En una casa junto a la playa viven un hombre y una mujer, enamorados, acomodados, en un entorno bonito y agradable. Cuando el mar arroja a la orilla los cuerpos sin vida de unos refugiados, adultos y también una criatura, cada uno reacciona de una manera distinta y la relación de pareja se desmorona. El silencio del que antes disfrutaban se convierte en un abismo de incomprensión.

‘Rompientes’ es un díptico escénico sobre dos obras del autor belga Paul Verrept.
José María Esbec dirige Rompientes, un díptico escénico que aúna dos de las obras más recientes del autor flamenco Paul Verrept. Un espectáculo que nos habla de la empatía, de cómo nos comportamos ante la amenaza de que algo va a perturbar nuestra felicidad, del impacto que puede tener el mundo sobre nuestra vida privada. La obra se podrá ver del 5 al 22 de marzo en el Teatro de La Abadía.
Hablamos con Rebeca Hernando y Fernando Guallar, los dos protagonistas del montaje que dan vida a un matrimonio que naufraga ante el dolor de un mundo que se ahoga y que cambiará de forma irreversible su vínculo.
¿Qué conocíais sobre Paul Verrept antes de embarcaros en este proyecto y cómo vivisteis la primera lectura de la obra?
Fernando Guallar: Yo no lo conocía. Honestamente no sabía nada de él y a mí me llegó el texto después de la propuesta formal del productor y el director. Es un texto tan especial y tan peculiar que siento que cada lectura se ha ido como quitando una capa y otra y otra. De verdad, no me identifico para nada con la persona que leyó el texto por primera vez. Me parece increíble cómo requiere de mucha atención; es un texto muy profundo.
Rebeca Hernando: Yo tampoco lo conocía. Conocemos poco del teatro belga en España. A mí me encantó en la primera lectura; me pareció súper bonito, poético y muy delicado.
Pleamar y La huida son dos monólogos que unidos conforman Rompientes. Son dos versiones de la misma historia: Pleamar es el relato de ella y La huida el de él. ¿Quién es ella? ¿Quién es él?
R.H.: Ella es una mujer europea con una vida tranquila que se podría decir feliz. Ella vive bastante aislada de lo que pasa en el mundo y de cualquier interferencia en su existencia sosegada. Vive en paz con su pareja. Pero también es una mujer que responde con amor, con humanidad, cuando el mundo entra en su casa.
F.G.: Él es la otra parte de la pareja que evidentemente también por sus decisiones tiene un estilo de vida aislado. Creo que son una pareja privilegiada, con una vida tranquila, que creen que su relación funciona como pasa tantas veces en muchas relaciones. Ante tal acontecimiento que les sobreviene, él lo que siente es un bloqueo brutal, se siente absolutamente sin recursos de ver a la mujer que quiere, que ama, no sé si bien o mal, de verla tan superada por la situación. Porque además al verla así, él emprende una huida y es muy interesante el viaje que tiene él.

Rebeca Hernando y Fernando Guallar son los protagonistas de ‘Rompientes’.
El texto de ella está escrito de una manera en la que ella le habla constantemente a él. Sin embargo, él nunca le habla a ella; él habla todo el rato a otras dianas, se refugia en otros narradores, en su infancia, allí donde sí encuentra la vulnerabilidad. Es un tipo de hombre que está cómodo en según qué sitio, y quizás cuestionarse implica para él un esfuerzo casi sobrehumano. Tendrá que pasar por cierta catarsis y casi disociación en algún momento, que es lo que le pasa en la función.
R.H.: Creo que el problema que plantea es el de hacerse cargo: «¿Puedo hacerme cargo o no de esto que está pasando?»
F.G.: Quizás podemos elegir.
R.H.: Claro, pero hay que hacerse cargo, no todo el mundo puede posicionarse en el mismo lugar, pero al menos mirar, hacerse cargo de que eso está pasando. Siento que ella se hace cargo y él no.
F.G.: Él decide no hacerse cargo. Como actor he tenido que tomar distancia con el personaje. Me ha gustado mucho, primero, ir entendiéndolo; luego, tener la necesidad de justificarle, y finalmente no tener la necesidad de hacerlo, simplemente evitarle. Ha sido bastante bestia el proceso.
Efectivamente la pareja emprende un gran viaje emocional cuando se desmorona su vida cómoda, tranquila y satisfactoria, en principio, donde ellos sienten que tienen todo bajo control. De pronto, sucede algo externo a ellos que les conduce a una crisis ética donde va a entrar también en juego el dolor ajeno. ¿Cómo les transforma ese dolor y cómo afecta a su relación?
R.H.: El tema del control es muy interesante porque es verdad que vivimos en una sociedad donde necesitamos muchísimo control sobre nuestra vida y nuestra seguridad. Es completamente anormal ese control y creo que nos provoca mucho más miedo. Esa necesidad de tenerlo todo controlado hace que cualquier descontrol sea realmente una emergencia y nos hace vivir aterrados. Entonces, el dolor ajeno, porque el dolor propio lo sentimos mucho, quizá nuestra sociedad no participa de ello, y eso es una pena grande. Tendríamos que estar más disponibles para el dolor ajeno y probablemente menos para el propio.
F.G.: Al final hay algo en relación al privilegio que tiene que ver con que nos aterra perderlo. El simple hecho de plantearte que hay otras personas implica que existe la posibilidad de, en primer lugar, ser un poco egoísta y no valorar tu privilegio de la manera que deberías y, además, no ser capaz directamente de ver a esas personas, porque reconocer su existencia implica que podrías perder tus privilegios si vienen a ocupar un lugar que antes era nuestro, y eso da mucho miedo. Es una elección, una decisión de vida. ¿Cuánto estás dispuesto a que te afecte y a tolerar el dolor ajeno? ¿Cuánto estás dispuesto a sacrificar de lo tuyo? Ya sea de tu energía, tu tiempo, tus recursos.
R.H.: Y de tu seguridad.
El concepto de lo ajeno conecta directamente con el que es el gran interrogante que lanza el espectáculo: ¿Qué es la empatía y qué hacemos con ella? ¿Qué significa para vosotros la empatía tanto la individual como la colectiva?
F.G.: Para mí la empatía es una forma de vida y una decisión política. Es una manera de enfrentarte al mundo y de relacionarte con él. Tenemos una necesidad de hacer apología de la empatía, de la sororidad, de la ternura, de la amabilidad. Elijamos la empatía como una forma de vida sabiendo que nos vamos a equivocar y que podemos hacer daño a la otra persona y que podemos, de repente, no estar siempre en el lugar correcto. Comunicación y empatía.
R.H.: A nivel social creo que sí que hay empatía. Hay muchas redes. Creo que lo que bloquea de ver a los demás, que esto es la empatía, es el miedo. Cuando tenemos miedo no vemos y tenemos demasiado miedo todo el rato: el estrés es miedo, la preocupación es miedo, la hostilidad es miedo, o sea, el mundo nos parece hostil. Si tú entras a un lugar nervioso, tú no estás viendo a esas personas, las ves como potenciales amenazas, no las ves como seres humanos. Por ello, cuanto más miedo tenemos a los demás menos podemos verlos.
Teniendo en cuenta el viaje que hace esta pareja, ¿cuáles son para vosotros los principios y valores que creéis más fundamentales para forjar una relación que sea honesta, sólida y cómplice?
R.H.: A mí me parece que sostener una relación madura, respetuosa, en general, es muy difícil. Yo tengo pareja desde hace muchos años, y tengo una pareja que quiero tener y que me parece muy buena. Pero es cierto que para que una pareja fuera así tendría que estar en igualdad absoluta, y creo que eso no es posible ahora mismo en las relaciones, por ejemplo, heterosexuales, que es la relación que yo tengo.

El espectáculo nos muestra la vida de un matrimonio que naufraga ante el dolor de un mundo que se ahoga.
Vivimos en una sociedad completamente patriarcal y, aunque las parejas intentamos y aspiramos a ir mejorando, sigue estando instalada una forma de ser, de vivir y de enfrentarse a todo, que es medular, que es patriarcal. Entonces, es muy complicado encontrar una relación así en un mundo tan desigual. Para mí, el asunto está en saberlo, ser consciente de todo eso e ir intentando transformarlo.
F.G.: A mí me parece muy difícil, yo hablo desde la otra cara de la moneda. La mayoría de mi vida he estado soltero, y quizá está relacionado también con que muchas veces me he sentido muy incomprendido, porque para mí las necesidades básicas, en cuanto a la construcción de una pareja, tienen que ver mucho más con una parte de mucha intimidad. Para mí construir una pareja requiere de cocción. Y luego la gran clave es la comunicación. En muchas ocasiones el problema es que no nos atrevemos a comunicarnos. Honestidad, comunicación, tiempo y calma.
El autor Paul Verrept se muestra bastante pesimista acerca de nuestro devenir social. Quiero compartir con vosotros una frase bastante desalentadora que escribió en torno a la creación de los dos monólogos: «Somos adictos a nuestra comodidad y a un modo de vida que está ya en las últimas. La verdadera crisis contemporánea es que nuestra sociedad no puede cumplir con lo que pretendía ser». ¿Cómo os interpelan estas palabras?
R.H.: Yo me opongo. Siempre hay posibilidad de estar mejor, creo que hay una cosa que es el consumo desenfrenado que se tiene que acabar porque es insostenible. Puede que Verrept lo dice como algo catastrofista, pues vamos a verlo como algo que podemos cambiar a mejor, intentar construir una sociedad que no se base para estar bien en pisotear otras latitudes, otras masas trabajadoras, que se sostenga sobre otros puntales más dignos. Confío en poder encontrar otra manera de funcionar que sea mucho mejor para todas.
F.G.: Sí, a mí ese discurso catastrofista, en primer lugar, me da miedo hacia dónde podría ir y me da muchísimo miedo saber, casi con contundencia, que en esta posible catástrofe siempre los que más van a sufrir son los mismos. Entonces hay una obligación de mantener la esperanza en lo cotidiano. Y, en segundo lugar, creo que tenemos que emprender una lucha, y esto puede sonar mal, contra la ignorancia, creo que tenemos que volver a perseguir la sabiduría, la inquietud; es otra manera de tener empatía y de entender la historia.
Por otro lado, sale muy gratuito mentir en esta sociedad; sin embargo, desmontar una mentira requiere de muchísimo tiempo, mucha energía y escucha. La ignorancia y la mentira me parecen aterradoras.
Compra ya tus entradas:
