EN TEATROS DEL CANAL, DEL 2 AL 14 DE JULIO

¿Qué es «ser un hombre»?

La ópera de Nao Albet y Marcel Borràs, con música de Fernando Velázquez, es una coproducción del Teatre Lliure, el Gran Teatre del Liceu, Teatros del Canal y el Teatro Real de Madrid, con la colaboración de la Joven Orquesta Nacional de España.

¿Qué es «ser un hombre»?

Con esta pregunta en el aire cerraba Marcel Borrás la rueda de prensa de Los Estunmen. Esta pregunta ha quedado suspendida en el aire, hasta que cada uno de los asistentes nos hemos llevado la duda en nuestras cabezas, como obsequio.

Como una canica que baja por un túnel y rebota haciendo «clic», lejos de darme una respuesta, me ha llevado a otra reflexión: ¿Dónde nace la violencia que atraviesa la violencia de género? Los datos son demoledores, según el estudio del INE en 2025, la tasa de víctimas de violencia de género fue de 1,5 por cada 1.000 mujeres de más de 14 años. Solo el año pasado se registraron 33.373 mujeres víctimas de violencia machista.

Los Estunmen es la nueva ópera en un acto creada por Nao Albet y Marcel Borràs, con música de Fernando Velázquez. Una pieza que no busca responder de forma cerrada qué significa “ser un hombre”, pero sí desmontar las imágenes, relatos y violencias que históricamente han construido esa idea. Y lo hace desde un lugar inesperado: el universo de los especialistas de cine.

Imagen de 'Los Estunmen' de Fernando Velézquez.

Imagen de ‘Los Estunmen’.

La obra parte de un hecho brutal: un mass shooting perpetrado por un adolescente. A partir de ahí, Evangelina -la madre del joven- inicia un viaje casi onírico para intentar comprender por qué su hijo hizo lo que hizo. Ese descenso la lleva a encontrarse con diferentes figuras heroicas que han atravesado la cultura occidental y que, de alguna manera, han modelado la masculinidad contemporánea.

Nao Albet definía durante la presentación el corazón de la obra como una investigación sobre “esta masculinidad tóxica del patriarcado que nos atraviesa a todos”.

Albet y Borràs colocan a los especialistas de acción en el centro del escenario, como el gran símbolo del héroe contemporáneo.

Bruce Willis también educó nuestra masculinidad

Uno de los grandes hallazgos del montaje es cómo conecta los héroes clásicos con los referentes cinematográficos de los años 90 y 2000. Albet y Borràs citan explícitamente El tiempo del héroe, el ensayo de Núria Bou y Xavier Pérez, como una de las referencias fundamentales para construir la obra. El libro analiza cómo la figura heroica ha ido mutando a lo largo de la historia del cine: desde el héroe ligero y casi acrobático del cine mudo hasta el héroe musculado, pasando por el detective atormentado del cine negro o el héroe hiperviolento del blockbuster contemporáneo.

Y es precisamente en esa última mutación donde Los Estunmen encuentra su núcleo generacional porque los héroes que conformaron emocionalmente a toda una generación ya no provenían de la épica clásica, sino del cine de acción estadounidense. Bruce Willis, Nicolas Cage, Schwarzenegger, Van Damme y un largo etcétera.

Hombres duros, solitarios, hipermasculinizados. Personajes que resolvían el conflicto a través de la violencia física y cuya vulnerabilidad emocional casi siempre quedaba reprimida.

Nao y Marcel se preguntan hasta qué punto esos modelos han configurado una determinada idea de masculinidad. Una masculinidad donde el éxito se mide en resistencia, fuerza y capacidad de imponerse.

De Hércules a los gym bros

La obra conecta esos héroes cinematográficos con fenómenos completamente contemporáneos. Marcel Borràs establecía durante la rueda de prensa un vínculo directo entre aquellos arquetipos heroicos y los actuales gym bros que dominan parte de las redes sociales.

El héroe clásico reaparece ahora bajo la lógica del capitalismo tardío: «sé tu mejor versión, conquista el mundo, no seas débil, compite constantemente contigo mismo y con los demás». La masculinidad se convierte así en un proyecto de rendimiento permanente.

Y quizá ahí reside una de las preguntas más incómodas de Los Estunmen: qué ocurre cuando esos modelos heroicos, atravesados por la competitividad y la violencia, se convierten en la única forma posible de entender lo masculino.

La violencia como espectáculo

La violencia atraviesa toda la obra. Está en el punto de partida dramático. Está en las armas de fogueo que forman parte habitual del universo escénico de Albet y Borràs. Está también en los referentes culturales que alimentaron a toda una generación.

La obra pone bajo el foco la violencia incrustada en ciertos comportamientos masculinos y en determinadas formas de entender el poder, el éxito o la identidad.

Nao Albet lo explicaba claramente durante la rueda de prensa:

“Lo que pretendemos poner en tela de juicio es la inherente violencia que aparece en los comportamientos humanos y claramente masculinos”

Por eso el mass shooting inicial funciona como detonante contemporáneo de toda la reflexión. Porque obliga a formular la pregunta más incómoda de todas: ¿cómo puede un adolescente llegar a ejercer una violencia tan extrema?

A diferencia de otras piezas anteriores de la compañía, aquí existe una voluntad explícita de proponer una salida. Marcel Borràs lo resumía de forma sencilla durante la presentación: “La obra va de poner el amor por delante de la violencia”. Y añade Nao Albet: «nos parecía interesante poner en el centro a una mujer. La madre observando, intentando comprender, tratando de descifrar el funcionamiento de ese universo masculino».

Evangelina se convierte así en el corazón de la obra. Frente al héroe musculado y competitivo aparece una figura atravesada por la necesidad de comprender.

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Escrito por
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Redactora Jefa de Teatro Madrid. Estudié Ciencias de la Información en la Complutense e interpretación con la técnica Meisner y Lecoq, donde descubrí la importancia de la escucha y el potencial del cuerpo.

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