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In memoriam. La quinta del biberón

In memoriam. La quinta del biberón

1938. Tienen 17 años y les mandan a primera línea de fuego de la batalla que marcará la Guerra Civil española (1936-39). Los chicos de La Kompanyia Lliure debutan recordando a la quinta del biberón a partir del testimonio de algunos supervivientes. Un homenaje.

La batalla del Ebro fue la más decisiva de la guerra, porque las tropas franquistas fueron incapaces de ocupar Madrid, que era lo que quería Franco para obtener el reconocimiento internacional de su régimen.
El Ejército Popular de la República en Aragón acabó desbandando (en abril del 1938), que es lo peor que le puede ocurrir a una tropa regular porque significa que los soldados, presos del pánico, corren con el objetivo de regresar a sus casas. Y ejecutan a los que quieren cerrarles el paso.
Según señaló Negrín (presidente del gobierno de la República) no había entre el Segre y Barcelona ninguna fuerza militar leal, por lo que si los franquistas hubieran atacado desde la cabeza de puente que tenían en Balaguer, hubieran ocupado la capital catalana sin dificultad, y la guerra habría terminado un año antes. Pero el dictador, como ha explicado el coronel Blanco Escolà, era un militar incompetente y africanista, y en contra de la opinión de sus generales –como Aranda, jefe del ejército de Galicia; como García Valiño, jefe del ejército del Maestrazgo; como Martínez Campos, jefe de la artillería– Franco, en lugar de ocupar el resto de Cataluña (ya había conquistado Lleida y la derecha de las Terres de l’Ebre), marchó desde Vinaroz, por donde había aislado Cataluña del resto del territorio republicano, hacia Valencia para alargar la guerra.
Esta digresión franquista permitió reorganizar el ejército del Ebro, formado a partir de las unidades republicanas destrozadas en Aragón. La base de este nuevo ejército fueron el V Cuerpo del Ejército dirigido por Juan Modesto y formado por las divisiones 3ª Tagüeña, la 11ª Lister y la 45 Internacional Hans Khale. Para cubrir las numerosas bajas, se ordenó la realización de nuevas quintas el 13 de abril, entre ellas la quinta del 1941, que sería formada por los que deberían ir a servir en el año 1941 cuando tuvieran 21 años, pero las necesidades de la guerra les obligó a hacerla cuando tenían 17 o 18. A Federica Montseny se atribuye la frase que eran tan jóvenes que aún tomaban el biberón. Envejecieron los que tuvieron la suerte de sobrevivir, pero pagaron un elevado precio en vidas, muchos de ellos creyeron que combatían por la causa de la libertad, tal como me contó mi padre.
Josep Sánchez Cervelló
catedrático de Historia Contemporánea (URV)

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