Hay un lugar en la Gran Vía, justo en el punto en el que acaban los dominios de El Rey León y empiezan los asedios de los captadores con carpetas de ACNUR, ahí donde se unen turistas y locales, donde el término «ciudad» alcanza su máximo significado, ahí, al final de la escalera que baja en el teatro Capitol, justo ahí se encuentra el pequeño pueblo de Fran, hijo de El Patinete, heredero del reino de Rodas. Sigue el rastro de las risas. No hay pérdida.
Yo soy de pueblo de prestado, porque crecí en una ciudad pero soy de las privilegiadas que van todos los veranos al pueblo a desconectar de la vida de Madrid, que es como escuchar un audio de wssap en velocidad x2. Pero es que resulta que da igual cuál sea tu pueblo, incluso si tienes pueblo, porque lo que cuenta este señor es tan reconocible e identificable que te va a hacer reír aunque no te hayas despertado nunca con un gallo (con el sonido del gallo, se entiende, los gustos de cada uno yo los respeto).
Fran Pati tiene un texto sólido, en el que intercala también interacciones con el público, por si eres de los que gustan de participar en el show o si no tienes amigos y necesitas que alguien te escuche. Lo hace en un equilibrio perfecto que complace, por un lado, a los que somos de texto puro y duro y también a los que disfrutan los momentos de improvisación. Así todos contentos. Me gusta su estilo, porque tiene ese carisma sencillo sin pretensiones mezclado con la comedia física al más puro estilo de Sebastian Maniscalco, a quien, si me preguntan, no tiene nada que envidiarle (bueno, si me lo pregunta Sebastian Maniscalco igual le digo lo contrario, por quedar bien).
Referencias populares, remates inesperados, chistes que se sostienen durante todo el show y una gran conexión con el público, hacen que este monólogo y este cómico sean tan necesarios como vivir un amor de verano en la verbena del pueblo, parar a comprar Miguelitos cuando pases por la Roda o sacarte una silla a la fresca para charlar con los vecinos.
El show «Y tú, ¿tienes pueblo?» se va de vacaciones (al pueblo, imagino) y vuelve en octube. Así que, si aún no lo has hecho, te deseo que un día que pases por la Gran Vía y quieras conectar con lo sencillo, con lo bueno, con lo sano, desvíes tus pasos y entres en el teatro Capitol, bajes las escaleras y te dejes enredar por el imaginario de este chico que para mí ha sido un gran descubrimiento. ¡Larga vida al pueblo y a Fran Pati!
