‘Villa y Marte’: el sainete cósmico de Ron Lalá

Bea López

Desde la izquierda: Diego Morales, Miguel Magdalena, Juan Cañas, Daniel Rovalher y Álvaro Tato. // Foto: Beatriz López

La nave espacial ‘Nave España’ aterriza en Marte para colonizar el planeta rojo. El capitán y su androide se encuentran allí un mundo castizo poblado de chulapos mutantes tras haber sido expuestos a las radiaciones solares. ¿Imposible? ¿Increíble? No. ¡Ronlalero!

La compañía madrileña Ron Lalá amartiza en la Sala Roja de los Teatros del Canal con su nueva producción Villa y Marte, un sainete lírico-cómico de chulapos mutantes en tres actos y un epílogo marciano, ambientado en el Marte castizo. La obra es una reinvención del género chico en clave ronlalera, que nos habla de un presente amenazado por la crisis climática y el incierto futuro de nuestra sociedad e identidad. Un montaje con todo puesto en la comedia que conecta directamente con los primeros espectáculos de la compañía. Es una creación colectiva interpretada por Daniel Rovalher, Juan Cañas, Miguel Magdalena, Diego Morales y Fran García con dramaturgia de Álvaro Tato, bajo la dirección de Yayo Cáceres.

La idea de embarcarse en este viaje nace a partir de los dos grandes amores de la vida de los ronlaleros. Por un lado, su amor por el mundo del género chico y del sainete, que es lo que en esta ocasión homenajean, de la misma manera en la que han jugado con el teatro clásico en varios de sus espectáculos anteriores. Un acercamiento al género chico que para la compañía del limón alado significa prolongar su búsqueda de todos esos géneros breves y humorísticos del teatro español. «Para nosotros no dejan de ser los mismos códigos y personajes, pero ya convertidos a lo castizo pasando por el callejón del gato», afirma Álvaro Tato.

Por otro lado se encuentra su gran pasión por la ciencia ficción y los otros planetas. Partiendo de la mezcla de estos dos referentes, se preguntaron: ¿qué pasaría si todo lo castizo quedara dentro de un cráter del planeta Marte? Esta cuestión los llevó a situar el planeta rojo como escenario central de la trama, para poder hacer un retrato de la sociedad marciana a través de los tópicos madrileños, los cuales parodian, pero con un enfoque universal.

«Cuando apareció la idea de un sainete ambientado en Marte, mezclando el mundo de la ciencia ficción con los chulapos madrileños, surgió algo por lo menos interesante para empezar a caminar»

Desde la perspectiva de la dramaturgia, la reivindicación o el intento de renacimiento de un género bastante olvidado como es el del sainete supone la idea de fuerza de la que parte el espectáculo. Una necesidad de revivir ese género y ese espíritu, pero en una clave diferente, desde la ciencia ficción. El dramaturgo y director literario de la compañía, Álvaro Tato, tenía claro desde el principio que para poder hacerlo funcionar era imprescindible encontrar el otro punto del diálogo: «Si haces un sainete hoy en día con todos los elementos y lo haces tal cual, te quedará un homenaje, pero no te podrá quedar nada vivo si no lo opones a algo diferente. Cuando apareció la idea de un sainete ambientado en Marte, mezclando el mundo de la ciencia ficción con los chulapos madrileños, surgió algo por lo menos interesante para empezar a caminar».

Ron Lalá nació en el año 1996 con el propósito de unir poesía y música en un escenario. Esta compañía de teatro y humor con música en directo tiene como esencia una combinación de la palabra, la música y el humor crítico e inteligente en un todo integrado que da como resultado teatro, entendido siempre el suceso escénico como fiesta.

Un lenguaje escénico con un código propio

La dramaturgia de Ron Lalá se caracteriza por una asimilación gradual e integrada de otros lenguajes con una marcada diferenciación de los conflictos y de su potencialidad, así como de todos los personajes integrados en el mismo. Esto se hace posible gracias a una labor de documentación previa apabullante y a un ejercicio de composición textual posterior dotado de una capacidad imaginativa desbordante, unidos a un conocimiento y empleo del lenguaje escénico sobresalientes.

El texto es una composición original de la compañía que mezcla la esencia del sainete con el característico humor ronlalero.

En el texto es posible encontrar el espíritu popular del compositor Federico Chueca y del sainete costumbrista de Carlos Arniches, pero también del entremés barroco, del sainete dieciochesco, de la comedia de disparates y de la chirigota gaditana. Estos a su vez se fusionan con referentes como Crónicas marcianas de Ray Bradbury, Guía del autoestopista galáctico de Adams o Marte rojo de Robinson por un lado, y por otro La Gran Vía, El año pasado por agua y Agua, azucarillos y aguardiente de Chueca y Valverde, La verbena de la Paloma de Bretón o La revoltosa de Chapí.

«Cómo encontrarnos en nuestra herencia y cómo encontrarnos a nosotros mismos en ese espejo»

Esta fusión se redondea con la inclusión de referencias novelísticas, del cine y del cómic. Un proceso de documentación que ha permitido crear una suerte de cruce perfecto de todas estas realidades. «Todos estos referentes se me cruzaron en un batiburrillo pasional y me metí muy a fondo durante muchos meses en ese mundo para crear el intento de quintaesencia que es Villa y Marte», confiesa Tato. Los personajes de la obra nacen de un revoltijo de los grandes personajes de zarzuela y del casticismo madrileño, así como también de las producciones de ciencia ficción de la literatura y el cine de finales del siglo XIX y principios del XX. En definitiva, el espectáculo habla de esa búsqueda de lo otro, de la búsqueda del otro, porque como afirma Tato, se trata de «cómo encontrarnos en nuestra herencia y cómo encontrarnos a nosotros mismos en ese espejo».

La ingeniosa destreza de escritura dramática de Álvaro Tato confiere a todos los textos de Ron Lalá una calidad altísima y una diferenciación sin parangón. El empleo del verso para hacer hincapié en las raíces populares del teatro presenta una gran variedad de formas métricas, entre las que destacan el romance y las décimas, pero también las seguidillas y las redondillas. La obra responde al tipo de personajes y al esquema de comedia de enredo propios del género chico. Y en su espíritu de ir más allá, Tato ha creado un diccionario marciano con la adaptación y creación de términos concretos para este universo.

«Era el sueño de la dramaturgia que no solo los marcianos lo sean, sino que hablen como marcianos»

Lo que en principio iban a ser solo tres o cuatro bromas que salpicaran el espectáculo se convirtió en casi una obsesión de caza y captura del término divertido. «Cuando me puse a hacer los versos y me puse a escribir en romance me salieron solas» afirma el dramaturgo. Un proceso maravilloso de transformación del mundo popular castizo que Tato confiesa que «era el sueño de la dramaturgia que no solo los marcianos lo sean, sino que hablen como marcianos».

La funcionalidad y la metonimia como bases del hecho teatral

«El espectador tiene que hacer un viaje de principio al fin de la obra, y todo aquello que aparezca en escena tiene un significado y una razón de ser»

Las máximas de la dirección de Ron Lalá son la funcionalidad y la concepción del espacio siempre a favor del hecho escénico, porque ante todo, señala el director Yayo Cáceres, «el espectador tiene que hacer un viaje de principio al fin de la obra, y todo aquello que aparezca en escena tiene que ser el paisaje que coincida con el viaje. Todo lo que pongas en escena tiene un significado y una razón de ser y tiene que tener un porqué y un para qué».

En ‘Villa y Marte’, el cráter central es el elemento escénico a partir del cual se van creando y transformando todos los demás.

El color y la textura son principales en la puesta en escena de toda propuesta de Ron Lalá, que parte siempre desde la concepción del todo dramatúrgico, y así explica Cáceres que «en el espacio escénico hay mucho juego con los colores de la gama de los rojos, naranjas y amarillos, mucho juego con las estampas plásticas con la luz, con el vestuario, con un fondo que va cambiando de acuerdo al momento de la obra, pero básicamente es un único espacio que se va transformando».

Se trata de generar una atmósfera estética determinada que esté al servicio siempre de lo que se quiere contar. Es por eso que Ron Lalá considera la metonimia como base estructural del teatro: la parte por el todo. La creación de una forma que es un marco y permite generar distintos sentidos. De esta forma, Yayo ha ido construyendo a partir del cráter una figura circular central que genera la forma y que puede ser una plaza del pueblo, una prisión o una nave espacial.

La música como vehículo argumental

«Hemos dotado toda la instrumentación de timbres que realmente sean lo opuesto a lo que estamos acostumbrados a oír en las piezas musicales propias del género chico»

Ron Lalá concibe el ritmo como ese único elemento común a todas las disciplinas artísticas y del que se sirve en primera instancia la propia palabra. La tecnificación y el conocimiento musical de toda la compañía les permiten componer ‘en función de’ algo. En este espectáculo, la música desde la instrumentación a las letras es muy rompedora. Si bien hay chotis, pasodobles, pasacalles y romanzas características del género, también hay presencia de música electrónica con el empleo de sintetizadores que tiene reminiscencias cinematográficas a 2001. Odisea en el espacio o El planeta de los simios.

El lenguaje musical está basado timbres electrónicos con sintetizadores sin presencia de instrumentos acústicos.

La premisa de la que partieron fue la siguiente pregunta: ¿qué es lo que puede hacer realmente Ron Lalá siendo cinco actores y cinco músicos para poder generar ese espacio musical y dar esa sensación que tenía el género chico?

Miguel Magdalena, actor y director musical de la compañía, lo tuvo claro desde el principio: «la única forma que tienes de hacerlo es dotando a toda la instrumentación de timbres que realmente sean lo opuesto a lo que estamos acostumbrados a oír en las piezas musicales propias del género chico, y así ya estás centrando la atención en otro lugar, pero el lenguaje musical sigue siendo el mismo». Partir de un lenguaje musical que se aleja de las instrumentaciones clásicas para poder ir directamente hacia otro lado. Para ello ha sido determinante el entorno de la ciencia ficción del espectáculo, que según Magdalena «está apoyado históricamente por ese uso que se ha hecho siempre de la música contemporánea en el género de la ciencia ficción del cine. Nosotros no hacemos música contemporánea, utilizamos los timbres contemporáneos para hacer música popular». Una búsqueda de un nuevo lenguaje a través de la música más electrónica, pero no como género, sino todo a través de timbres electrónicos con sintetizadores y sin presencia esta vez de instrumentos acústicos.

«Si la música no cuenta la historia, entonces no nos sirve»

Desde el punto de vista compositivo, la premisa es crear unas letras que ayuden a contar esta historia. La búsqueda de una melodía muy cantable y que dramatúrgicamente sea versátil, jugosa y potente. En el género chico, los actores de reparto llevan adelante los números con canciones que tienen más una intención dramática que lírica, y en este sentido el significado dramático de la música para Ron Lalá cobra todo su importancia, porque «la música es más un vehículo que un fin en sí mismo. Por eso no hacemos musicales. Para nosotros, si la música no cuenta la historia, entonces no nos sirve», declara Magdalena.

La versatilidad de convertir la necesidad en virtud

«La mayor dificultad es multiplicarnos, somos cinco actores y cinco músicos»

La producción de Ron Lalá se caracteriza por la creación de un código teatral propio que encuentra su esencia en el trabajo colectivo. Cumplen todos los requisitos para enfrentarse al sainete: son grandes actores, estupendos cantantes y excelentes músicos. Y todos hacen de todo. Pero en esta ocasión se han encontrado con el mismo reto de siempre: «la mayor dificultad es multiplicarnos, somos cinco actores y cinco músicos», confiesa Magdalena.

Desde el comienzo de la creación tienen clara la confianza en el trabajo en equipo y en la historia: «la propia historia te va definiendo mucho el personaje, lo que ocurre, los gags, los tropiezos del personaje, los triunfos, cómo vas vestido. Todo eso te pone en un lugar dentro de la historia y dentro del reparto de personajes» señala el músico e intérprete Daniel Rovalher. Es fundamental conocer las fases de la historia por las que pasan los personajes escuchándolos y probando mucho. El actor Diego Morales afirma que «los personajes van creciendo con las funciones, van creciendo con el público sobre todo en la comedia. Es muy importante que tengan colores y pasen de un estado a otro, pero siempre escuchando al público». El espíritu y el color del espectáculo se van creando a medida que los personajes van emergiendo y lo hacen unos al lado de otros. «De repente, el hallazgo de un compañero te rebota también a ti y ayuda, y ese efecto dominó ayuda a que todo vaya cogiendo la forma y la personalidad del espectáculo que estamos haciendo», declara el actor y músico Juan Cañas.

La versatilidad multidisciplinar de todos los miembros de la compañía les permite librar las limitaciones.

Villa y Marte es un viaje disparatado que rinde homenaje en clave cómica y de ciencia ficción al gran género que es el género chico. Un espectáculo que, en el fondo, y como subraya Cañas «comparte con todos los anteriores esa reivindicación de la cultura popular». Un montaje que, en palabras de Rovalher, nos acerca desde la contemporaneidad a los orígenes de nuestra cultura y de nuestro acervo, con vocación popular y festiva porque «hemos traído una música más olvidada que forma parte de nuestra historia al mismo lugar al que hemos llevado con otras producciones el teatro clásico».

«Los personajes van creciendo con las funciones, van creciendo con el público sobre todo en la comedia»

Ron Lalá demuestra una vez más ser una compañía de teatro musical capaz de crear atmósferas con géneros y ritmos de todo tipo que presentan una sonoridad muy particular. Villa y Marte es una celebración del género chico al más puro estilo ronlalero: humor, música en directo, teatro… y ¡chotis!

Bea López / @HoneyDarkAngel

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