¡Qué necesarias son las risas dentro del drama!
Ya teníamos ganas de que empezara el nuevo curso. Durante el verano, la oferta teatral y cinematográfica suele disminuir, pero con el comienzo de la temporada todo vuelve a brotar, como las flores en primavera.
Volver a las butacas con una obra como Las Irresponsables es, sin duda, un auténtico privilegio.
¡Qué poco define la sinopsis lo que realmente se desarrolla sobre las tablas! ¡Qué corta se queda frente a la intensidad, la profundidad y el disfrute que ofrece la obra!
Angy Fernández, Eva Ugarte y Marta Poveda nos ofrecen sobre el escenario un espejo —un poco esperpéntico, eso sí— en el que mirarnos a nosotros mismos y a nuestros propios grupos de apoyo: amigos, familia… esas personas que, ante una adversidad, buscan la mejor manera de ayudarnos a superarla.
Y es que Lila (Angy Fernández) se encuentra sumida en un proceso de ruptura sentimental del que no consigue levantar cabeza. Su mejor amiga, Nuria (Eva Ugarte), y su hermana, Fabi (Marta Poveda), deciden entonces que pasar un fin de semana juntas ayudará a que la situación mejore. Un deseo que comparten las tres, pero que, evidentemente, no va a materializarse de la manera que esperan.
Eso sí, durante ese fin de semana se crea un espacio neutro donde las verdades, las mentiras, las inseguridades, las creencias y los escrúpulos se pasearán libremente por la mesa para que cada una pueda escogerlos, servirlos y, llegado el momento, utilizarlos.
No hay papeles principales ni protagonistas en este trío de mujeres, porque la verdadera protagonista es la risa dentro del drama. Lo que sí hay son tres roles perfectamente definidos e interpretados, que nos permiten reconocer dinámicas y personalidades que probablemente nos resulten demasiado familiares.
Porque, seamos sinceros: ¿Quién no tiene en su grupo de amigas a una Lila que necesita ser salvada?
Angy Fernández consigue, a través de ella, arrancarnos una sonrisa constante con sus excentricidades y su particular manera de enfrentarse al mundo. Excentricidades que su hermana Fabi, interpretada por una magnífica Marta Poveda, a veces aplaca y otras tantas eleva hasta límites insospechados.
Y aquí merece una mención especial Marta Poveda. Su personaje está lleno de aristas, matices y una capacidad para hacer reír absolutamente extraordinaria. Es la salvadora de las tres, la que intenta poner cabeza cuando todo se descontrola, aunque precisamente su manera de hacerlo termine siendo, en ocasiones, parte del problema. Poveda domina la comedia con una naturalidad y una precisión en los tiempos que hacen que cada intervención suya sea un auténtico regalo para el espectador. Es imposible no disfrutarla.
Pero dentro de estos dos extremos hacía falta equilibrio. Y ahí aparece Eva Ugarte.
Su personaje, Nuria, representa ese punto medio que todos los grupos de amigas necesitan para sostenerse. La que intenta apaciguar las aguas, poner orden, comprender las diferentes posiciones y evitar que el barco termine hundiéndose. Eva Ugarte construye ese personaje desde una interpretación cercana, natural y llena de humanidad, convirtiéndose en el contrapunto perfecto a la energía desbordante de sus compañeras.
Porque, al final, en todo grupo de amigas hay una Lila, una Fabi y una Nuria. La que necesita ayuda, la que cree tener todas las respuestas y la que intenta que las otras dos no se maten por el camino.
Y precisamente ahí reside parte del encanto de Las Irresponsables: en reconocernos, aunque sea exagerados, en sus personajes y en sus dinámicas.
Una obra que habla de la amistad, de los vínculos y de cómo, a veces, ayudar a alguien puede convertirse en el mayor de los desastres. Todo ello con un humor inteligente, unas interpretaciones brillantes y una capacidad enorme para hacernos reír mientras, de fondo, nos plantea preguntas mucho más profundas.
¡Una magnífica manera de inaugurar la nueva temporada teatral!