
Carmen Angulo, Juan Paños, Leticia Etala, Javier Ballesteros y Pablo Montes protagonizan ‘Niebla’.
En ocasiones se producen acontecimientos escénicos que son verdaderos hitos tanto para los amantes del teatro como de la literatura. En 1914 Miguel de Unamuno publica Niebla, una novela que se convierte en un referente de la literatura del siglo XX por su carácter innovador. Más de un siglo después, la vida de Augusto Pérez llega por primera vez a la escena. La actriz, directora y docente Fernanda Orazi es la responsable de convertir la odisea existencial de uno de los personajes más conmovedores de nuestra literatura en una genuina experiencia teatral, y de recuperar a uno de los grandes autores de la historia literaria en lengua hispana.
Junto a su reconocida compañía Pílades Teatro estrena Niebla, un espectáculo que se inspira libremente en la obra maestra y más compleja del autor vasco, pero que desde el lenguaje escénico mantiene la esencia del universo y pensamiento unamunianos, y nos sigue convocando a caminar por nuestra existencia sumergidos en la niebla que siempre fuimos, somos y anhelamos llegar a ser.
Niebla nos brinda la oportunidad de volver a disfrutar en el escenario de un formidable elenco formado por Juan Paños, Leticia Etala, Carmen Angulo y Javier Ballesteros al que se suma en esta suerte de reparto Pablo Montes. El montaje se podrá ver del 20 de marzo al 12 de abril en Nave 10.
Miguel de Unamuno: un hombre comprometido, un autor prolífico y existencialista
«Hombre de contradicción y de pelea; uno que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza y que hace de esta lucha su vida».
Miguel de Unamuno
Miguel de Unamuno (29 de septiembre de 1864, Bilbao) fue un hombre de personalidad compleja y contradictoria, un autor polifacético, de admirable erudición, que tuvo una intensa vida familiar, social, política, académica e intelectual. «Me conmovió mucho Unamuno; cuando lo leí y lo conocí sentí que había encontrado a alguien que me tenía que acompañar toda la vida como un amigo antiguo de siempre», confiesa la directora y actriz Fernanda Orazi. Unamuno cultivó todos los géneros, pero la novela y el ensayo fueron sus puntos fuertes. Además, quien también será siempre recordado como el rector de Salamanca fue una de las voces más influyentes del humanismo español y una persona honesta.
Bilbao, Madrid y Salamanca fueron las tres ciudades que marcaron su vida que estuvo férreamente comprometida con la realidad social y política de España. Tal es así que se puede señalar que existen dos ejes en su producción literaria: la preocupación por España y el sentido de la vida humana. Unamuno se vio muy influenciado por la filosofía existencialista de Herbert Spencer, William James, Henri Bergson y especialmente de Sören Kierkegaard, considerado el primer gran existencialista europeo.
Combativo y crítico, llegó a enfrentarse al rey Alfonso XIII; contrario a la monarquía y a la dictadura de Primo de Rivera fue desterrado (primero a Fuerteventura y después a Francia). Aunque fue indultado, prometió no volver a su país hasta que no cayese el régimen dictatorial, promesa que cumple. A pesar de su afiliación republicana, empezó a mostrarse crítico con el gobierno y se adhirió al levantamiento militar de 1936.

Miguel de Unamuno fue una de las voces más influyentes del humanismo español.
Sin embargo, es fundamental resaltar que Miguel de Unamuno no fue ni fascista ni falangista, más bien lo opuesto. Pronto se mostró en contra de los sublevados y se enfrentó al General Millán Astray durante la celebración del «Día de la Raza» en octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca (inolvidables serían sus palabras: «Venceréis, pero no convenceréis»), lo que le valió vivir los dos últimos meses de su vida bajo arresto domiciliario. El 31 de diciembre de 1936 fallece en Salamanca a los 72 años a consecuencia de un paro cardíaco.
‘Niebla’: la vida, la nada, Dios y el miedo a la muerte
«Cuando morimos, ¿dejamos de existir o acaso hay vida más allá?»
Miguel de Unamuno
En Niebla, Unamuno crea la «nivola», un neologismo que acuña para referirse a una novela de ideas. En este nuevo género literario aúna sus dotes hacia las letras con su honda vocación filosófica, logrando introducir novedad en la trama sin renunciar a la tradición realista. Explora técnicas narrativas propias que otorgan mayor peso al argumento con una presencia destacable del diálogo y el soliloquio, reducen la caracterización de personajes del mundo contemporáneo y no se detienen en la descripción de ambientes.
Niebla, cuyo primer borrador data de 1907, es una alegoría de la desgracia humana. En ella, Unamuno plasmó sus grandes preocupaciones: la existencia, la fe y la inmortalidad. Está considerada una versión novelada del ensayo Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1912-1913) donde Unamuno aborda concepciones de la religión y de la necesidad transcendental del hombre. «Mi primer contacto con Unamuno fue con Niebla. Había terminado de escribir la obra La Persistencia. Cuando le conté a mi amiga Silvia Herreros de Tejada cómo terminaba y de qué iba, me dijo: “Pero eso es como Niebla, de Unamuno. ¿No la has leído? ¡La tienes que leer!” Y empecé a leerla», explica Orazi.
El propio título encierra muchos significados impregnados de gran simbolismo y diversas interpretaciones. El primero es el de «vida» o «existencia». Para Unamuno, la vida es una forma nebulosa que no puede ser completa si no se le otorga especialmente el atributo del amor. También está muy presente la niebla entendida como «sueño» que conecta con el concepto calderoniano. Y, sin duda, la acepción más clara y sobresaliente es la de la niebla como la «nada», una «nada» que en muchos momentos para Unamuno está directamente conectada con la muerte. «Es increíble como Unamuno hace que la niebla sea cualquier cosa. Para mí es la identidad, eso que llamamos «mi vida». Siento que uno se da cuenta de lo que es la niebla cuando sale de ella. Tienes que poder verla con una cierta distancia», expone Orazi.

Fernanda Orazi estrena una versión libre de ‘Niebla’, la obra maestra de Miguel de Unamuno.
Educado en los valores de la doctrina católica, desde muy pequeño Unamuno se tuvo que enfrentar con la muerte: perdió a su padre con seis años. Más tarde en 1902, tuvo que afrontar la pérdida de su hijo Raimundo a consecuencia de una hidrocefalia, lo que le llevó a sufrir una gran crisis religiosa que culminó con el fallecimiento de su madre en 1908. Perdió la fe y la idea del suicidio le rondó la cabeza en varias ocasiones. «A mí me pasó que yo dejé de creer por una crisis también existencial que tuve a los 13 años. Y fue terrible. Me siento muy hermanada con Unamuno también en su visión de la vida», confiesa Orazi.
Hipocondriaco, vivió obsesionado con el extraño conflicto entre la razón y el sentimiento, entre la fe y el escepticismo. Consideraba que la inmortalidad proporciona a la muerte su más hondo sentido y permaneció marcado profundamente por este problema el resto de su vida. La sinrazón del vivir unamuniano entre la nada y una esperanza desesperanzada se entiende muy bien en una frase del personaje del sacerdote de su obra de madurez San Manuel Bueno, mártir. «Creer es solo querer que Dios exista». «Unamuno fue un existencialista tremendamente vitalista. Cuando lo leés, intuís o sentís que todo el tiempo está hablando de un Dios que incite a la vida, que nos ayude a estar y sentirnos vivos», declara Orazi. Unamuno fue un ateo que quiso creer en Dios hasta el final. Quizás puede considerarse su incesante querencia una auténtica forma de fe en sí misma.
‘Niebla’: Augusto Pérez, un personaje con existencia teatral
«Pues bien, mi señor creador don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada, de que salió…Y se morirán todos los que lean mi historia. ¡Entes de ficción como yo! Se morirán todos, todos, todos».
Fragmento de Niebla, Miguel de Unamuno
«Cuando leí Niebla me conmovió tanto que sentí como una especie de llamada a intentar traer a Augusto al teatro. Mi idea no era hacer evidentemente una adaptación de la novela para el teatro, sino una versión muy libre cuyo desafío es lograr que tanto yo, primera espectadora, como el público nos conmovamos del mismo modo que cuando leí la novela», afirma Orazi.
Fernanda comprende y asume que el teatro es otro lenguaje muy diferente del narrativo; no tiene carga literaria, sino de teatralidad. «En el teatro se empobrece la literatura si vos querés representarla», declara. Esta necesaria diferenciación, que no siempre es bien entendida y lleva a trasladar al teatro de forma fallida muchas obras literarias, ha sido clave y el punto de partida de su adaptación que cuenta con una dramaturgia que ella ha creado de principio a fin: «Hay una trama para Augusto que es parte de la trama de la novela de Niebla».
En su versión Orazi no cuenta toda la novela; sí mantiene la esencia del original donde los personajes de Eugenia, Rosario, Víctor y Orfeo están para favorecer el viaje teatral del protagonista: Augusto Pérez. «Cuando empecé a escribir, creé dos guías posibles: una que explicitaba mucho la idea de que el personaje iba ganando existencia y la otra que entraba a saco a meter al personaje adentro de su propia comedia. Finalmente están cruzadas las dos de alguna manera», declara Orazi.
El gran reto era cómo trabajar el hecho de que Augusto tiene que ser un personaje en la escena todo el tiempo. «La novela está toda escrita realmente tratando a Augusto como un personaje de principio a fin», explica Orazi. Augusto es un personaje que va adquiriendo existencia a medida que las cosas le van pasando y su vida va ganando realidad. Es un joven encerrado dentro de la mente de un señor. Su existencia es pura comicidad, pero también convive con mucho dolor porque él parece un personaje que hubiese nacido simplemente para sufrir y morir.

Juan Paños es Augusto Pérez en ‘Niebla’.
«Me he embarcado en esta aventura con mucha fe en el viaje de la obra y con mucho amor a Augusto. Para mí Augusto es un Quijote», confiesa Orazi. Comparte con él esa visión trágica de la vida cargada profundamente de humor. Niebla es ante todo una obra muy divertida y cargada de ironía donde Unamuno reflexiona sobre la condición del ser humano y también del ser español. Solo el humor hace posible adquirir una distancia suficiente para afrontar el sentido trágico de la existencia.
Augusto es un personaje fascinante que con una belleza que podríamos calificar como poética soporta un ridículo genuinamente honorable. «El artificio de la comedia como lenguaje es la forma en que se despliega la trama de Augusto. Quería que la obra fuera claramente un artefacto, que vos ves los hilos, ves el artefacto, pero que conmueva. También hay mucho juego de clown, ese ser al que todo le entra muy profundamente y que de todo sale con ligereza», puntualiza Orazi.
‘Niebla’: Un viaje de identidad
«Y por eso os digo, lectores de mi Niebla, soñadores de mi Augusto Pérez y de su mundo, que esto de la niebla, esto es la nivola, esto es la leyenda, esto es la historia, la vida eterna».
Niebla, Miguel de Unamuno
Una de las originalidades de la novela es ese giro final tan inesperado como celebrado de los últimos tres capítulos donde el personaje decide rebelarse a su autor. Augusto viaja a Salamanca a hablar con Unamuno y le confiesa que se quiere suicidar; el autor entra dentro de la obra también como otro personaje. En el caso de la propuesta teatral el encuentro no se produce como lo pergeñó Unamuno, de hecho, él no aparece, pero sí hay una escena entre el personaje y, como la compañía ha decidido llamarlo, el encargado de la trama. «Quería que con el autor hubiese una relación similar a la que tenemos con Dios. Entonces así Augusto se pone a hablar con él. Cuando decidí que iba a hacer Niebla lo primero que hice fue leer el libro de Job de la Biblia. Especialmente al principio escribí mucho en la línea de relación con el creador bíblico: “¿Por qué tú y por qué me haces a mí pasar por esto?”», expone Orazi.
Concretamente a partir de esta premisa nace el planteamiento que sintetiza Niebla, y a través del cual Unamuno expone su obsesión y preocupación vitales: en definitiva, en esta vida todos somos entes de ficción. «Así es, todos somos entes de ficción, si no, ¿cómo podemos soportar todo esto que es la vida? Todos estamos entramados en una construcción ficcional de la vida. De aquí deriva nuestra ilusión de control, nuestra idea de creernos dioses e inmortales», afirma Orazi. La propuesta escénica, al igual que la novela, juega en todo momento con cuán real y auténtica puede ser la ficción en términos de conmover, interpelar, atravesar y hacer vivir al público una experiencia verdadera.
En conclusión, en Niebla Unamuno logra superar el problema de la dualidad entre realidad y ficción. «Pone en el centro la comedia como experiencia humana, lo verdadera que es la experiencia de la ficción. Lo ficcional, que es todo lo que nos vamos montando en la vida, es también una ficción porque, en definitiva, la identidad es una ficción», concluye Orazi.
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