Manuel Penella, abuelo de tres grandes actrices que tod@s conocemos y admiramos, escribió una zarzuela completamente cantada que no tiene texto (por lo que es considerada una ópera), pero esto no le hace falta; todas las situaciones, transiciones, conflictos de personaje, monólogos, reacciones… están perfectamente medidos y plasmados. Esto hay que agradecerlo también a su director, Christof Loy. El creador de la primera compañía de zarzuela que hay en Alemania y ganador de multitud de premios. Es un enamorado de este «género chico» y se nota.
Toda la obra está empapada de referencias culturales que ha adquirido y que pone en pié; no hace falta ser español para tener sensibilidad y entender la cultura ibérica. Sabe muy bien lo que quiere, es muy preciso y minucioso, no deja nada al azar y además permite a los actores y cantantes libertad para descubrir.
En el primer acto se muestran todos los conflictos y las consecuencias que tendrán en el futuro de los personajes. El personaje de «Soleá», interpretado magistralmente por Mané Galoyán y por Miren Urbieta-Vega es el centro de los conflictos que desencadenan el «Gato Móntes», interpretado por Borja Quiza y David Oller y el torero «Macareno», interpretado a su vez por Rodrigo Garull y por Rafael Humberto Rojas.
Este triángulo será el generador de conflictos en la trama. Estos están estupendamente apoyados por Manel Esteve y Gerardo Bullón, cuyos personajes tienen una gran profundidad y riqueza, fruto de los muchos años de tablas de sus intérpretes.
Milagros Martín y María Rodríguez: artistas de reconocido prestigio en la Zarzuela, crean unos personajes desgarradores y con mucha veracidad y ternura. La acción está apoyada por profesionales de la zarzuela como Pablo Gálvez, Alberto Camón, Carol García, Maria Luisa Corbacho y Alonso Gabarús entre otros.
El resto de actores que actúan y que no tienen texto (los mal llamados figurantes) interpreta cada uno su acción enriqueciendo la escena y dotándola de personalidad, dando veracidad a los personajes principales.
Las voces del coro refuerzan poderosamente la música y dotan de elegancia la trama.
La escenografía es impecable, sencilla e integrada en la acción. No hace falta nada más. la iluminación es increible y bella. El vestuario es muy rico y elaborado; especial mención merecen los trajes de torero.
Dejo en último lugar para mí lo mas importante de una zarzuela; la música. Esta está dirigida con maestría por José Miguel Pérez-Sierra y Rafael Sánchez-Araña. Hay pasajes muy conocidos y otros menos pero toda nos transporta y nos emociona; los finales son apoteósicos, vibrantes y sublimes.
Todo el equipo técnico y humano del Teatro de la Zarzuela se ha volcado en esta producción y se nota su profesionalidad, talento y su buen hacer.
Sin duda de lo mejor para terminar esta temporada.
