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Miguel del Arco: «Amo profundamente la libertad en la que vivo, por más precaria que sea»

21 junio 2019
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Han pasado diez años desde que el hall del Teatro Lara diera la primera oportunidad a una compañía que llevaba en su nombre, Kamikaze, toda una declaración de intenciones. Una compañía que se lanzaba con un espectáculo, La función por hacer, que acabaría siendo uno de los acontecimientos teatrales más significativos de los últimos tiempos a nivel nacional; de alguna manera, y sin pretenderlo, encendieron la mecha del cambio, convirtiéndose en el modelo soñado por las compañías emergentes del momento. Ahora han pasado los años y aquellos Kamikazes continúan situados en el ojo del huracán, una década que ha dado mucho de sí, llena de montajes, de filias y fobias, que les ha dado para curtirse por el camino, forjando una personalidad propia y que incluso les ha hecho responsables de un teatro, el Pavón, que es «su pasión y su agonía».

Hablamos con Miguel del Arco responsable, junto a su socio Aitor Tejada, del nacimiento de La función por hacer, el mascarón de proa de un barquito venido a buque al que se han ido subiendo Zorras, Jaurías, Lucrecias, Veraneantes, Antígonas, hombres, ratones y viceversa, Misántropos, Príncipes de Dinamarca, zarzueleras con ganas de gresca y una legión de espectadores, algunos para criticar y otros a disfrutar, pero todos han comprado su pasaje para unirse, al menos en un tramo del trayecto, a los Kamikaze.

Miguel nos atiende mientras da los últimos retoques a este regreso con el que celebran los diez años del estreno de La función por hacer, una vuelta que contará con el reparto original: Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Miriam Montilla, Manuela Paso, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez, Teresa Hurtado de Ory y Nuria García; aunque la celebración, nos dice su director, realmente es una despedida.

Miguel del Arco.- Nunca digas nunca jamás, evidentemente, pero esta vez es una celebración de cumpleaños para decir “Hasta aquí hemos llegado ¡Ya está bien!”. Han sido 10 años, pero es que la hemos seguido representando. De una forma intermitente la hemos representado mucho a lo largo de todos estos años. Hemos hecho gira americana, hemos hecho gira europea, ha vuelto a Madrid un montón de veces, pero yo creo que ahora ya todo apunta a que es realmente una despedida.

Teatro Madrid.- ¡Y la gente sigue como loca por el regreso!

MDA.- Con La función por hacer nos pasa un poco como con Juicio a una zorra que un día nos decía Carmen (Machi) “Es que me siento un poco ridícula volviendo a Madrid ¡Si ya van cuatro veces!”, pero es que pasa como cuando hay un concierto de Bruce Springsteen, cada vez que anunciamos que viene Juicio a una zorra, las entradas desaparecen en una hora.

TM.- Hace tres años pudimos ver La función por hacer estrenando el Ambigú del Pavón, pero ahora la habéis pasado al escenario principal, ¿cómo va a ser ese cambio?

MDA.- Sí, la hemos hecho de todas las maneras posibles; a dos bandas, a tres, a cuatro, en teatros a la italiana, redondos, cuadrados… Entonces, para hacer la celebración, como va a ser solo un mes, y no queremos que se quede gente fuera, porque el ambigú tiene un aforo para 70 personas, hacemos una celebración un poco más grande. Reinventamos un poco el espacio, vamos a hacer un tres bandas en la sala. Se nos ha ocurrido hacer un adelanto del escenario, de tal manera que el espectador va a tener una sensación muy extraña porque los actores van a estar haciendo la función prácticamente en el medio del patio de butacas. Me pareció buena idea que mucha gente que está acostumbrada a entrar en El Pavón vea el espacio radicalmente modificado.

TM.- Han pasado 10 años desde el estreno de La Función Por Hacer ¿Qué es lo que tiene que marcó, no solo el inicio del espíritu Kamikaze, sino a toda una generación de espectadores?

MDA.- Para nosotros es evidente porque es el disparo de salida de la compañía con la cosa asombrosa de que estábamos el hall del Lara y ahora vamos a hacer la función en nuestro teatro. Pero yo creo que la reflexión es que La función por hacer es punta de lanza de un momento de cambio, de un enorme cambio. Nosotros estrenamos en diciembre del 2009, que era lo más crudo de la crisis. Una crisis que obligaba a todo el mundo a reinventarse. Yo creo que se estaba cociendo, porque era necesario, un cambio radical y nosotros, en ese momento, representábamos ese espíritu de cambio. Una compañía de gente desconocida que no tenía dónde caerse muerta, haciendo una versión absolutamente libre, de una manera de hacer un tanto particular que, de repente, sin tener ningún tipo de apoyo, pasamos del hall del Lara en horario de noche, a las 23h, a tener una gira brutal. Yo creo que confluyó ese aire de cambio que la gente necesitaba y eso hizo que nos convirtiéramos como en un referente. Nosotros no inventamos nada, si no que nos encaramamos a un lugar en el que representábamos una necesidad de cambio que había en la profesión. Un momento de cambio en Madrid, porque Madrid ha cambiado radicalmente y creo que ahora mismo hay una cantidad de oferta que es brutal, de lo más pequeño a lo más grande ¡y eso es estupendo!

TM.- ¿Puede ser que el hambre por volver a ver La función por hacer tenga algo que ver con la necesidad actual de vivir otro cambio que rompa con la precariedad que vive la cultura y la escena teatral?

MDA.- ¡Ojala! Lo que sí intento rescatar de aquello es que nosotros éramos pobres, pero no éramos cutres ¡Hay una diferencia enorme! Hay una cosa que marca la diferencia y es que los seis actores entraron en el hall del Lara estando dados de alta en la Seguridad Social, se pagaron ensayos, llegamos a tener hasta 200.000€ de deuda por los impagos de los ayuntamientos, pero ninguno de los actores, ni de los técnicos, dejó de cobrar. Asumimos nuestra responsabilidad como empresarios, teníamos nuestra línea de crédito, que por un momento pensamos que nos iba a ahogar, pero después, afortunadamente, reaccionamos y fuimos cobrando, con una precariedad que luchaba contra la precariedad. Está bien volver al espíritu de cambio , de la emoción, a la palabra, y hacer un teatro de una manera activa y estupenda, pero me horroriza la idea de un actor haciendo tres espectáculos diferentes en un mismo día y que no tenga ni si quiera dinero para coger un taxi para volver a su casa ¡No! Hay que luchar por erradicar eso.

TM.- ¿Cómo crees que se podría erradicar?

MDA.- Yo entiendo los compromisos con los proyectos, pero se han bajado los sueldos de manera brutal y los convenios tienen unos mínimos que hay que respetar ¿Cómo lo abordamos y cómo intentamos sacar adelante los proyectos por complicados que sean? Siempre se habla de dignificar estar profesión, pero los primeros que debemos dignificarla somos los que nos dedicamos a ella. Creo que vamos hacia ello.

TM.- Hay una pregunta que lanzas desde la función y que me gustaría devolvértela: ¿Sigue siendo el teatro el lugar donde se representa la vida?

MDA.- (Se echa a reir) ¡Estamos en ese conflicto! A veces no sé, y te lo digo después de un año muy intenso, que es el año de Jauría, donde han pasado cosas emocionantísimas. No sé si sería desde un lugar tan rimbombante como es «el lugar desde donde se representa la vida», pero sí que la gente se siga reuniendo en un espacio de una manera conjunta y haga un ejercicio de empatía por entender lo que está sucediendo, es bueno. Y más en una sociedad como la que estamos haciendo donde cada vez se escucha menos y donde la palabra se utiliza de una manera menos certera; donde los políticos, que son quienes marcan la vida regular, se contradigan como se contradicen sin ningún tipo de vergüenza, donde la palabra se vuelve tan endeble, donde las promesas se incumplen de una manera tan normalizada, donde nada es real, donde nada contribuye a que sea real. Ahí es donde la gente se junta para hacer el esfuerzo conjunto de entender lo que sucede delante de ellos, me parece algo positivo y que nos va a hacer mejores.

TM.- Volviendo la vista atrás, ¿qué queda de aquello que vivisteis con La función por hacer y qué habéis tenido que dejar por el camino?

MDA.- A veces me pillo a mí mismo diciendo que echo de menos la inconsciencia con la que hicimos La función por hacer y pienso “¡Pero tú eres idiota! Si hace tres años abristeis un teatro” mas inconsciencia que esa… (Risas) Yo creo que mantenemos muchas cosas, era la intuición de una manera de hacer y yo creo que seguimos estando en una linea muy parecida. Somos muy familiares, de hecho, 10 años después, la compañía sigue intacta, vuelven los mismos con las mismas adquisiciones que hicimos por el camino, como Teresa Hurtado que se sumó enseguida porque Bárbara comenzó su fulgurante carrera cinematográfica, pero Bárbara vuelve al mismo tiempo que Teresa, y eso habla también de la familia, con todas las cosas que han sucedido y estos 10 años que han sido muy intensos, las personas, que es algo tan importante en Kamikaze, siguen estando ahí.

Nos hemos vuelto más mayores, más maduros. Ahora que estamos mirando las fotografías para hacer una especie de “time Line” ha sido muy divertido. Yo creo que mantenemos un poco el espíritu con el que surgió esta cosa completamente artesana del «yo me lo guiso, yo me lo como” que tiene el vernos en un teatro como el nuestro. Mantenemos la capacidad de riesgo y te diría que casi el entusiasmo, por momentos hay que empujarlo un poco más, pero está bastante intacto.

Me río mucho con esa pregunta que le hace el personaje de Cristobal a Israel que le dice “¿Eres el mismo de hace 10 años?” Y Cristobal le dice “No, no, he madurado. Soy otra persona”, entonces Israel le hace ver esa inconsistencia que tiene nuestro tiempo porque aquel que era hace 10 años, y que pensaba que era el que tenía que ser, ahora le parece una pura ficción y eso le eleva a la categoría de personaje, tan irreal como el propio personaje escrito. ¡Eso sí que me da vértigo! y es de lo que habla La función por hacer.

TM.- Si al Miguel de hace 10 años le hubieses podido contar que acabaría teniendo un teatro como El Pavón, ¿qué crees que hubieses pensado?

MDA.- Te hubiera dicho probablemente que “¡Ojalá!” porque estaba dentro de los planes. No creas que hubiera dicho “¡Estás tarado!” o “Eso no va a suceder”, porque formaba parte del sueño, he tenido la ambición muy afinada siempre. Pero bueno es como decirle a un atleta que está arrancando “Vas a ser medalla de oro olímpico” pues dirá “¡Ojalá!” porque es parte de su sueño. No lo hubiera pensado como algo descabellado, solo que en ese momento ni me paré a pensarlo porque no me cabía en la cabeza, pero como no me cabía en la cabeza cuando Jordi (Buxó) me dijo “Se queda el Pavón libre, ¿pregunto a ver cuánto piden?” Y yo le dije “Sí, sí” así, como muy elocuente, porque fue como cuando te aparece ese interés malsano por saber cuánto cuesta un yate que está atracado en Puerto Banús, que sabes positivamente que no te vas a poder comprar, y cuando al rato llegó y me dijo “Pues a lo mejor podemos”, le dije “¡Pues venga, vamos!” y eso forma parte de esa inconsciencia Kamikaze que nos describe bastante bien.

TM.- Repasando lo que se escribió sobre las primeras funciones del espectáculo, se detecta cierta perplejidad ante el trabajo que era capaz de hacer una compañía española, de hecho Marcos Ordóñez decía en su crónica “Parecen argentinos”.

MDA.- (Risas) Fíjate que nunca fue nuestra intención. Todavía no había visto La familia Coleman ni ninguno de esos montajes que en ese momento eclosionaron, no eran un referente para mí. Era una manera de hacer seguramente más viva, del tratamiento del texto en sí; sí que buscábamos esa sensación casi de que el texto parece improvisado, con lo cual, es trabajar rítmicamente, que parezca que, por momentos, hablan todos a la vez; pero no, está todo absolutamente ordenado para dar esa apariencia de “normalidad”. Me imagino que venía por ahí el comentario.

TM.- Sí, sí, la crónica es un elogio muy cariñoso hacia vuestro trabajo.

MDA.- Marcos era un entusiasta de esa función. Todo un halago porque hay una enorme y fantástica escuela actoral en Argentina. Está bien poder decir «¡Nuestros actores también pueden! Cuando se ponen, también pueden» No tenemos esa cosa del actor engolado que dicen mucho los catalanes sobre Madrid “No, es que en Madrid hacéis un tipo de teatro…” No, ya no hacemos ese tipo de teatro.

TM.- Quizá sea el desconocimiento del tipo de teatro que se hace en un lado o en otro, algo que hace que se llene de tópicos.

MDA.- El otro día hablando con Cristina Clemente, que es la autora de Andrea Pixelada, coproducción que hemos hecho con la Beckett, me decía “Qué bien, con la dificultad que hay de estrenar en Madrid” y yo la escuchaba y me quedaba un poco loco. Yo tengo un teatro privado y en mi teatro privado ha estrenado este año Jordi Casanovas, Cristina Clemente, hemos tenido a Álex Rigola, ha venido una compañía con una producción catalana de Yerma, ha venido Silvia Munt con el Precio… Y nosotros no sé si hace ya 3 o 4 años en los que no hemos sido capaces de presentar ninguno de nuestros trabajos en Barcelona. Ellos siguen viniendo a Madrid, hay mucha presencia suya en Madrid, vienen a trabajar con toda normalidad, incluso para ser directores de nuestros teatros, aunque estos sean del ayuntamiento de Madrid. Lo siento mucho, pero no hay equivalencia en ese sentido. Creo que Madrid es una ciudad cada vez mas abierta y Barcelona se va cerrando cada vez más.¿Verías de repente a Miguel del Arco director de Lliure? ¡Es imposible! Sin embargo, si es posible tener a Álex Rigola como director de Teatros del Canal o Carme Portaceli directora del Teatro Español, y son Comunidad y ayuntamiento de Madrid. Es perfectamente posible. A la contra, un madrileño como director del TNC o del Lliure, es impensable. Y, sin embargo, en Madrid no es impensable. ¿Que viene Àlex Rigola? ¡Pues muy bien! Viene Alex Rigola; O Carme Portaceli ¡Claro que sí! Incluso sería impensable un Joan Matabosch a la contra, un madrileño dirigiendo el Liceu. Yo creo que hay una diferencia, pero ahí estamos.

TM.- ¿Qué reflexión te llevas de estos 10 años?

MDA.- Va por momentos y por días. Han sido 10 años maravillosos, eso lo tengo muy claro. 10 años en los que hemos perfilado nuestra línea, una línea con la que cada vez estoy más convencido de que es el trabajo. Estoy donde me gustaría estar, quizá en algunas cosas me gustaría estar un poquito mejor, por una cuestión presupuestaria con el Pavón, pero bueno, esa flexibilidad que necesita cualquier creación artística no tiene nada que ver con esa rigidez que tienen las administraciones publicas y cada vez lo vemos más. Hay una dificultad enorme para sacar los proyectos, pero por otra parte amo profundamente la libertad en la que vivo, por más precaria que sea, pero es mía.

José Antonio Alba / @joseaalba

Fotos Cristóbal Suárez y Vanessa Rabade

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