A Mérida en metro
Tuve la oportunidad de asistir al estreno de Alejandro y el eunuco persa en Madrid y salí del teatro con la sensación de haber descubierto una propuesta muy diferente a lo que hasta ahora he visto en teatro.
La obra comienza con un Alejandro Magno muerto, yacente (bastante impresionante este comienzo), y desde ahí retrocede en el tiempo recreando la parte más íntima, muy de puertas hacia dentro del mito, mostrándolo como un ser sorprendentemente sensible, justo, empático, en definitiva: bueno, en contraposición a la imagen del guerrero sin piedad, del conquistador feroz y del luchador insaciable que todos tenemos en nuestra cabeza.
Utilizando ese contexto para hacernos reflexionar sobre cuestiones tan actuales como el poder, la identidad, el deseo y la tolerancia ante la diferencia; la propuesta aúna elementos muy del teatro clásico con guiños al teatro moderno.
En definitiva, Alejandro y el eunuco persa es una obra que nos acerca a una historia del pasado, para demostrar que la Historia (con mayúsculas) siempre se repite, que no hemos cambiado tanto y que somos, en definitiva, almas en constante búsqueda del amor por encima del poder y la ambición.
Un lujo poder vivir (salvando el espacio) la experiencia del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida sin salir de Madrid.