Emoción y luz
Un musical con canciones de Alejandro Sanz. Esta idea puede generar controversia para muchos, pero, en el fondo, si te paras a pensarlo solo un momento: ¿qué mejor combinación podría haber?
Son canciones que han sonado en cada casa (si no los has puesto tú, los ha puesto tu madre, y si no, la radio se ha encargado de ello), álbumes que nos han acompañado durante toda una vida, con las que hemos llorado, hemos bailado, hemos celebrado y hemos crecido. Canciones que están ahí instaladas en algún lugar de nuestro cuerpo y que despiertan algo profundamente emocional y visceral cuando suena el primer acorde. Canciones en las que nos reconocemos. Y sí: que nos hacen muy felices.
Una historia de el amor, la defensa de la naturaleza y la creencia en que el pueblo todavía puede proteger sus raíces se entrelazan con reencuentros, pasiones, sueños y poesía. Una historia hermosa, que nos invita a sonreír, a emocionarnos, a volver a creer en la colectividad, en la amistad y en el amor. Solo eso. No. No solo: con canciones de Alejandro Sanz, claro, y con un toque flamenco inusual en los musicales. Y esto también es clave para disfrutar del espectáculo: que se atreva a integrar la fuerza del flamenco con el pop más popular. La dramaturgia de Álvaro Tato, en este sentido, es sorprendente y poética.
Los arreglos musicales de las canciones son preciosos, y sorprenden en algunos casos las nuevas visiones que se le da a los archiconocidos temas. Las actuaciones del elenco están llenas de luz, de alegría y de mucha emoción (particularmente emocionante es el momento en que suena «A la primera persona»).
El alma al aire es el primer musical originalmente español, creado por Stage Entertainment. Y una sale del teatro con ganas de festejar que aquí tengamos tantos motivos por los que celebrar nuestro arte.