Lo admito, soy el hereje a quien el teatro argentino le supera. El griterío, el pisarse el uno al otro, insultos, el griterío, la exageración, la verborrea, el griterío… me saturan. Quizá por eso he disfrutado tanto con esta adaptación con un tono más pausado pero que nos permite disfrutar de toda la esencia, ironía y profundidad del texto de Claudio Tolcachir que, casi, no suena a traducción sino a obra surgida de nuestra realidad. El texto consigue aquello tan difícil como perseguido de contener humor, y mucho, sin desvirtuar ni un ápice la dureza o tristeza que sobrevuela esta familia. Ahora bien, sin un reparto en estado de gracia y al servicio del conjunto, difícilmente funcionaría. Una familia estrambótica […]