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Descomunal

Oriol Pla desafía los límites del clown en Gula y nos coloca frente a un espejo que muestra el exceso de estos tiempos. A través de la carcajada, Pla construye un universo donde lo grotesco y lo tierno se entremezclan generando un foco de atracción ineludible para el espectador.

‘Gula’ está hasta el 15 de febrero en el Centro Dramático Nacional.

La esencia del silencio y la pausa medida se contrapone al histrionismo más desbordado, en un delicado equilibrio que Pla maneja con precisión quirúrgica. Cada gesto y cada mirada conforman una expresión corporal totalmente milimetrada. En este viaje sideral que te absorbe como un agujero negro, la música en directo de Pau Matas no es un mero acompañamiento: actúa como contrapunto emocional, aportando momentos de calma que oxigenan una escena cargada de energía y pulsión vital.

Pla encarna al niño que llevamos dentro, con todas sus contradicciones y deseos desmedidos. Ese niño que juega, que se equivoca, que empuja los límites sin medir consecuencias. El espectáculo se convierte así en un diálogo constante con el público, al que interpela sin artificios, haciéndolo partícipe de un reflejo colectivo: lo que fuimos, lo que somos y aquello en lo que podríamos convertirnos.

Mediante el juego escénico, Pla y Matas nos conducen de la mano hacia un mundo tan perverso como frágil, un territorio donde la risa acaba transformándose en pregunta: ¿para ti qué es lo más importante?

Lo descomunal aparece aquí como exceso y como logro: una puesta en escena que se sale de lo común y, precisamente por eso, resulta inmensa. Bravo.

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Escrito por
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Redactora Jefa de Teatro Madrid. Estudié Ciencias de la Información en la Complutense e interpretación con la técnica Meisner y Lecoq, donde descubrí la importancia de la escucha y el potencial del cuerpo.

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