Dos intépretes, mil personajes
Pues a veces me pasa. Propuestas que encantan a todos, con todos los ingredientes para conquistarme fácilmente, y voy yo y no conecto. ´Me pasó en parte con Asesinato para dos. Reúne dos intérpretes magníficos, exprimiéndose al límite, una trama clásica que capta tu interés con el “quien lo hizo’”, un piano tocado como siempre por Dídac de maravilla y sin partitura delante, humor a raudales, género musical, obra de eso que llaman pequeño formato, con derroche de inteligencia y creatividad y, especialmente, un ejercicio de virtuosismo interpretativo que da sus frutos, un trabajo enorme detrás… y pese todo, no entre al juego. Bueno, entré y me perdí.
Y eso que tanto Mikel Herzog Jr. como Dídac Flores (Lo tuyo y lo mío) están magníficos, Ambos llevan aquí al extremo su capacidad de cambiar de personaje, con voces, gestos, humor compartido, velocidad de vértigo, actitudes, para ser los muchísimos personajes de esta trama de intriga (la excusa, de hecho) que requieren una precisión y una energía absoluta. Y todo esto mientras tocan el piano y cantan. Para aplaudirles de pie.
Pero, y aquí viene mi problema, por momentos parecía demasiado un juego al que asistimos, más que un recurso para explicarnos una historia. Y entre tanto ritmo, me perdí y, lo admito, no sabía bien bien por qué se descartaban sospechosos o la resolución final. La forma ganó al fondo, la sucesión de personajes, cambios, gags, canciones y acelerones eclipsó la trama. O yo no tenía un buen día, más que seguramente.
Lo mejor: El trabajo interpretativo. Fascinante, y la entusiasta reacción del público.
Lo menos mejor: Admiré más que disfruté la propuesta.
En resumen: Una propuesta trabajada al detalle, con intérpretes excelentes que, en mi caso, me sorprendió e impactó al principio, pero me perdió por el camino. Ahora bien, verlos en ese ejercicio es muy recomendable.