Hay obras que entretienen y otras que consiguen que el público se convierta en parte del viaje. Clase Turista, en la sala Lola Membrives del Teatro Lara, pertenece claramente a la segunda categoría.
Durante una hora y veinte minutos, tres actores con una química impecable nos llevan de destino en destino a través de diez sketches inspirados en las alegrías, miserias y situaciones absurdas que cualquier viajero de clase turista reconocerá al instante. Desde el primer minuto conectan con la sala con una naturalidad admirable, rompiendo la barrera entre escenario y butacas y haciendo que el público participe sin sentirse forzado.
El gran acierto de la propuesta es que no necesita artificios para provocar la risa. El humor nace de lo cotidiano, de esas experiencias universales que todos hemos vivido —o temido vivir— cuando viajamos. Retrasos, malentendidos culturales, incomodidades aéreas y pequeñas tragedias vacacionales se transforman aquí en un material cómico eficaz y muy reconocible.
El ritmo apenas da tregua. Cada escena aporta una situación nueva, manteniendo la atención del espectador y encadenando carcajadas con una fluidez que hace que el tiempo pase volando, nunca mejor dicho.
Clase Turista es una comedia inteligente, cercana y tremendamente divertida. Una invitación a reírse de uno mismo, de los viajes y de esa maravillosa capacidad humana para complicarse las vacaciones
