijos del XIX.

Y hablando del tema… ¿Para qué existe el teatro?

A.Z. Bueno, pues para que nos cuestionemos como personas y como sociedad.

De estos personajes, ¿hay alguno por el que como directora sientas una debilidad especial?

A.Z.  No, yo creo que además en esta «Numancia» no se puede hablar de personajes. Evidentemente hay un gran personaje que lleva el peso de la función, que es Escipión. Pero yo creo que lo importante de la «Numancia» es la comunidad, esta idea de comunidad que está por encima de todo y que yo creo que es algo bonito, importante e imprescindible de reivindicar en la sociedad en la que vivimos. 

Irene Herrero Miguel / @ireneherreromi

 

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