«Que de noche le mataron
al caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo».
Sería una auténtica tragedia que la vallisoletana que escribe estas líneas no conociera estos célebres versos del cantar tan bien como esa carretera que une los pueblos de Medina del Campo y Olmedo donde don Alonso, el caballero de Olmedo, se enfrentó a su aciago destino. Lo cierto es que más allá de estas tierras castellanas, El caballero de Olmedo es una obra del repertorio clásico muy conocida y querida, considerada no solo una de las más originales y complejas de Lope de Vega, sino uno de los títulos más importantes del teatro del Siglo de Oro español.

Elisabet Altube y Víctor Sáinz son doña Inés y don Alonso, los protagonistas de ‘El caballero de Olmedo’.
Tras su estreno en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y su paso por el Festival de Teatro Clásico de Olmedo, llega a Madrid El caballero de Olmedo, la primera producción propia de la Compañía Nacional de Teatro Clásico dirigida por Laila Ripoll desde que ha asumido la dirección artística de la institución.
Amor, muerte y destino son los ejes de una obra cuyo final deja un halo de escepticismo ante lo vano de la existencia. Un texto que se caracteriza por un mecanismo poético y teatral que alcanza la perfección extrema y con el que Lope de Vega rompe y se aparta extraordinariamente del modelo de comedia barroca, que él mismo creó, adelantándose al carácter poético propio del Romanticismo.
El espectáculo se podrá ver desde el 24 de septiembre hasta el 22 de noviembre en la Sala Principal del Teatro de la Comedia.
‘El caballero de Olmedo’: una tragedia basada en hechos históricos
El caballero de Olmedo es una, denominada por el propio Lope de Vega, tragicomedia que está basada en un hecho histórico que fue motivo de múltiples recreaciones artísticas: la muerte de don Juan de Vivero, caballero de Olmedo, a manos de su vecino Miguel Ruiz en 1521.
El texto, que Lope construyó sobre un cantar de gran difusión y origen desconocido, debió de escribirse en 1620, pero no se publicó hasta 1641, por lo que el Fénix de los ingenios no llegó a ver la obra impresa. Se desconoce si esto pudo ser así porque el manuscrito que se entregó a los cómicos para la representación pudo haberse perdido o si tuvo mucho que ver el hecho de que entre 1625 y 1635 las autoridades no concedieron permiso para editar comedias ni novelas en Castilla.
La historia nos presenta a don Alonso, un noble caballero de Olmedo, que va a la feria de Medina junto con su sirviente Tello. Allí ve a una hermosa dama, doña Inés, y se enamora de ella. Como es un extraño en Medina se vale de una alcahueta, Fabia, para enviarle una carta de amor. Ella, que también ha sentido el flechazo del amor, le invita por medio de Fabia a recoger una cinta verde que dejará en la verja de su jardín para que se la ponga y así certifiquen su amor. La fatalidad hace que la cinta y la nota amorosa de Inés caigan en manos de don Rodrigo, que pretende casarse con ella. Don Rodrigo sabrá después que es don Alonso y no él quien tiene el amor de Inés y, movido por los celos urde el crimen dando muerte a don Alonso cuando este, de noche, volvía a Olmedo.
La obra se asienta sobre el binomio amor muerte con el destino como testigo fatal. La muerte vence doblemente con el asesinato del caballero y con la orden de ejecución por parte del rey de aquellos que le dieron muerte.
‘El caballero de Olmedo’: el contraste entre la vida y la muerte, la luz y la sombra
Laila Ripoll dirige y también firma la versión de la que es su primera producción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico desde su llegada a la dirección artística de la institución. Ella tenía claro que quería que fuese un título con un significado especial y por ello ha elegido El caballero de Olmedo: uno de los textos más poéticos del teatro áureo español. Y también una de las obras más complejas de Lope de Vega y del repertorio barroco.
En la obra, desde el principio el público conoce mucho más de lo que saben los personajes lo que provoca una excelente tensión e inquietud ante la que podemos definir como una crónica de una muerte anunciada. Lo que empieza como una aparente historia de amor se termina convirtiendo en una angustiosa tragedia. Alonso será asesinado a traición y con su desgracia Lope lo convertirá en un precedente claro del héroe romántico, que inundará la literatura dos siglos después.
En la propuesta, que cuenta con una versión fiel al original, cuya intervención se limita a la necesaria clarificación de términos y reducción de repeticiones, la acción está situada en 1816, el año sin verano, debido a varias erupciones volcánicas que hicieron que el sol no pudiera llegar a la Tierra de una manera natural, lo cual produjo un larguísimo invierno de 365 días. En ese mismo año Mary Shelley escribe Frankenstein y John William Polidori inventa la figura del vampiro, que abrirá, sin duda la puerta al Romanticismo, que más tarde Bécquer encumbrará con sus rimas y leyendas, enlazando la magia con lo siniestro.
Señala Laila Ripoll que la poesía de los diálogos y sus situaciones en esta obra está cargada de mitos presentes en las historias de terror de muchas culturas. En este sentido para la Sombra se acuñará, casi dos siglos después, el término doppelgänger y llegará a ser tan popular que hasta aparecerá en una canción de Rosalía. Ya en el siglo XX, Freud hablará de Eros y Thanatos, las pulsiones contrarias pero inseparablemente unidas de la vida y la muerte. Todo esto le lleva a la directora a preguntarse: ¿Cómo no volver a Olmedo con todo ese arsenal de conocimiento contemporáneo?

Laila Ripoll apuesta por una mirada romántica de la tragedia del héroe contra su destino.
En su compromiso por volver a los clásicos y hacerlo ofreciendo una mirada nueva que encuentre vigencia y resuene en nuestra contemporaneidad, Laila Ripoll ha decidido centrarse en la característica más original del texto de Lope: don Alonso no es el clásico héroe barroco, su esencia está muy cercana a nueva concepción de lo heroico y lo viril que encontrará su auge literario dos siglos más tarde. Lope fue un adelantado a su tiempo y aquí radica gran parte de la genialidad de la obra. La apuesta de Laila por una visión romántica, gótica, unida a su propia condición como mujer le confiere a este espectáculo una personalidad genuina. Sí, a lo largo de los años se han representado distintos montajes de este texto, pero esta es la primera vez que una mujer se pone al frente de la versión y la dirección. Este es un hecho que marca notablemente la diferencia tanto en el enfoque como en la manera de abordar la naturaleza y sensibilidad de los personajes.
Desde el principio Laila Ripoll tuvo muy clara su idea y cuál era el gran reto: «El mayor desafío es precisamente mostrar a un Alonso vulnerable. Estamos acostumbrados a ver a Superman. Por eso, creo que es importante el punto de vista también de una mujer del siglo XXI. Hay una masculinidad distinta ahora mismo. Lo que nos enamora es diferente. Y sobre todo nosotras como mujeres sí sabemos lo que nos enamora. Estamos acostumbradas a ver lo que nos enamora con la visión de los varones. Hemos trabajado mucho qué es lo que nos excita, qué es lo que nos enamora, qué es lo que nos seduce en Alonso. Y no es Superman. Superman no nos enamora».

‘El caballero de Olmedo’, de Lope de Vega, abre la nueva temporada de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Don Alonso es vulnerable, un juguete del destino y de la envidia en una obra que nos habla del mal querer y también del mar perder; de desear como don Rodrigo lo que no se tiene y no ser capaz de aceptar lo que no se puede tener ni es de tu propiedad. «Romper con ese estereotipo creado desde el XIX, ha sido posiblemente lo más complicado. El conseguir un Alonso vulnerable, frágil, enamorado, tierno, generoso, noble y que no tiene nada que ver con la imagen del machote», explica Ripoll.
La ternura de Alonso se contrapone frontalmente con la personalidad del personaje de don Rodrigo, un claro antagonista con un carácter que cumple más con lo que se espera de un caballero. Pero fuera de su masculinidad, realmente no maneja los códigos de amor caballeresco, del cortejo, de la seducción lo que le llevará a vivir atormentado. Por su parte, Alonso, presenta coraje, pero también muestra su miedo, su vulnerabilidad. Esa humanidad para sobreponerse al temor y enfrentarse a él es su verdadera valentía, alejándose por completo del héroe clásico de las comedias del Siglo de Oro. El héroe romántico de luz y el antihéroe rodeado de sombras y oscuridad: don Alonso y don Rodrigo.
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