A ver ahora quién carga con el muerto
Si eres de los que van al teatro bastante a menudo, no te voy a decir todas las semanas, pero casi, esta obra debería entrar en tu lista de opciones casi obligatorias. Si por el contrario vas dos veces al año, pues igual puedas encontrar un par de opciones mejores. Muy divertida, pero tampoco desternillante, con muy buenas interpretaciones, aunque no memorables, con cierto mensaje, sin llegar a impactar, y en ocasiones emotiva, pero sin conmover del todo. De notable alto, y de menos a más. Le cuesta arrancar, demasiado preludio para llegar a una segunda parte con una trama cercana a la comedia de enredo en la que las carcajadas son más habituales, la tensión hace subir la adrenalina, y el desenlace deja, a mí por lo menos, con un pequeño mal sabor de boca. Esperaba, o deseaba, otro final, más acorde a la locura en la que se sumerge el argumento. Normalmente las irresponsabilidades se pagan caras.
Una puesta en escena sencilla, no precisa de más artificios, con siete personajes, tres de ellos telefónicos, hablando por boca del trio de protagonistas, la tecnología ahorrando puestos de trabajo, y otro perruno casi en plan “macguffin”, recurso canino que en realidad no tiene valor en sí mismo, pero que sirve para desatar las motivaciones de tres mujeres a las que les falta apenas un pequeño empujón para dejarse llevar por la locura y saltarse todas las normas y convencionalismos del saber estar y comportarse. Y así pasa, que la trama avanza hacía una situación casi absurda que transcurre entre medias de la comedia y el dramatismo. Más lo primero que lo segundo.
Y digo que más lo primero que lo segundo porque parce que ese es el camino que están siguiendo la gran mayoría de los estrenos que últimamente copan la cartelera teatral madrileña. Incluso cuando los temas que se tratan puedan tener cierta importancia y profundidad, da la sensación de que si no se aderezan con humor y risas el público no va a acudir de forma masiva, y así andamos, con las grandes salas copadas por comedias y musicales, como únicas opciones de tener cierto recorrido temporal y llegar al manos a durar una temporada. Las irresponsables es un ejemplo más de esta tendencia, en ese sentido nada nuevo bajo el sol. Habrá que aceptarlo, y reírse.