Que la crianza no es sencilla es algo que uno sabe o, al menos, intuye. Que la vida se tornará compleja con la llegada de la adolescencia también es una premisa que está ahí saludándote desde lejos mientras los años pasan y los padres y madres van viendo cómo se acerca y de repente toca. Pero cuando la estructura se desmorona y todo lo que creías que habías enseñado a tu hijo se ha desvanecido o quizás nunca haya estado allí ¿qué pasa? ¿Qué sucede cuando la situación se vuelve insostenible? ¿Hasta qué punto hay que aguantar agresiones y vejaciones como progenitores? En Artiga (en la Sala Tarambana hasta el 29 de marzo) podremos reflexionar sobre la crianza y la responsabilidad de la paternidad en el presente. En este texto, de Daniel J. Meyer, el actor Javier Lázaro nos muestra el recorrido desde el amor blanco sin límites como padre hacia su hijo cuando es bebé hasta el estallido de una adolescencia marcada por reacciones agresivas, racistas y homófobas. Una obra que explora esta difícil relación que llega a un punto de inflexión en el que quizás hay que artigar para plantar de nuevo. Javier Lázaro charla con Teatro Madrid sobre la crianza, el peso de los referentes de las redes sociales y los detalles de esta producción de La Mercantil.

El actor Javier Lázaro en el escenario de ‘Artiga’.
Artiga habla de crianza, de la relación de un padre y su hijo adolescente, y de hasta dónde pesa esa paternidad cuando la relación se torna insostenible.
Artiga es la historia de una crianza, con todas las aristas y todo lo que podemos derivar de eso. De una manera muy inteligente y muy cronológica, para que sea muy fácil de seguir, el autor nos va presentando desde que el hijo es bebé hasta que llega la adolescencia y surgen los problemas lógicos de la adolescencia, pero que en este caso – como es una obra de teatro y tiene que haber conflicto- estos problemas se disparan.
¿Se puede contar por qué la obra se llama Artiga?
Es una palabra muy bonita. Es un nombre propio que procede del verbo artigar. Artigar es preparar el terreno, un terreno rústico (una finca) quemar los rastrojos, roturarla y prepararla para plantar de nuevo una nueva cosecha.
«Artiga» es una palabra muy bonita. Es un nombre propio que procede del verbo artigar. Artigar es preparar el terreno, un terreno rústico, quemar los rastrojos, roturarla y prepararla para plantar de nuevo una nueva cosecha.
El hijo comienza a tener actitudes homófobas, agresivas y problemáticas respecto a los valores que ha vivido y recibido en casa. Su autor se pregunta ¿se puede y tenemos que aceptar sin límites esos insultos o vejaciones hacia nuestra esencia o principios?
Es una de las grandes preguntas de la obra. Hasta qué punto los progenitores debemos aguantar algunas actitudes que consideramos absolutamente insoportables. No se pueden aguantar actitudes racistas, homófobas, violentas, agresivas para con los progenitores y para con terceros. Hasta qué punto podemos renunciar incluso a la patria potestad llegado el caso. Porque se habla mucho de que los menores pueden pedir la emancipación, pueden pedir al juez que se les prive de la patria potestad, de la protección de los derechos del menor…. La otra cara de la moneda es qué pasa con esos padres que se encuentran en unas situaciones absolutamente insostenibles de hijos adolescentes, que no entienden nada, que no saben cómo asumirlo o cómo afrontarlo y a quién pueden pedir ayuda. ¿Es legal renunciar? ¿Se puede pedir? ¿Hasta qué punto tenemos que aguantar? Lógicamente tenemos que aguantar, son nuestros hijos, pero ¿es lícito aguantar hasta estas agresiones verbales o físicas? En Artiga nos lo planteamos.
El foco está puesto en la incomodidad del padre, como mencionabas hay más textos desde el punto de vista de los hijos. En Artiga entiendo que también se ve un recorrido en este rol desde el amor más inmenso por su hijo en los primeros años de vida hasta la pregunta de ¿quién es este adolescente y qué ha pasado con mi hijo?
Además, mucho público que nos viene a visitar nos dice que se siente muy identificado porque en cuestión de dos o tres meses como padres pasamos de decir cuánto quiero a mi hijo a quién es este monstruo, quiero que se vaya, y quién se ha comido a mi hijo. En la obra de teatro planteamos primero un mundo mucho más naif, más maravilloso. Vamos metiendo también cómo vamos hiperactivando a los niños con todo tipo de juguetes regalos, materialismo que no le falte de nada y qué pasa y por qué se produce ese cambio. Todos cuando hemos sido adolescente necesitamos protestar y tenemos esa figura de nuestros padres que nos caen mal pero hasta cierto punto.
«Como padres ¿hasta qué punto tenemos que aguantar? Lógicamente tenemos que aguantar, son nuestros hijos, pero ¿es lícito aguantar hasta estas agresiones verbales o físicas? En Artiga nos lo planteamos»
¿Qué te ha servido de inspiración?
Mucha gente me pregunta si he tenido un hijo así y siempre respondo que menos mal que no. Tenemos un hijo que ahora tiene 20 años y ya lo ha pasado ese punto. Ha visto la obra varias veces y nos lo pasamos muy bien hablando del tema; me dice “qué suerte habéis tenido, Javi”. No se ha portado así, pero también ha tenido lo suyo. Me ha servido de inspiración él por la manera de comportarse de los adolescentes, también historias que he leído, hablas con gente de padres que han pasado por estas situaciones… te enriqueces por muchos lados.
Si Artiga se ve en familia – que siempre es buena cosa ir al teatro en familia – ¿qué crees que comentarían un padre y un hijo sobre esta obra?
Pregunta maravillosa porque el sábado pasado vinieron una madre con su hija de 15 años a ver la obra y se quedaron a charlar un poco con nosotros. La niña nos contó que le había gustado y que quería ir con otras amigas que -me dijo- les iría muy bien ver el tema. Es muy bonito ver los dos puntos de vista. La madre le decía a la hija “yo me he sentido así”; y la hija le decía “es que yo, como adolescente, tienes que respetar mis espacios, entender que tengo mi independencia”. Al final las dos decían que se entendían más la una a la otra después de ver la obra y eso es muy bonito.

‘Artiga’ es un monólogo de Daniel J. Meyer, interpretado por Javier Lázaro.
¿Crees que se cargan mucho las mochilas de los hijos e hijas con expectativas que no nos dejan ver la realidad de la persona que se está construyendo? En esa edad tan crítica de la adolescencia y de esa primera juventud.
Se carga muchísimo. Los padres nos cargamos muchísimo de responsabilidades y expectativas. También respecto a la sociedad, lo que se nos impone de ser superpadres y supermadres, que nuestros hijos tienen que ser todos ingenieros de la NASA… Yo creo que nos estamos pasando mucho. El materialismo, la sobreprotección y el gran tema: los móviles y las redes sociales. Eso nos esclaviza totalmente y a los chicos, la sociedad les exige unos valores a través de las redes sociales que son mentira, porque son redes sociales que se manipulan tan fácilmente…
¿Igual estamos desconectando de la realidad a través de esas redes sociales?
Un adolescente tiene que ser independiente y tiene que alejarse de sus padres, es lógico. Lo que pasa es que ojo con los referentes que estamos tomando. Hay que pensar si nuestros referentes son los de una red social, sea Tik Tok o lo que sea, que están absolutamente manipulados o son otros referentes que son los normales de tu entorno y de tu alrededor, otras personas mayores, amigos, amigas, formación de nuestras escuelas… Pero si nuestros referentes solo son aparatos y ciertos instagramers e influencers (que ya sabemos lo que son) se genera un caldo de cultivo peligrosísimo para nuestros adolescentes.
«Un adolescente tiene que ser independiente y tiene que alejarse de sus padres, es lógico. Lo que pasa es que ojo con los referentes que estamos tomando. Hay que pensar si nuestros referentes son los de una red social que están absolutamente manipulados o son otros referentes que son los normales de tu entorno»
La escenografía y los objetos tienen un peso muy específico en la narrativa de este monólogo ¿Qué nos explican y cómo te apoyas en ellos para dibujar a este padre?
Hay un objeto principal y central que es un gran baúl y no diré mucho más para no hacer spoilers. A partir de aquí queríamos crear todo el imaginario para el público sólo a través de un objeto del que salen muchísimas cosas. Para mí ha sido muy importante la manipulación de los objetos. Es fundamental porque es la manera que tengo de apoyar toda esa dramaturgia. No dejo de ser solo un actor (aunque interpreto varios personajes) en un escenario y tengo que apoyarme de lo visual, de lo lumínico, para que se trasmita al espectador lo que queremos explicar. Y está funcionando muy bien, nos están diciendo que el espectáculo está muy bien compensado entre la interpretación y el apoyo de todos esos objetos que explican lo que le está pasando a ese padre.
¿Cuál es la parte más compleja para ti, para tu trabajo de actor, con este texto?
Yo siempre digo que más que monólogo es una obra de teatro en la que un actor lleva a cabo varias voces. Lo que me ha vuelto loco es la disociación absoluta entre lo físico, lo intelectual y la palabra. Es un texto en el que hay tanto subtexto, hay tanta reflexión profunda en cada frase. Además, entramos en el mundo de la locura de un padre que tiene que cuidar a su hijo y a la vez tiene que atender a sus amigos y tiene que trabajar, eso genera una disociación mental que me ha resultado complicada. El resultado tiene que ser muy de cirujano, cada movimiento y cada palabra tiene que estar en su lugar y cada movimiento y objeto que muevo tiene que acompañar a lo que quiero decir.

Detalle del cartel de Artiga, una producción de La Mercantil que podemos ver en la Sala Tarambana
¿Qué cualidades le has querido aportar, qué le has donado a este padre contrariado?
Le he intentado dar mucha verdad y mucha honestidad. En el teatro todo es mentira pero me gusta decir que el público firma un contrato cuando entra por la puerta que dice “me voy a creer todo lo que me vas a decir siempre que sea creíble”. Luego hay una palabra que caracteriza a este personaje que es la “fragilidad”. Este padre es frágil, se expone totalmente, se desnuda literalmente en el escenario. Dice “esto soy yo, esto es lo que he hecho, sí la he cagado, sí me he equivocado, soy una persona y tengo miles de defectos y alguna que otra virtud y puede ser que no haya sabido educar a mi hijo”. Pero ¿por qué no artigarlo todo y poder empezar de cero? Siempre tiene que haber esperanza en la vida, siempre podemos empezar de cero.
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