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Antonio Lera Rodríguez-Morón
Una opinión de Antonio Lera Rodríguez-Morón
06/11/2026 · Teatros Luchana

Puede parecer una exageración, algo que es imposible que ocurra. Si no fuera porque ya ha pasado. No creo que en la sociedad española actual se den las circunstancias, esté quien esté y mande quien mande, al menos para llegar al extremo que se nos relata en la obra. Pero hay tantas cosas que nunca se creyó que sucederían… La Historia nos ha demostrado que la barbarie y la intolerancia siempre encuentran un camino para salir adelante. Y esa sociedad distópica que nos narra Manu Imizcoz tampoco está tan lejos de lo que muchos sufrieron aquí mismo no hace tantos años, y de lo que sufren hoy en día en muchos lugares del mundo, no lo olvidemos. En cualquier caso, aunque creo que no debemos ser tan alarmistas al menos en este sentido, también pienso que la labor del arte en general y del teatro en particular es, entre otras, alertarnos y mostrarnos mundos que aunque no sean reales, puedan llegar a serlo o acercarse.

Una futura sociedad distópica en la que el poder establece las normas de comportamiento y de identidad sexual es el punto de partida para un texto que lleva a las tablas muchas más cosas. Sí, hay risas, canciones, momento divertidos, pero la opresión se respira constantemente con un ambiente casi orwelliano recreado con maestría a través de la escenografía y de la labor, magistral por momentos, de los actores. El miedo, la soledad, el rechazo, sensaciones que van más allá del trasfondo político y crítico y que quedan perfectamente reflejadas en el recorrido dramático de los personajes mediante un lenguaje que se mueve entre lo directo y lo poético con una agilidad y naturalidad que para mí es la mayor virtud de la obra.

Si he de ponerle un pero sería una duración que podría ser un poco excesiva e innecesaria, sin querer decir con ello que se me haya hecho larga. La reiteración no suele aportar nada, y ha habido algún momento, apenas perceptible, en el que se cae en ese “pecado”. A pesar de ello merece la pena, y mucho, y por muchas razones, no perdérsela, tendríamos que tener una muy buena excusa para dejar de verla. Pocas opciones mejores se nos presentan a día de hoy en la cartelera madrileña.

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