La RAE dice que la gula es el ‘vicio de comer y beber exageradamente y sin moderación’, pero para Oriol Pla y Pau Matas Nogué, la gula va más allá de eso. Tampoco se refieren con ella a uno de los siete pecados capitales. Pero sí hay algo del capital bajo esta idea. O, más concretamente, del capitalismo.
Los creadores de Gula/Gola han querido indagar en «la necesidad de poner énfasis en aquello que nos corrompe», dicen; en el consumo compulsivo hasta de las emociones. «No para, no para. Quiere saborearlo todo. Y salta, superficialmente, por encima de las cosas», reza el inicio de la sinopsis del espectáculo. Un espectáculo que llega al Centro Dramático Nacional y estará en la sala grande del Teatro Valle-Inclán del 9 de enero al 15 de febrero.

Oriol Pla en ‘Gula/Gola’
Oriol Pla, solo en escena
«Había un deseo de hacer un solo», explica el actor, y afirma que «en el teatro físico siempre hay ese deseo». Y ese deseo se conjugó con la idea de la glotonería, de la gula, que define como «una especie de relación conductual en base a la sociedad». Pla, Matas y Clàudia Flores, que entró a formar parte de la producción artística, se metieron en un local para investigar sobre esta relación, y llevaron la propuesta hasta la extenuación: «la caña física que se mete Pla en escena es increíble», afirma Alfredo Sanzol, que vio el espectáculo en el Teatre Nacional de Cataluña y se decidió a programarlo en Madrid.
El interés esencial de Pla era generar un proceso escénico en el que se enfrentara, solo, al espacio, al público. Contaron con varios lenguajes teatrales y varias técnicas artísticas: textuales, de commedia dell’arte, del clown, de performance, de la danza, etc, formando un híbrido con todas ellas. «Uno de los retos creativos que tuvimos era cómo poder trabajar con diferentes disciplinas sin caer en el relato de número. Sin caer en “ahora el número que canta, ahora el número que baila”», explica Matas.
Este monólogo en el que conviven palabra y cuerpo o, mejor, técnicas vocales y corporales, configura la historia de un personaje que sumerge en lugares «de aburrimiento, incómodos, de silencio» en los que nadie quiere estar. Y Pla lo hace solo. O casi, porque aunque él actúe solo, lo cierto es que le acompaña en escena Pau Matas (que alterna con Marc Sastre).
Música en directo
Matas explica que la música que acompaña a Pla en escena se toca con una guitarra «que no fuera virtuosa ni extremadamente sorprendente». Buscaron una música tranquila, vivencial, y su referente fue el guitarrista catalán Toti Soler (aquí puedes escuchar una de sus piezas).
La guitarra ofrece una oposición al consumismo, al extremo, a la glotonería. Le da espacio al personaje para que este pueda expandirse y buscar, con ansia, sus límites. La música, que también puede ser sinónimo de gula (Spotify es un ejemplo de ello: se puede consumir música incansablemente, sin control ni raciocinio), en este espectáculo opta por quedarse al margen y hace de «contrapunto de la gula», afirma Matas.
Una propuesta minimalista
Salvo la gula del personaje, todo lo que hay en el espectáculo es mínimo. En escena solo se ve una máquina expendedora. La escenografía de Sílvia Delagneau (que también firma el vestuario) juega con esa idea: un solo elemento como símbolo del consumismo más hambriento. Un expositor de pseudoalimentos extremadamente caros, bastante insanos, con los que siempre existe la duda de si conseguiremos obtenerlo o se quedará atrapado hasta que vuelvas a meter una moneda para que uno caiga sobre el otro. Una máquina expendedora como símbolo, y el cuerpo de Pla para relacionarse con ella. Y con el espectador.

Imagen de ‘Gula/Gola’
Gula/Gola: no parar de consumir
Pla y Matas apuestan, en este espectáculo, por dejar de vivir «como en un anuncio». Es decir, por sumergirse en la tristeza, en el aburrimiento, en la frustración… en todo aquello que este sistema capitalista no acepta que mostremos. Y, dentro del sistema, las redes sociales como escaparate de vidas perfectas, llenas de filtros, irreales y profundamente antisociales, que solo buscan la aprobación del otro a través de la apariencia. Las redes, afirma Matas, son «un ejemplo más de las cosas estructurales que no funcionan»
Toda la locura del consumismo tiene un irremediable destinatario: nuestra salud mental. No dejar de engullir (comida, productos, vídeos en TikTok), no pararse a reflexionar, no calmarse, no aceptarse tal y como uno es. Todo eso impide que nuestra sociedad se deje atravesar por el miedo y empiece a aceptar el vacío como lugar posible en el que estar.
Teatro hacia el vacío
«No hay trama. Ese era el ejercicio. Dejarse llevar por los materiales y el deseo de los temas y a ver, ese trabajo, hacia dónde iba», resume Matas. Estos creadores no se han lanzado a generar un espectáculo con una tesis fija y un argumento desarrollado, sino que con la búsqueda de diferentes técnicas, de distintos lenguajes, con el deseo de crear y con la necesidad imperiosa de jugar en escena fue surgiendo un personaje, y dejaron que se expresara sin ponerle límites para, poco a poco, dar forma a lo que estaba contando. Este es el ejercicio creativo, sin más, ni menos, pretensiones.
«Había una vez una niña que no tenía nada». Esta es la frase que los creadores eligen cuando se les pide que digan la primera que se les ocurra, del espectáculo. Seguramente lo resuma mejor de lo que parece: una niña, el juego, la actividad constante hasta la extenuación y el placer creativo; y no tener nada como meta para una sociedad que lo tiene absolutamente todo.
Los creadores de este espectáculo han generado una experiencia que huye de lo intelectual y aboga por lo visceral para, desde ahí, jugar con «unos espacios vacíos donde tú como espectador tienes que encontrarte», sentencia Pla. Gula/Gola no ofrece una historia cerrada, concluyente, porque tampoco ha sido ese el objetivo que impulsó a esta dupla a trabajar. No hay búsqueda de una teatralidad que acomode a nadie, que calme nada, que aclare nada. Pla lo resume así: «Nuestro trabajo es más poner las preguntas que las respuestas».
Ve a plantearte las preguntas que ‘Gula/Gola’ te propone. Y no tengas prisa en obtener respuestas. Eso, si consigues entradas, ¡que están casi agotadas!
