Un trocito de Cádiz en plena Gran Vía
Verano, playa, chica conoce a chico, de clase alta la una, de origen humilde el otro, surge el amor. Hasta aquí poco nuevo bajo el sol… pero qué bien plasmada está la luz de ese sol que ilumina la playa de Gazulea, el pueblo gaditano en el que se ambienta esta obra, (que bonita y que bien traída la canción de Cai al comienzo). Una escenografía preciosa y muy efectista te coloca en primera línea en esa playa y enmarca esta historia de amor e ilusión, de magia y lucha por el propio destino más allá de convencionalismos e imposiciones sociales, familiares o incluso personales.
Pepe Nufrio y Amanda Digón de nuevo juntos en escena tras compartir escenario en Cabaret, protagonizan este musical en los papeles de Ella, un tanto naif y Álex soñador pero con miedos. Pero más allá de los principales, me pasa siempre que si tengo que elegir me quedo con los secundarios: Natán Segado, mi favorito, hace un papel maravilloso haciendo fácil y divertido lo difícil y Hugo Ruiz tiene un magnetismo especial en el papel de Jaime, divertidísimo. Momento tremendamente impactante por lo mágico, diría que casi sobrenatural, la escena cantada de Inma “la Carbonera” como el viento del Levante: pelos de punta con su voz y con el espectacular acompañamiento escenográfico. Y el resto del elenco con ese vestuario desenfadado y un tono andalú muy bien defendido, arropando en cada escena y elevando el nivel de las canciones con los coros y coreografías.
Y hasta ahora no he mencionado a Alejandro Sanz, pero claro, sus canciones las tenemos tan grabadas, sobre todo los que somos de cierta generación… que es imposible empezar a escucharlas y no ponerte a cantar. Si tengo que señalar algo negativo, diría que algunas canciones se alargaron más de lo necesario, alguna que otra se metió un pelín “con calzador” y eché de menos algún que otro tema como “Mi soledad y yo”.
En conjunto me encantó. Me parece un musical con un sabor 100% español, muy en la línea de lo que fue Hoy no me puedo levantar, con ese regusto nostálgico que te queda al escuchar versiones de las canciones que nos marcaron, que forman parte de nuestra vida y que nos tocan el corazoncito para salir del teatro con una sonrisa y ganas de más.
Un nuevo imprescindible de la cartelera madrileña, espero que para mucho tiempo, porque volveré a verlo en cuanto pueda (y me llegue el presupuesto).