El solitario es una obra rescatada de Concha Méndez regresa a los escenarios con la extrañeza y la belleza intactas: un poema dramático escrito al filo de la historia que desafía el teatro de su tiempo y sigue resistiéndose a cualquier definición fácil.
Sinopsis
El Tiempo, la Luz, una Araña, un Farero, Soledad, Azul… Personajes que no son personajes, sino fuerzas, preguntas, heridas. Juntos trazan un recorrido por los tres grandes misterios que ningún ser humano logra esquivar: el Nacimiento, el Amor y la Soledad. Lo que podría ser un tratado se convierte en un juego poético de formas limpias y resonancias profundas, donde la abstracción no aleja sino que acerca, y la sencillez esconde todo lo que no cabe decir de otro modo.
Méndez escribió esta pieza entre 1937 y 1945, es decir, en el tiempo exacto en que el mundo se rompía y ella aprendía a vivir fuera de él. El exilio está en cada verso aunque no se nombre. La soledad también. La obra nos recuerda que el canon siempre tuvo voces que prefirió no escuchar, y que recuperarlas no es solo un acto de justicia: es una forma de ver el teatro español con ojos más verdaderos. Una rareza luminosa de la Generación del 27 que merece, por fin, su lugar en las tablas.
– La soledad preferí / y a mi soledad me doy –
El solitario es un espacio suspendido en el recuerdo. Un relato sobre cómo pensamos la soledad y sus aristas.
No reconocerse compartiendo la vida con alguien, pero sufrir estando solo.
Una conversación con las estaciones del año.
Es la historia de amor entre la Campana y el Tiempo, el nacimiento de su hijo, el Amor, y su transformación en El Solitario.
Es llorar por lo que no permanece.
El solitario propone un misterio en tres actos, donde la soledad se revela como experiencia.



