Llega al teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa uno de los títulos más emblemáticos de Arthur Miller: Panorama desde el puente. Estará en la sala Guirau del 16 de abril al 17 de mayo, para que nos adentremos en el Brooklyn de los años 50, desde el centro de Madrid.
Entre lo teatral y lo cinematográfico
Javier Molina, actual codirector del Actors Studio de Nueva York, dirige esta propuesta que Eduardo Galán ha adaptado, y que produce Secuencia 3. El trabajo de Molina, para esta propuesta, ha partido, según sus propias palabras, desde «cómo el artista vive adentro de la escena. Hay muchos actores que pueden hacer la escena, pero son muy pocos los que pueden vivir adentro de la escena», explica el director. La actriz María Adánez cuenta: «Javier ha venido y ha descubierto este montaje con nosotros. No venía con una idea preconcebida y ha confiado muchísimo en los actores».
Esta versión del clásico estadounidense incorpora un uso de las proyecciones nada convencional: un cámara grabará en directo primero planos de algunos personajes, para ofrecer el detalle de sus gestos. Una oportunidad para acercarnos, de verdad, a este universo en el que no se dice lo que se siente y lo que se siente estalla cuando es demasiado tarde. «Javier ha intentado despojarnos de todo artificio», resalta Adánez, y en este sentido el uso de los primeros planos es clave para entender la propuesta. La actriz recuerda que la propuesta de Molina fue: «¿Por qué no montamos esta función a través de lo que no se cuenta en el texto?».
Alejandro Arestegui, el ayudante de dirección, explicaba a Teatro Madrid que «la cámara sirve para contar lo que no se ve: «En determinadas escenas, la cámara enfoca en un primer plano a personajes que no hablan, para que veamos su reacción. Esa reacción va a ser clave, en muchos casos, para entender lo que pasará después». La búsqueda de esta mirada descentralizada, que dirige al espectador allí donde no está el foco, apoya un «código de la búsqueda de la verdad, de lo no grandilocuente en el sentido teatral, y ese es el trabajo que se hace desde el Actors Studio», dice Arestegui.

Imagen de ‘Panorama desde el puente’
El equipo: una familia
Molina subraya que para él, el equipo en teatro funciona como una familia, y que trabaja desde el «apoyo y el amor, aguantando; y con locura y coraje. Porque si uno se pone a atacar al otro se va destruyendo todo». El elenco, en la rueda de prensa, repite una y otra vez ese sentimiento de haber hecho familia. Tal vez no sean familia, pero sí son compañía. Y esta palabra viene de ‘companis’, ‘com’ ‘panis’: compartir el pan. No hay nada más familiar que compartir el pan. Y esto es lo que un buen equipo hace en teatro.
Ocho actores y actrices dan vida a los caracteres de Miller: José Luis García Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Rodrigo Poisón, Francesc Galcerán, Manuel de Andrés y Pedro Orenes conforman este elenco que promete encarnar a unos personajes que desean, odian, se vengan y se aman profundamente.
La escenografía de Elisa Sanz nos transporta, de forma realista, al distrito neoyorkino. El vestuario de Emilio Sosa ayuda a contextualizar el espectáculo en esos años 50 estadounidenses. Nicolás Fischtel firma una iluminación que ahonda en la tensión que viven los personajes de la historia. El espacio sonoro de Manu Solís nos sumerge en este ambiente desapacible.
La inmigración, en el centro
Miller abordó, en 1955, un debate que se sigue situando en el centro de muchas políticas, a nivel internacional: la inmigración ilegal y el supuesto sueño americano. La obra nace de una historia real que Miller escuchó: un estibador había denunciado a dos hermanos ante Inmigración.
El autor combinó el drama de la situación irregular de determinadas personas con las pasiones. Porque el teatro, al fin y al cabo, suele hablar de pasiones para poder desarrollar sus conflictos. Y porque Miller es uno de los mayores exponentes del realismo en teatro, e indagó en el comportamiento humano como nadie lo había hecho hasta entonces: mostrando sus virtudes y resaltando sus vicios, sus errores y sus pasiones más detestables.
El protagonista de Panorama desde el puente es Eddie Carbone, un estibador que vive con su esposa Beatrice y su sobrina Catherine. Él conoce bien la ley no escrita de la solidaridad entre inmigrantes, pero su ideología se quiebra cuando recibe en su casa a dos italianos: Rodolfo y Marco. Catherine se enamora del primero, y esto desata los celos de Eddie, que estaba obsesionado con ella. La tensión crece hasta el punto de que Eddie acaba denunciando a los italianos a la oficina de inmigración.
«Desafortunadamente, los ciclos históricos cada vez se repiten antes: lo que pasaba hace setenta años se está repitiendo hoy exactamente igual», dice el actor José Luis García Pérez, que también encuentra motivos para defender a su personaje: «Eddie Carbone es un buen hombre. Y esto es algo diferente a la visión que sobre este personaje se tiene en otros montajes. Pero empieza a cometer errores desde antes de que empiece la función». «A veces uno quiere hacer las cosas bien y comete errores», resume el director.

Imagen de ‘Panorama desde el puente’
Una tragedia contemporánea
Cuando Miller escribió Panorama desde el puente quiso darle forma de tragedia antigua, y la primera versión del texto estaba escrito en verso. El estreno no tuvo éxito para un autor que ya estaba consagrado internacionalmente, por lo que la reescribió en prosa. Esta versión es la que se conoce hoy, y mantiene esa esencia de tragedia: lo que sucede es irremediable para los personajes. Eddie ama a su sobrina, aunque no sea consciente de ello, comete un error al dejarse llevar por sus pasiones y eso desemboca en un final trágico para toda la familia.
Unos meses después de su estreno, Miller fue acusado de simpatizar con el comunismo: Elia Kazan lo delató ante la Comisión de Actividades Antiamericanas. Kazan fue, precisamente, uno de los fundadores del Actors Studio en los años 40, y su actual codirector pone en pie la obra de Miller. Porque, al final, las tragedias suelen ser más grandes que los hombres y las mujeres que las escriben, las reciben o las critican. Las buenas tragedias nos enfrentan a dramas existenciales como el que este espectáculo muestra sin tapujos.
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