El XI Ciclo de Teatro Argentino celebrado este mes de febrero en El Umbral de Primavera ofrece un año más en Madrid una selección representativa de la dramaturgia contemporánea del otro lado del charco. Lo hace con una programación que despliega una variedad de piezas, desde unipersonales y tragedias íntimas, hasta propuestas dramáticas que dialogan con la memoria, la identidad y la historia.
Es uno de esos días locos de ensayo, apuntes, cafés y pruebas. Y vengo a charlar con Viviana López Doynel. Quien haya pisado El Umbral de Primavera, sala alternativa que regenta, sabrá quién es, pues siempre ofrece un cálida bienvenida a quien pase por allí. Para quien no, Vivi es “una buscavidas”, como ella misma se define.
También es la directora de Hambre, la obra que del 26 de febrero al 1 de marzo clausura esta XI edición del ciclo, con una mirada luchadora a los diarios y a la escritura de Carolina María de Jesús en la São Paulo de los años 50. Viviana llegó a Carolina María casi por azar, a través de unas notas de la escritora María Pía López, y quedó atrapada en su historia.

‘Hambre’, dentro del XI Ciclo de Teatro Argentino en El Umbral de Primavera
Dos mujeres unidas por lo político
Viviana López Doynel nació y vivió en Argentina bajo la dictadura, pero por suerte, vio mundo. “Toda mi vida he hecho teatro. Empecé a estudiarlo con 17 años y comencé a dirigir en Argentina”. Puede hacer una línea de su vida a través de acontecimientos políticos claves que marcaron los destinos faustos y fatídicos en muchas partes del mundo. Recuerda que cuando llegó a España en 1980, conoció a su maestro y director Antonio Llopis y que se impulsaron políticas culturales bajo la nueva legislatura del PSOE. Durante esa década, las cosas fueron mejorando, con Tierno Galván “que era maravilloso”, y en los 90, se dio cuenta de que “España había despertado”. En 2003, se tuvo que mudar porque los dueños del local en el que estaba eran unos especuladores. “Fue el año en el que Esperancita Aguirre se quedó con Madrid, gracias a esos tránsfugas”. Y toda su vida así, de un lado a otro, con la danza interesándole cada vez más, haciendo teatro de calle, viajando en una furgoneta por los pueblos de Andalucía o abriendo un bar cultural aquí en la capital, “mi primer emprendimiento”, lleno de performances, talleres, exposiciones, música, comida… “¿Viste que siempre vinculo a lo político? Lo político me ha marcado la vida. Y a todos nos marca. Es inevitable”.
Carolina María de Jesús fue una mujer negra y pobre en el Brasil de los años 50, una favelada marcada por la precariedad desde la infancia. Su madre limpiaba casas y ella la acompañaba; en una de esas visitas, los dueños preguntaron por qué la niña no iba al colegio. Gracias a ese gesto fortuito, pudo estudiar durante dos años, tiempo suficiente para despertar un amor y una inquietud profunda por la lectura.
Cuando su madre murió, se quedó sola. Terminó llegando a São Paulo, durmiendo en la calle, en un Brasil que atravesaba una democracia incipiente, mientras se levantaba Brasilia con su Congreso y su Palacio de Justicia, los “símbolos de modernidad que décadas después hicieron mierda los de Bolsonaro”, comenta Viviana. Eran años de efervescencia cultural, del surgimiento de la música brasileña tal como hoy la conocemos, hasta que en 1964 llegó la dictadura.
A Viviana le impacta la dimensión de esa vida: “Escribió cinco mil páginas. Todos los días escribía, todos los días leía. Lo que fuera, sobre todo periódicos recogidos de la calle, y termina haciéndose cartonera. Vive en una favela, que es un lugar de mierda (como la Cañada Real de aquí, pongamos, aunque algo peor, diría), se ilusiona y empieza a escribir. A mí me parece que tiene una sensibilidad y una capacidad de poder discernir y opinar inmensa. Lo que aparece en sus textos es una lucidez en medio del hambre, que es lo que la condiciona. Porque si algo ha pasado Carolina es hambre”.
El mapa del hambre
Leyendo sus diarios, Viviana se dio cuenta de que “se puede hacer perfectamente un mapa de la humanidad con el hambre y entender por qué estamos aquí. Tenemos el ejemplo de la guerra, de Gaza, más reciente. Pero podemos pensar en las conquistas de África, de Latinoamérica, en el franquismo… todo atravesado por la miseria, el hambre y las epidemias. Los pobres siempre eran los pobres y era imposible salir de ese lugar”.
Ese recorrido también la lleva a sus propios orígenes: “Me hace pensar en países que permanentemente han estado boicoteados y no solo por golpes militares, sino por negociaciones con el Fondo Monetario para destruir todo lo que avanza… A raíz de lo que pasa en mi país, pienso en cómo se construye Latinoamérica, cómo intervienen los grandes imperios y meten palos en las ruedas permanentemente y en cómo las élites son las que al final terminan haciéndose con todo y no permiten el progreso. Y esto es algo permanente. Además, durante el camino van asesinando y arrasando porque el pueblo da igual”.
Para ella, el siglo XX no cambió tanto las reglas del juego: antes eran Inglaterra o Francia; ahora es Estados Unidos. Pero la lógica es la misma. Y desde ahí surge una pregunta central: “¿cómo sensibilizar sobre todo esto sin caer en el panfleto?”. Su objetivo no es hacer un discurso obvio ni repetido. Le interesa hablar del acceso al conocimiento y a la información, del aprendizaje básico de leer y escribir, a la vez que se pregunta “cuántas vidas costó llegar hasta aquí, cuántas luchas hubo detrás de cada derecho”. Por eso Carolina María de Jesús le atraviesa de una manera tan personal. “Leerla me conmueve, su mirada y su valor, su integridad como un ser humano, a pesar de tanta miseria. Entonces, como mujer me reivindico, porque somos todas unas supervivientes que hemos luchado toda la vida para que nos dieran un espacio y ahora nos lo quieren quitar. Qué mejor que hablar de esta mujer y de toda la adversidad”.
“Vivi, y de qué tienes hambre tú”, le comento para cerrar. Se sorprende y se emociona. “¡Qué linda esta pregunta!… Pues tengo hambre de justicia, de sosiego, de respeto, respeto por las artes escénicas, por los humildes, por la dignidad humana… Estoy harta. Pero hay una cosa que me emociona y es que estoy haciendo esto en mi teatro y eso no lo había pensado en la puta vida. Entonces digo, bueno, a veces las adversidades te ponen en un lugar que no habías pensado y, a veces, la comodidad hace todo lo contrario, ¿no?”.
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